Podría interesarte
PRENSA IBERO
PRENSA IBERO
• El Mtro. Isaac Torres, del Departamento de Psicología, precisa que elegir entre cientos de perfiles puede convertir los vínculos afectivos en un catálogo donde parece existir alguien “mejor” • Advierte que el match puede generar expectativas, placer y frustración, mientras la idealización de los perfiles dificulta aceptar la imperfección propia de las relaciones • Las apps permiten conectar con personas que difícilmente conoceríamos, pero pueden favorecer relaciones más atomizadas y sensación de desconexión, afirma • El reto no es abandonar las apps, sino utilizarlas como instrumentos para relacionarse y no como una forma de vida, sugiere
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

Con una fotografía, algunos datos personales y unos cuantos intereses pueden comenzar una relación afectiva o sexual. Las aplicaciones de citas han cambiado la forma en que las personas conocen potenciales parejas.
Es posible establecer contacto con alguien de otra ciudad o con personas de otros países con diversidad cultural que difícilmente formaría parte del círculo cotidiano. Esa misma posibilidad, puede reducir la forma en que miramos a quien tenemos enfrente.
“Esa es la paradoja”, explica el Mtro. Isaac Torres Gómez, académico del
“El problema no está necesariamente en la tecnología. Está en lo que hacemos con ella”, apunta.
Una de las transformaciones más profundas ocurre cuando el potencial vínculo comienza a percibirse como un producto. El especialista señala que las aplicaciones pueden generar una falsa idea de que siempre existe una opción mejor esperando detrás de la siguiente pantalla.
Aparece una persona con determinadas características, se desliza el perfil y, si algo no convence, se continúa buscando. Tinder representa para el académico un ejemplo de esta dinámica, buscar bajo la ilusión de que existe una persona perfecta que reúne todas las características deseadas.
El problema es que las relaciones reales no funcionan como un catálogo, señala. Una persona puede resultar atractiva, pero tener horarios incompatibles. Compartir intereses, pero no tener las mismas necesidades. Puede existir química, pero las diferencias aparecen cuando dos personas comienzan realmente a conocerse.
Las aplicaciones de citas pueden alimentar la idealización. Con tres fotos y algunos datos es posible construir una expectativa sobre alguien a quien todavía no se conoce y cuando sucede un encuentro presencial, la persona real puede terminar decepcionando por quien miraba su perfil.
La convivencia los llena con realidad, la cual incluye aquello que ninguna aplicación puede resumir en una fotografía: defectos, horarios, necesidades, diferencias, estados de ánimo, contradicciones y formas distintas de entender una relación. Aceptar todo eso, sostiene el Mtro. Torres Gómez, forma parte del vínculo.
La dinámica de las aplicaciones puede tener consecuencias psicológicas. Señala que existen estudios sobre los efectos de estas plataformas y explica que el “match” puede generar un pico de dopamina asociado con emoción, expectativa y placer.
El problema aparece después. Ese estímulo puede durar desde horas hasta algunos días y posteriormente llegar un descenso en el estado emocional. La búsqueda de un nuevo estímulo puede convertirse en parte de un ciclo:
Match
Expectativa
Placer
Desilusión
Nueva búsqueda
Y otra vez el mismo proceso
Expone que cuando los matches no llegan o una conversación se interrumpe sin explicación, pueden aparecer pensamientos negativos: “no le gusto a nadie”, “no soy suficiente” o “nadie quiere estar conmigo”. La consecuencia puede ser un círculo de ansiedad y frustración.
“La aplicación que prometía conectar con alguien puede terminar haciendo que una persona evalúe su propio valor a partir de la respuesta que recibe de personas desconocidas”, explica.
En las relaciones tradicionales, el rechazo puede ser doloroso, pero ocurre dentro de una interacción más compleja. En las aplicaciones puede reducirse a una acción instantánea y la facilidad para sustituir una opción por otra puede modificar la percepción del vínculo.
Eso puede dificultar algo fundamental: “decidir”. Torres Gómez relaciona esta situación con la reflexión de Zygmunt Bauman sobre el llamado “amor líquido”.
“Durante generaciones existieron modelos sociales relativamente claros sobre cómo debía desarrollarse una relación: casarse a determinada edad, tener hijos y seguir un modelo familiar establecido. Hoy esos moldes son menos rígidos”, explica.
Eso puede representar una ventaja porque permite construir relaciones alejadas de normas tradicionales, pero también deja a las personas frente a una pregunta más difícil: ¿Qué quiero yo?
El problema, explica el académico, es que tomar una decisión implica aceptar que ninguna relación será perfecta. El compromiso no consiste en encontrar a la persona sin defectos. Consiste en aceptar las imperfecciones de la persona con la que se construye un vínculo.
La idealización y la frustración no son los únicos riesgos. Las aplicaciones también pueden ser utilizadas para crear identidades falsas, obtener información o generar situaciones de vulnerabilidad.
El académico menciona el fenómeno conocido como catfishing, mediante el cual una persona utiliza una identidad falsa para relacionarse con otra. En los casos más extremos, las plataformas pueden ser usadas para atraer a determinadas personas hacia escenarios peligrosos.
El Mtro. Torres Gómez señala riesgos en aplicaciones dirigidas a comunidades LGBT, como Grindr tampoco es posible conocer con quién se establece contacto. La recomendación, apunta, no es asumir que todas las personas detrás de un perfil representan una amenaza, sino mantener una mirada crítica sobre la herramienta.
¿Tener más posibilidades de conocer personas nos acerca realmente a los demás? Para Torres Gómez, no necesariamente. La tecnología permite ampliar el universo de posibles encuentros, pero esa abundancia puede tener un efecto contrario al esperado.
Si cada persona se convierte en una opción intercambiable y hay la posibilidad de encontrar alguien con mejores características, la búsqueda nunca termina. La relación deja de ser un encuentro entre dos personas para convertirse en una comparación permanente.
Indica que las aplicaciones de citas no son por sí mismas buenas o malas. Han abierto posibilidades como conectar personas separadas por grandes distancias, ampliar círculos sociales y permitir encuentros entre personas con experiencias y culturas distintas.
Refiere que se necesita un uso crítico de las redes y las aplicaciones: entenderlas como instrumentos y no como formas de vida. La pantalla puede facilitar el primer encuentro, pero no puede construir por sí sola una relación.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219