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PRENSA IBERO
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• El estudio conjunto donde participó la Dra. Alejandra Cantoral Preciado, Académica del Departamento de Salud, se acaba de publicar en la revista Environmental Research • La investigación encuentra que una mayor exposición a aflatoxinas durante la adolescencia temprana se asoció con un menor desempeño posterior en una prueba de memoria de trabajo
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

Las aflatoxinas son sustancias tóxicas producidas por algunos hongos, principalmente Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus, que pueden crecer en cultivos como el maíz y otros cereales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a las aflatoxinas entre las micotoxinas de mayor preocupación por sus efectos sobre la salud y señala que pueden producir daño hepático y cáncer.
En México, el interés por estas sustancias no es nuevo. El maíz, alimento básico de la dieta nacional, puede contaminarse con aflatoxina B1
Lo novedoso del estudio conjunto donde participó la Dra. Alejandra Cantoral Preciado Académica del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana (IBERO), publicado en la revista Environmental Research se pregunta la relación que puede existir entre la exposición a estas toxinas y el funcionamiento cognitivo durante la adolescencia.
La investigación, encabezada por Haneen Bou Ghanem y realizada con especialistas de la IBERO, la Universidad de Michigan, York University, el Instituto Nacional de Salud Pública utilizó información de la cohorte Early Life Exposure in Mexico to Environmental Toxicants (ELEMENT).
ELEMENT es una investigación epidemiológica de largo plazo realizada en Ciudad de México que comenzó estudiando los efectos de contaminantes ambientales sobre el desarrollo infantil. Actualmente permite analizar distintos efectos de las exposiciones ambientales a lo largo de la vida. La cohorte cuenta con más de mil 600 participantes.
Para conocer la exposición a aflatoxinas, el equipo midió en muestras de sangre los llamados aductos de aflatoxina-albúmina, moléculas que se forman cuando los productos derivados de la toxina se unen a una proteína de la sangre. Esta medición permite identificar que el organismo estuvo expuesto a la sustancia.
El resultado llamó particularmente la atención pues los aductos fueron detectables en todas las muestras analizadas. Entre las y los adolescentes evaluados inicialmente, la edad promedio fue de 14.3 años y la concentración mediana registrada fue de 126.5 nanogramos por mililitro (ng/mL).
El equipo analizó primero a 472 adolescentes mediante una prueba de atención y control de impulsos. Posteriormente, en 444 participantes, examinó si la exposición registrada durante la adolescencia temprana estaba relacionada con el desempeño cognitivo aproximadamente dos años después.
Para ello utilizó tres pruebas de la NIH Toolbox Cognition Battery: una relacionada con control inhibitorio y atención, otra con memoria de trabajo y una tercera con velocidad de procesamiento.
El resultado estadísticamente significativo apareció en la prueba List Sorting, que evalúa la capacidad de mantener y manipular información en la mente durante un periodo breve. Una función conocida como memoria de trabajo.
Quienes presentaron mayor exposición inicial a aflatoxinas obtuvieron puntuaciones menores en esta prueba. En las otras pruebas cognitivas analizadas no se encontraron asociaciones estadísticamente significativas.
Los propios resultados deben interpretarse con cautela. El estudio no demuestra que las aflatoxinas sean la causa de un deterioro de la memoria de trabajo, sino que identifica una asociación entre mayor exposición y menor desempeño posterior.
Los modelos estadísticos tomaron en cuenta variables como edad, sexo, grado escolar, índice de masa corporal y nivel socioeconómico. Las y los autores señalan que se requieren más investigaciones longitudinales para determinar con mayor precisión la relación entre exposición a aflatoxinas y función cognitiva.
En otras palabras, el hallazgo no significa que una persona que haya estado expuesta a aflatoxinas necesariamente tendrá problemas de memoria.
La relevancia del trabajo está en que conecta dos campos que hasta ahora habían sido estudiados con mucha mayor frecuencia por separado: la exposición a contaminantes ambientales y el desarrollo cognitivo durante la adolescencia.
La adolescencia es una etapa en la que el cerebro continúa desarrollándose y en la que capacidades como la atención, la memoria de trabajo y otras funciones ejecutivas adquieren mayor complejidad.
Sin embargo, la evidencia en seres humanos sobre la posible relación entre exposición a aflatoxinas y desempeño cognitivo durante esta etapa todavía es limitada.
El valor de trabajar con la cohorte ELEMENT radica además en que no se parte únicamente de cuestionarios sobre alimentación o exposición.
El equipo contó con biomarcadores medidos en sangre y evaluaciones cognitivas estandarizadas, además de información obtenida en diferentes momentos de la vida de las y los participantes.
La investigación abre una nueva pregunta para la salud ambiental en México: si una exposición que puede ocurrir a través de alimentos contaminados tiene también alguna relación con procesos cognitivos durante una etapa crítica del desarrollo. La investigación la puedes consultar en este enlace.
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