2 DE JUNIO DE 2026
Ebrard reconoce que los aranceles llegaron para quedarse; especialistas IBERO ven el fin de la era del libre comercio en el T-MEC
PRENSA IBERO
2 DE JUNIO DE 2026
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Dirección de Comunicación Institucional

La revisión del T-MEC confirma el fin de la era del libre comercio en Norteamérica. Mientras el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, reconoce que los aranceles llegaron para quedarse, especialistas de la Universidad Iberoamericana advierten que seguridad, migración y competencia geopolítica están desplazando a la apertura comercial como eje central de la negociación
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) podría consolidar un cambio histórico en la relación económica de Norteamérica: el tránsito de un modelo basado en el libre comercio hacia otro donde los aranceles, la seguridad nacional, la migración, el narcotráfico y la competencia geopolítica ocupan un lugar central.
Esta lectura, planteada recientemente por especialistas de la Universidad Iberoamericana, coincide con declaraciones del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien ha señalado que Estados Unidos está reorganizando el sistema comercial internacional y que los aranceles se han convertido en una herramienta permanente de política económica.
La coincidencia de fondo es clara: el libre comercio, entendido como eliminación progresiva de barreras y apertura de mercados, ya no parece ser el eje central de la relación regional. En su lugar, la revisión del T-MEC se perfila como una negociación atravesada por presiones políticas, disputas comerciales y temas de seguridad.
Durante la mesa de análisis “T-MEC bajo presión: lo que México puede perder (y ganar) en la nueva renegociación”, organizada por la IBERO, participaron el Dr. Pablo Cotler Ávalos, académico del Departamento de Economía; el Dr. Gerardo Herrera Villanueva, académico del Departamento de Estudios Empresariales; la Dra. Erika Ruiz Sandoval, coordinadora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y del Bachelor's Degree in International Relations; y la Dra. Aribel Contreras, coordinadora de la Licenciatura en Negocios Globales y del Bachelor's Degree in Global Business.
Las y los especialistas coincidieron en que la revisión del tratado ya no puede entenderse únicamente como una discusión comercial. La agenda incluye ahora temas como migración, narcotráfico, seguridad fronteriza, relocalización industrial, competencia con China y el endurecimiento de la política comercial de Estados Unidos.
El Dr. Pablo Cotler advirtió que la negociación no debería limitarse a discutir aranceles, sino servir para construir una economía mexicana más desarrollada e inclusiva. Su planteamiento apunta a uno de los riesgos centrales: que México se mantenga sólo como plataforma exportadora sin fortalecer su política industrial ni aumentar el valor agregado de sus productos.
Por su parte, el Dr. Gerardo Herrera Villanueva subrayó la importancia económica del T-MEC al señalar que el tratado sostiene millones de empleos en ambos lados de la frontera. De acuerdo con el académico, entre 15 y 17 millones de empleos en México dependen de la relación comercial con Estados Unidos, mientras que alrededor de 13 millones de empleos estadounidenses también están vinculados al intercambio con México.
En ese punto, la visión de los especialistas coincide con la preocupación del gobierno federal: cualquier deterioro del tratado tendría consecuencias directas para la estabilidad económica regional. Sin embargo, la diferencia está en el tono. Mientras el gobierno destaca las ventajas competitivas de México y su integración productiva con Norteamérica, las y los académicos de la IBERO advierten que el país llega vulnerable por su alta dependencia del mercado estadounidense.
La Dra. Erika Ruiz Sandoval sostuvo que México aparece “desdibujado” en el escenario internacional y alertó que la agenda comercial se ha contaminado con asuntos de narcotráfico, migración y seguridad. Esta lectura refuerza la idea de que la revisión del T-MEC no se definirá sólo por reglas de origen, inversión o cadenas productivas, sino también por la percepción política que Estados Unidos tiene de México.
A su vez, la Dra. Aribel Contreras afirmó que el proceso de revisión funciona hoy como un instrumento de política exterior de Estados Unidos y como mecanismo de presión geopolítica sobre México y Canadá. La académica describió el escenario como un “nuevo desorden global”, marcado por medidas proteccionistas, amenazas arancelarias y una presión constante sobre el país.
Otro punto de coincidencia entre la lectura gubernamental y la académica es el peso que tendrán los aranceles. Ebrard ha reconocido que México deberá negociar dentro de un nuevo contexto internacional, en el que las barreras comerciales ya no son medidas excepcionales sino herramientas estructurales de poder económico.
Desde la IBERO, Herrera Villanueva advirtió que, aunque la cancelación total del acuerdo parece improbable por el nivel de integración entre México y Estados Unidos, sí es posible que el país termine con un tratado “menos óptimo” y acompañado de nuevos aranceles.
La diferencia más importante está en el diagnóstico sobre el margen de maniobra de México. El gobierno federal ha destacado las oportunidades derivadas del nearshoring y la integración regional. Las y los especialistas de la IBERO, en cambio, llaman a no confiar únicamente en esa ventaja coyuntural, pues más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos.
El riesgo, señalaron, es que México enfrente una negociación marcada por exigencias externas sin contar con una estrategia industrial, diplomática y comercial suficientemente sólida. Por ello, plantearon la necesidad de fortalecer la capacidad negociadora del país, diversificar mercados y construir una política industrial de largo plazo.
En ese diagnóstico, gobierno y academia coinciden en un punto fundamental: la época en que el libre comercio era el objetivo central de la integración regional ha quedado atrás. El debate ahora gira en torno a cómo México puede defender sus intereses en un modelo donde los aranceles, la seguridad, la migración y la geopolítica pesan tanto como la apertura económica.
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