Podría interesarte
PRENSA IBERO
PRENSA IBERO
• El Mtro. José María Nava Townsend, académico de Arquitectura IBERO, explica que el campus Santa Fe funciona como un caso de estudio vivo para analizar materiales, luz, circulación, contexto urbano y vida comunitaria • Desde el primer semestre, las y los estudiantes aprenden que la arquitectura no sólo diseña edificios, sino espacios capaces de transformarse con las personas, la historia y el territorio • La formación en Arquitectura IBERO integra proyectos con comunidades y una mirada ignaciana orientada al servicio, el bien común y la responsabilidad social del diseño
AUTOR
Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

Estudiar Arquitectura en la Universidad Iberoamericana implica aprender dentro de un edificio que también se convierte en materia de análisis, debate y reflexión. Para las y los estudiantes, el campus no es sólo el lugar donde toman clases: es un laboratorio vivo que permite observar cómo un proyecto arquitectónico dialoga con su contexto, cambia con el tiempo y revela decisiones de diseño, estructura, luz, comunidad y responsabilidad social.
Para el Mtro. José María Nava Townsend
Nava Townsend es arquitecto egresado de la IBERO, maestro en Proyectos para el Desarrollo Urbano por la misma universidad y profesor de tiempo completo. Actualmente coordina la Jefatura del Ciclo de Proyectos de Área Mayor y Menor del Programa de Licenciatura en Arquitectura. Su trayectoria le permite mirar el campus desde distintas capas: como exalumno, docente, especialista en desarrollo urbano y testigo de la transformación del campus.
Además de su formación académica, el académico habla del campus desde una memoria cercana. Le tocó vivir el traslado de la IBERO de Cerro de las Torres a Santa Fe tras el terremoto de 1979 y, por su vínculo con el arquitecto Francisco Serrano y con su padre, el arquitecto José Raymundo Nava, profesor de la Universidad y socio de Serrano, ha podido conocer detalles del origen conceptual del edificio. Esa experiencia le permite llevar al aula una lectura histórica del campus que va más allá de la descripción formal.

Uno de los primeros aprendizajes que ofrece el campus es que la arquitectura no puede separarse del lugar donde se construye. Nava Townsend recuerda que uno de los mitos que suele desmontar con sus estudiantes es la idea de que el edificio fue diseñado para otro sitio y después trasladado a Santa Fe. Para él, esa versión contradice un principio esencial de la formación en la IBERO: la arquitectura debe estar situada en su contexto y dialogar con él.
El campus surgió en un momento específico de la historia urbana de la Ciudad de México. La zona de Santa Fe, explica el académico, era entonces un entorno deteriorado por minas de arena, rellenos sanitarios y falta de infraestructura. Frente a ese paisaje, el edificio fue concebido como un campus que miraba hacia adentro, no como un campus abierto tradicional. Esa decisión no fue caprichosa: respondía a un contexto físico adverso y, al mismo tiempo, a la necesidad de fortalecer la vida comunitaria de la Universidad.
Por eso, uno de los grandes aprendizajes para quienes estudian Arquitectura en la IBERO es entender que un edificio no sólo resuelve espacios, sino actividades. En el campus, el gran patio interior articula la vida universitaria; las escalinatas funcionan como circulación, escenario, foro y punto de encuentro; los patios hundidos, como el de la biblioteca o la cafetería, muestran cómo las personas se apropian de los espacios y les dan nuevos significados.

El edificio también enseña desde su estructura. Nava Townsend destaca el uso del concreto armado y del tabique como parte de un sistema constructivo ingenioso. El tabique no aparece únicamente como acabado, sino también como una especie de cimbra que permanece visible. Para estudiantes de primer semestre, observar este recurso permite entender que un material puede tener más de una función y que las decisiones constructivas también comunican una forma de pensar.
Al recorrer el campus con mirada arquitectónica, las y los estudiantes descubren que un edificio nunca está completamente terminado. En cuanto se habita, cambia. Las personas lo adaptan, el entorno se transforma y las necesidades de la comunidad obligan a repensar sus usos.
Para Nava Townsend, ésta es una lección fundamental: un proyecto arquitectónico no debe entenderse como un objeto fijo, sino como una estructura capaz de evolucionar. El campus IBERO lo muestra con claridad. Donde antes había estacionamientos, hoy existen nuevos edificios; el crecimiento de Santa Fe modificó los accesos y la relación del campus con su exterior; la Universidad dejó de ser un espacio cerrado hacia un entorno difícil y comenzó a abrirse hacia nuevas dinámicas urbanas.
Esa transformación, sin embargo, no ha roto la coherencia arquitectónica del conjunto. El académico prefiere hablar de “lenguaje” y no de “estilo”, porque la arquitectura, dice, significa y comunica. El campus ha conservado un lenguaje material y compositivo basado en la relación entre concreto, acero, tabique, espacios abiertos y circulaciones que integran lo nuevo con lo existente.
En clase, esto permite discutir preguntas que no siempre aparecen en los libros: ¿cómo crece un edificio sin perder identidad?, ¿cómo se adapta una universidad a nuevas necesidades?, ¿cómo se mantiene vigente un proyecto colectivo a lo largo del tiempo?

La experiencia de estudiar Arquitectura en la IBERO no se limita al análisis del campus. También implica participar en proyectos con impacto social desde una lógica de servicio, colaboración y responsabilidad frente a las comunidades.
La experiencia de estudiar Arquitectura en la IBERO no se limita al análisis del campus. También implica participar en proyectos con impacto social desde una lógica de servicio, colaboración y responsabilidad frente a las comunidades. Nava Townsend recuerda distintos trabajos impulsados desde el Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil, como los proyectos de incidencia social realizados por el Mtro. Juan Casillas en Oaxaca; el proyecto desarrollado en Chiapas para La Casa de las Parteras; y la propuesta de vivienda y vida digna en San Mateo del Mar, realizada en colaboración con el ITESO.
Estos ejercicios, explica, han sido relevantes porque acercan el trabajo arquitectónico a comunidades marginadas o de bajos recursos que no siempre tienen acceso a servicios profesionales. En esa misma línea, desde hace nueve años el Departamento participa en un taller de verano con la Universidad Javeriana de Bogotá y, en algunas ocasiones, con la sede de Cali, donde estudiantes desarrollan propuestas de diseño de espacio público en barrios informales o zonas marginadas. Al final del proceso, los proyectos se entregan a las comunidades para que puedan gestionarlos. Aunque no siempre se concretan, afirma Nava Townsend, son experiencias que inciden en la vida comunitaria y muestran que la arquitectura también puede ser una herramienta de acompañamiento, dignidad y transformación social.
La responsabilidad social no aparece al final de la carrera ni como un complemento decorativo. De acuerdo con Nava Townsend, está presente desde el primer día y atraviesa todo el proceso proyectual. En cada semestre, las y los estudiantes se preguntan para quién diseñan, por qué diseñan, cuáles son las condiciones culturales de las personas que habitarán los espacios y cuál es el entorno histórico, social, físico y cultural del lugar donde se proyecta.
Desde esta perspectiva, la formación ignaciana se integra en la arquitectura como una forma de mirar. No basta con resolver un programa arquitectónico; es necesario comprender a las personas, sus necesidades, sus contextos y las consecuencias de cada decisión de diseño.
Por eso, el campus IBERO funciona como una primera escuela dentro de la escuela. Enseña que la arquitectura se piensa con el cuerpo, con la comunidad, con los materiales, con la historia y con el territorio. Enseña también que un edificio puede ser flexible, crítico, imperfecto, transformable y profundamente pedagógico.
Para las y los aspirantes interesados en la carrera, conocer el campus desde esta mirada permite entender qué hace única la experiencia de estudiar Arquitectura en la IBERO: aprender en un espacio que se analiza, se cuestiona y se habita todos los días.
Para conocer más sobre el programa académico, visita la página de Licenciatura en Arquitectura IBERO o consulta el proceso de ingreso en ibero.mx/admision.

¿Por qué el campus IBERO es importante para estudiar Arquitectura?
Porque funciona como un caso de estudio real. Las y los estudiantes pueden analizar su estructura, materiales, patios, luz natural, circulación, crecimiento urbano y transformación a lo largo del tiempo.
¿Qué aprende un estudiante de Arquitectura al observar el campus?
Aprende que un edificio responde a un contexto, que puede cambiar con el tiempo y que las decisiones de diseño influyen en la forma en que las personas conviven, circulan y se apropian de los espacios.
¿La carrera incluye proyectos con impacto social?
Sí. La formación incluye proyectos y talleres vinculados con comunidades, barrios informales y zonas marginadas, donde el diseño arquitectónico se entiende como una herramienta de servicio y transformación social.
¿Qué distingue a una arquitecta o arquitecto formado en la IBERO?
De acuerdo con el Mtro. José María Nava Townsend, una de las principales diferencias es la conciencia de que la arquitectura es un ejercicio colectivo y un servicio. La o el arquitecto no trabaja en solitario, sino con comunidades, oficios, especialistas, instituciones y contextos concretos.
¿Dónde puedo pedir información sobre admisión?
Puedes consultar la información oficial en ibero.mx/admision.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219