PRENSA IBERO
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27 DE MARZO DE 2026
Por: Luis Reyes
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Reportero de Comunicación Institucional de la IBERO

Durante mucho tiempo se ha sostenido que las personas dentro del espectro autista no toleran las caricias por presentar hipersensibilidad al tacto. Sin embargo, investigaciones recientes comienzan a cuestionar este paradigma.
La Dra. Ximena A. González Grandón, investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana (IBERO), señala que el sentido del tacto puede fomentar el desarrollo cognitivo, el aprendizaje y la interacción social en personas autistas con niveles moderados o leves.
La especialista en educación socioemocional afirma que cada vez hay más evidencia sobre los efectos positivos del contacto físico en personas dentro del espectro. Este contacto puede generar momentos sensoriales íntimos, como ocurre entre madres y padres con sus hijas e hijos autistas, quienes suelen ser sus principales interactuantes sociales.
La Dra. González Grandón participó como ponente en la 5ª Semana del Cerebro, organizada por el Departamento de Psicología y el Laboratorio de Neurociencias de la IBERO. El evento reflexionó sobre las neurodivergencias y las distintas formas en que las personas perciben, procesan información y aprenden, con el objetivo de promover una sociedad más incluyente.

“Necesitamos que las personas del espectro autista aprendan la interacción social a su modo, desde su universo y su forma de ver el mundo. Lo que planteo es cómo generar condiciones para que sean más independientes y tengan más derechos. Si son más autónomas, también habrá más oportunidades laborales para ellas”, explica en entrevista con Prensa IBERO.
La especialista también señala que socialmente se ha patologizado la idea de que a las personas autistas no se les debe tocar. Ante esto, propone desarrollar vías de aprendizaje en entornos pedagógicos e inclusivos que favorezcan su desarrollo y su interacción social.
“Los sentidos son vías de aprendizaje. La mayor parte de la información entra por la vista y el oído, pero hemos olvidado el tacto. El ‘social touch’ es un sistema presente en los mamíferos que se activa cuando alguien nos toca con cierta velocidad y presión”, explica.
En ese sentido, menciona que muchas personas autistas con niveles moderados o leves disfrutan del contacto físico, lo que puede favorecer su interacción con otras personas. No obstante, también enfrentan injusticias sociales, ya que con frecuencia la sociedad subestima o descarta sus conocimientos y experiencias.
Asimismo, advierte que las nuevas normas sociales y legales que limitan el contacto físico con niñas y niños —tanto neurotípicos como neurodivergentes— podrían estar eliminando una vía importante de aprendizaje para las y los niños autistas.
“Si dejamos de tocar a las y los niños autistas, les estamos quitando una vía de aprendizaje muy importante que puede favorecer su desarrollo cognitivo y su interacción social”, afirma.
Finalmente, subraya la importancia de escuchar a las personas autistas y poner en el centro sus experiencias, sus formas de comunicación y sus deseos. También destaca la necesidad de que madres, padres y educadores encuentren formas de acompañarlas en su proceso de integración social.
Por: Luis Reyes
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