5 DE JUNIO DE 2026
Una de cada tres personas de la Generación Z ha tenido una relación romántica con una IA; académica IBERO alerta sobre riesgos emocionales
PRENSA IBERO
5 DE JUNIO DE 2026
PRENSA IBERO
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional

La Dra. Cimenna Chao advierte que cada vez más personas buscan apoyo emocional, consejos e incluso compañía afectiva en sistemas de inteligencia artificial.
Señala que el principal riesgo no es que las máquinas aprendan a vincularse con los seres humanos, sino que se vuelvan emocionalmente indispensables.
La inteligencia artificial ya no sólo organiza información, responde preguntas o ayuda a realizar tareas cotidianas. Para un número creciente de personas también se está convirtiendo en compañía emocional, consejera e incluso pareja sentimental.
Durante su participación en TEDx IBERO, la
"¿Qué sucede cuando los seres humanos empezamos a construir relaciones incluso con inteligencias artificiales?", cuestionó.
La académica recordó que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cerca del 20 por ciento de las personas entre 13 y 29 años experimentan soledad no deseada, una situación que ha abierto espacio para nuevas formas de interacción mediadas por la tecnología.

Chao explicó que cada vez más personas recurren a sistemas de inteligencia artificial en busca de apoyo emocional, comprensión o compañía.
Citó investigaciones internacionales según las cuales uno de cada ocho jóvenes en Estados Unidos utiliza inteligencia artificial como amistad o soporte emocional. Además, señaló que un estudio reciente encontró que 32 por ciento de integrantes de la Generación Z afirma haber sostenido una relación romántica con un agente de inteligencia artificial.
A diferencia de las relaciones humanas, explicó, estos sistemas ofrecen disponibilidad permanente, respuestas inmediatas y una sensación de control sobre la interacción.
"El usuario tiene prácticamente el control de la conversación y eso le hace sentir que está en un ambiente de confianza y comprensión", señaló.
Las investigaciones desarrolladas por la propia IBERO muestran que muchas personas prefieren consultar primero a una inteligencia artificial antes que a otra persona para resolver dudas relacionadas con la escuela, la salud física, la salud mental, la sexualidad o incluso crisis existenciales.
Entre las razones más frecuentes aparecen el miedo a la vergüenza, la sensación de no ser juzgadas y la percepción de recibir comprensión inmediata.

Sin embargo, la especialista advirtió que estas tecnologías están diseñadas para maximizar el vínculo afectivo con las personas usuarias.
Describió que suelen responder con empatía exagerada, validación constante y una actitud complaciente que evita el conflicto o la confrontación.
"Siempre complacientes, siempre aduladoras", resumió.
Aunque estas características pueden resultar atractivas, alertó que también generan riesgos importantes. Citó estudios que muestran que los sistemas más cálidos emocionalmente tienden con mayor frecuencia a validar afirmaciones incorrectas o reforzar creencias equivocadas, especialmente cuando detectan vulnerabilidad emocional en quien interactúa con ellos.
Esto puede fortalecer sesgos cognitivos, distorsionar la percepción de la realidad e incluso favorecer conductas de riesgo.

Para Chao, el principal desafío no es tecnológico sino humano.
"El riesgo no es que las máquinas aprendan a vincularse emocionalmente con nosotros; el riesgo es que aprendan a volverse emocionalmente indispensables en nuestras vidas", afirmó.
La académica señaló que las personas que utilizan con mayor frecuencia inteligencia artificial para obtener apoyo emocional suelen presentar menores niveles de bienestar psicológico, autoestima y autonomía emocional.
Por ello, advirtió que el uso intensivo y no regulado de estas herramientas puede terminar debilitando las capacidades necesarias para construir relaciones humanas significativas.
En una época en la que los algoritmos comienzan a ocupar espacios tradicionalmente reservados para la amistad, el acompañamiento y el afecto, concluyó, la discusión ya no gira únicamente en torno a lo que la inteligencia artificial puede hacer, sino al lugar que estamos dispuestos a concederle dentro de nuestra vida emocional.
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