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PRENSA IBERO
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• El Mtro. Nahum Orocio Alcántara, de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad de Centrus IBERO, advierte que la presencia de sustancias tóxicas en espacios públicos representa una amenaza potencial para animales de compañía, fauna silvestre y personas. Ante los acontecimientos en Parque España, llama a investigar, aplicar la ley y repensar nuestra convivencia con otras formas de vida
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Los parques de la Ciudad de México deberían ser lugares seguros para pasear, convivir con nuestras mascotas, practicar deporte o simplemente disfrutar de un momento al aire libre. Sin embargo, los recientes casos de perros envenenados en el Parque España, de la colonia Condesa, han encendido una alerta que va más allá del bienestar animal: ¿qué tan seguros son los espacios públicos cuando alguien puede colocar sustancias potencialmente mortales al alcance de cualquier ser vivo?
La muerte de al menos tres perros, los reportes de otros animales intoxicados y el hallazgo de alimentos que ocultaban cápsulas con sustancias sospechosas provocaron la intervención de autoridades capitalinas. La
Los reportes de posibles cebos tóxicos también se han extendido a calles cercanas al parque, por lo que la preocupación ya no se limita a un solo espacio verde.
Para el Mtro. Nahum Orocio Alcántara, al frente de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad, adscrita al Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, lo sucedido representa una forma de violencia que exige una respuesta inmediata de las autoridades, pero también una reflexión sobre la manera en que habitamos y cuidamos nuestras ciudades.
“Lo ocurrido en Parque España es un hecho grave que debe investigarse hasta determinar responsabilidades. La colocación deliberada de sustancias capaces de provocar sufrimiento o muerte a un animal constituye una forma de violencia y está expresamente prohibida por la legislación de la Ciudad de México”, señala.
Uno de los aspectos más preocupantes del caso es que las sustancias sospechosas fueron encontradas en un espacio de acceso público, donde conviven diariamente personas, animales domésticos y distintas especies silvestres.
El especialista IBERO advierte que los riesgos potenciales de un cebo tóxico no se limitan a los animales contra los que pudiera estar dirigido.
“Un cebo tóxico puede entrar en contacto con otros animales, incluida la fauna silvestre que encuentra alimento, refugio o sitios de paso en las áreas verdes de la ciudad. Incluso puede representar un riesgo para las personas”, explica.
Esto significa que la presencia de sustancias peligrosas en parques, jardines o banquetas debe analizarse también desde la seguridad pública y la protección ambiental, no exclusivamente desde el maltrato animal.
La identificación de las sustancias encontradas será fundamental para determinar su toxicidad, las posibles vías de exposición y el alcance real del peligro.
“Lo ocurrido obliga a mirar el problema desde la seguridad, el bienestar animal y el cuidado de los espacios que compartimos”, sostiene Orocio Alcántara.
La preocupación por los acontecimientos en Parque España también ha sido abordada desde otra disciplina de la Universidad Iberoamericana: la Psicología.
En un análisis sobre el mismo caso, la Dra. Perla Leal Galicia, académica del Departamento de Psicología de la IBERO, advirtió sobre los posibles vínculos entre la crueldad contra animales y otras manifestaciones de violencia hacia las personas, una relación que debe analizarse con cuidado y sin asumir que todo acto de maltrato necesariamente derivará en agresiones humanas.
Ambas perspectivas permiten dimensionar el problema desde dos frentes complementarios.
Mientras la Psicología llama a prestar atención a las conductas de violencia contra seres vulnerables y sus posibles implicaciones sociales, la sustentabilidad advierte sobre las consecuencias directas que puede tener la presencia de sustancias tóxicas en los espacios que compartimos.
Una misma situación, por tanto, abre dos preocupaciones: el comportamiento violento que debe investigarse y los riesgos ambientales y de seguridad que deben atenderse.
Para Orocio Alcántara, los acontecimientos en la Condesa también ponen sobre la mesa una discusión que suele quedar fuera de las conversaciones sobre seguridad urbana: el derecho de otras especies a coexistir en nuestras ciudades.
“Una ciudad no está habitada únicamente por seres humanos. Compartimos el territorio con animales de compañía, aves, insectos, pequeños mamíferos, plantas y muchas otras formas de vida que participan en los ecosistemas urbanos”, explica.
Desde esta perspectiva, las áreas verdes no son solamente espacios recreativos para las personas. También funcionan como lugares de alimentación, refugio y tránsito para distintas especies que forman parte de la biodiversidad de la capital.
El especialista considera que la violencia contra los animales revela una ruptura en la relación que mantenemos con nuestro entorno.
“Cuando una forma de vida se considera prescindible porque incomoda, porque ocupa un espacio que también utilizamos o simplemente porque existe fuera de nuestros intereses, perdemos de vista la dependencia que tenemos de los sistemas vivos de los que formamos parte”.
Esta reflexión recuerda que una ciudad sustentable no puede medirse únicamente por la cantidad de árboles, parques o jardines que posee, sino también por su capacidad para proteger la vida que alberga.
El académico reconoce que compartir los espacios urbanos con otras especies también implica retos y responsabilidades.
Quienes tienen animales de compañía deben hacerse responsables de su cuidado y comportamiento en los espacios comunes. Al mismo tiempo, la protección de la fauna silvestre requiere conocimiento, reglas claras y atención a las características de cada ecosistema urbano.
La existencia de conflictos, sin embargo, nunca puede justificar la crueldad.
“Esos conflictos se atienden con regulación, educación, corresponsabilidad y aplicación de la ley. La crueldad no puede formar parte de las respuestas posibles”, afirma.
En este sentido, los acontecimientos de Parque España representan una oportunidad para discutir la importancia de fortalecer la cultura de cuidado de los espacios compartidos, prevenir conductas que amenacen a otras especies y garantizar que las autoridades investiguen y sancionen los actos de violencia.
Para la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad de Centrus IBERO, lo ocurrido no debería terminar únicamente con la identificación y sanción de quien resulte responsable.
También es necesario impulsar una conversación pública sobre el tipo de ciudades que queremos construir y las responsabilidades que adquirimos al compartirlas con otras formas de vida.
Los parques y áreas verdes son parte esencial de esa convivencia. Protegerlos implica reconocer que su seguridad y bienestar no pueden entenderse exclusivamente desde las necesidades humanas.
“Una cultura para la sustentabilidad también se construye en la manera en que aprendemos a compartir la ciudad con otras formas de vida. Este caso exige justicia para los animales afectados, pero también una conversación más profunda sobre el tipo de relación que queremos establecer con la vida que nos rodea”, concluye Orocio Alcántara.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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