PRENSA IBERO
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14 DE ABRIL DE 2026
Por: Luis Reyes
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Reportero de la IBERO

Tras más de una década y media en el poder, el ciclo político de Viktor Orbán en Hungría llegó a su fin con la victoria electoral de Péter Magyar, un resultado que ha sido interpretado como un punto de inflexión en Europa Central.
Sin embargo, más que una ruptura radical, el Dr. Carlos Antonio Maldonado Alvarado, del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana (IBERO) Ciudad de México (CDMX) señaló que se trata de una reconfiguración interna del mismo espectro político.
En entrevista con Prensa IBERO, explicó que el ascenso de Magyar se debió al desgaste natural de cualquier gobierno prolongado y a la transformación ideológica de Orbán.

“El ejercicio del poder erosiona. Las promesas de campaña no siempre se cumplen y eso genera descontento social acumulado. A esto se suma el giro político del ex primer ministro, quien pasó de una derecha moderada y europeísta a posturas más cercanas a la extrema derecha, caracterizadas por el nacionalismo, el conservadurismo social y su cercanía con Vladimir Putin y Donald Trump”.
Este viraje, explicó el académico de nuestra casa de estudios, resultó particularmente sensible en Europa, donde la relación con Rusia sigue siendo un tema estratégico, especialmente tras la guerra en Ucrania.
“El acercamiento de Orbán con Rusia generó tensiones con la Unión Europea. Su política euroasiática comenzó a desgastarse frente a una visión más hacia a la OTAN que hoy vuelve a cobrar fuerza”, indicó.
Maldonado también subrayó que la afinidad de Orbán con Donald Trump influyó en el desgaste de su imagen, pues el presidente estadounidense logró expandir su influencia en algunas regiones, pero en Europa su figura ha perdido fuerza.
“El efecto Trump en este caso fue como ‘la gota que derramó el vaso’. Su deterioro político también impactó a líderes que compartían su visión”.
Indicó que a nivel interno, problemas en Hungría como la corrupción, la deuda y el deterioro económico terminaron por consolidar el descontento ciudadano, abriendo la puerta a una alternativa dentro del mismo espectro ideológico.
A pesar de la narrativa de cambio, el académico advirtió que Péter Magyar no representa una ruptura con el sistema, sino una continuidad moderada.

“Es parte del establishment. No es un antisistema ni un revolucionario. Es, en muchos sentidos, un heredero político más moderado. Lo que cambia no es la ideología base, sino el grado. Pasamos de una derecha extrema a una derecha más liberal o centrista”.
Dijo que uno de los elementos clave en la victoria de Magyar fue su capacidad para conectar con sectores más jóvenes a través de redes sociales, marcando una diferencia generacional frente a Orbán.
“Hay una brecha comunicativa clara. Magyar entiende mejor los códigos digitales y logra conectar con votantes más jóvenes”, señaló.
Sin embargo, apuntó que este sector no necesariamente es progresista y por el contrario, en varios países desarrollados se observa una tendencia de jóvenes con posturas más conservadoras, aunque desde una lógica distinta a generaciones anteriores.
“Son generaciones que ya crecieron con ciertos derechos y ahora los cuestionan. Magyar logra empatizar con esa visión”, explicó.
En el plano internacional, asentó que el triunfo de Magyar podría tener implicaciones en el equilibrio político europeo, particularmente frente al avance de la extrema derecha en países como Francia, Italia o Países Bajos.
“No veo un efecto dominó, pero sí puede influir en el discurso político. Es un llamado de atención sobre los límites de la extrema derecha”.
En este sentido, reflexionó que Hungría podría alinearse nuevamente con posturas más cercanas a la Unión Europea, alejándose de la influencia rusa.
Finalmente, el académico destacó que, pese al carácter del régimen de Orbán, la transición de poder se dio dentro de los cauces institucionales.
“El hecho de que no haya desconocido los resultados habla bien de la democracia húngara. Hay institucionalidad, aunque el sistema siga dominado por élites”, enfatizó.
Concluyó que el reto ahora para Péter Magyar será enfrentar problemas estructurales en Hungría como la deuda, la corrupción y el crecimiento económico, en un contexto donde las expectativas de cambio conviven con la continuidad política.
Por: Luis Reyes
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