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PRENSA IBERO
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• Tras la muerte de cuatro perros presuntamente envenenados en la colonia Condesa, la Dra. Perla Leal Galicia, de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana, advierte que la crueldad animal puede estar relacionada con baja empatía y dificultades para controlar los impulsos. Además, alerta sobre el riesgo que representan las sustancias tóxicas para niñas, niños y otras personas, y llama a recuperar la seguridad en los espacios públicos
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

La violencia contra los animales no debería considerarse un problema menor ni un asunto que concierne exclusivamente a quienes tienen mascotas. Detrás de estos actos pueden existir comportamientos que merecen atención desde la psicología, especialmente cuando una persona parece carecer de los límites necesarios para evitar causar daño a otros seres vivos.
Así lo advirtió la Dra. Perla Leal Galicia, académica de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana, al analizar los recientes casos de presunto envenenamiento de perros en la
Los hechos, reportados desde el 27 de octubre en el Parque España y sus alrededores, han provocado preocupación entre habitantes de la zona, luego del hallazgo de trozos de carne y embutidos que contenían cápsulas con sustancias sospechosas.
De acuerdo con información publicada por medios de comunicación, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México abrió una investigación por maltrato o crueldad animal, mientras autoridades revisan grabaciones de videovigilancia para identificar a las personas responsables.
Para la especialista IBERO, una de las principales señales de alerta en este tipo de conductas es la posible presencia de bajos niveles de empatía y dificultades para controlar los impulsos.
“De entrada podríamos decir que es una persona con baja empatía y bajo control de impulsos”, explicó.
La académica señaló que alguien que lastima deliberadamente a un animal podría limitar sus agresiones a otras especies, pero también podría representar un riesgo de violencia hacia seres humanos.
Esto no significa que todas las personas que maltratan animales necesariamente agredirán a otras personas. Sin embargo, la crueldad animal constituye una conducta que merece atención y no debe normalizarse, particularmente cuando implica acciones que podrían poner en peligro a toda una comunidad.
Desde esta perspectiva, Leal Galicia consideró importante que las autoridades intervengan oportunamente y que se investiguen las motivaciones detrás de este tipo de comportamientos.
Uno de los aspectos que más preocupa a la especialista es que los alimentos presuntamente envenenados fueron encontrados en un espacio público frecuentado no sólo por animales de compañía, sino también por familias, deportistas e infancias.
La presencia de sustancias potencialmente tóxicas en parques y banquetas representa un riesgo de intoxicación accidental que puede alcanzar a personas ajenas a los ataques.
La académica advirtió que, así como un perro puede encontrar e ingerir estos alimentos durante un paseo, también existe la posibilidad de que una niña o un niño entre en contacto con ellos.
“Van infancias que tranquilamente se podrían envenenar por la misma vía”, señaló.
Para Leal Galicia, el hecho de que estas sustancias hayan sido colocadas en un parque conocido por la presencia de personas que pasean a sus mascotas también obliga a investigar si existió una intención de provocar daños deliberados.
En ese sentido, destacó la importancia de fortalecer la vigilancia, revisar las cámaras de seguridad e identificar a quienes pudieran estar involucrados.
Las consecuencias de estos actos no terminan en las afectaciones directas a los animales.
De acuerdo con la especialista del Departamento de Psicología IBERO, la violencia en espacios públicos también puede modificar la manera en que las personas se relacionan con su entorno y con otros integrantes de la comunidad.
“Es una transgresión muy importante a la tranquilidad y al tejido social”, sostuvo.
Explicó que actividades tan cotidianas como pasear a un perro, correr o caminar por un parque pueden dejar de percibirse como seguras cuando existe la posibilidad de encontrar sustancias peligrosas.
Esta situación provoca una ruptura en la confianza que las personas depositan en los lugares que habitualmente utilizan para convivir y descansar.
El miedo puede llevar incluso a que algunas familias eviten determinados espacios o modifiquen sus rutinas para proteger a sus animales de compañía.
Sin embargo, la psicóloga subrayó que tomar precauciones frente a un peligro real no debe confundirse con una reacción desproporcionada de miedo.
Mientras las autoridades investigan, recomendó considerar rutas alternativas para los paseos y prestar especial atención a los objetos y alimentos con los que las mascotas puedan entrar en contacto.
También advirtió sobre la importancia de evitar distracciones, como utilizar el teléfono celular constantemente mientras se pasea a un perro.
Frente a la indignación provocada por estos casos, también ha surgido la discusión sobre la necesidad de establecer sanciones más severas contra las personas responsables de maltrato animal.
Para la Dra. Perla Leal Galicia, la respuesta debe contemplar dos dimensiones: las consecuencias legales y la comprensión de las conductas violentas desde la salud mental.
Por una parte, consideró necesario que existan consecuencias importantes para quienes atentan contra la vida de otros seres vivos.
Por otra, señaló que también resulta fundamental estudiar qué motiva a una persona a querer lastimar a un animal indefenso, con el propósito de comprender estos comportamientos y atender los factores que pudieran estar asociados con ellos.
La académica aclaró que no contaba con cifras para determinar si el incremento de las penas, por sí mismo, consigue disuadir este tipo de delitos.
Su planteamiento abre la posibilidad de discutir estrategias de prevención que complementen la actuación de las autoridades y las sanciones contempladas en la legislación.
Aunque los acontecimientos han generado preocupación entre quienes frecuentan los parques de la Condesa, la especialista IBERO consideró importante que la ciudadanía no renuncie permanentemente a estos lugares por temor.
La respuesta, explicó, debe combinar la protección de los animales de compañía con la exigencia de condiciones de seguridad para toda la comunidad.
En ese sentido, invitó a las personas a organizarse, mantenerse atentas a posibles riesgos y recuperar gradualmente sus espacios de convivencia.
“La recomendación sería conquistar o reconquistar estos espacios”, expresó.
Los casos de presunto envenenamiento en la Condesa ponen sobre la mesa una discusión que va más allá del bienestar animal: cómo identificar conductas violentas, prevenir nuevos daños y garantizar que los espacios públicos continúen siendo lugares seguros para todas las personas.
Desde la Universidad Iberoamericana, el conocimiento generado por disciplinas como la Psicología permite ampliar la comprensión de estos problemas sociales y contribuir a la construcción de comunidades más empáticas, responsables y comprometidas con el respeto a la vida.
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