3 DE JUNIO DE 2026
Tras ganar 2º lugar con coche autónomo en Francia, estudiantes IBERO siguen creyendo en tecnología para el bien común
PRENSA IBERO
3 DE JUNIO DE 2026
PRENSA IBERO
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

El equipo de Ingeniería Mecatrónica y Sistemas Ciberfísicos superó a decenas de universidades internacionales en la CPS-IoT Competition 2026. Para sus integrantes, el reto no sólo consistió en crear un vehículo autónomo capaz de navegar una ciudad inteligente, sino en demostrar que la innovación tecnológica puede ponerse al servicio de las personas
Frente a equipos de universidades de India, Chipre, Arabia Saudita, Irlanda y Jordania, algunos integrados por estudiantes de posgrado, tres alumnos de la Universidad Iberoamericana demostraron que la ingeniería mexicana puede competir al más alto nivel internacional. El resultado fue un segundo lugar mundial en la
El equipo estuvo integrado por Emmanuel Iturbe Rebolledo, Diego Márquez Esqueda y Agustín Zapiain Azuara, estudiantes de Ingeniería Mecatrónica y Sistemas Ciberfísicos, bajo la asesoría del Mtro. Julio Antonio Caballero Mora, académico del Departamento de Estudios en Ingeniería para la Innovación.
La competencia, organizada por Quanser y MathWorks, desafió a las y los participantes a desarrollar un algoritmo de conducción autónoma capaz de operar un servicio de taxi dentro de una ciudad inteligente simulada, maximizando ganancias y tomando decisiones en tiempo real. Tras superar una fase virtual que incluyó el desarrollo de modelos en MATLAB, Simulink y QLabs, los estudiantes de la IBERO se colocaron entre los mejores equipos del mundo y obtuvieron su pase a la final presencial en Francia.
Sin embargo, el reto más complejo comenzó una vez que llegaron al continente europeo.
Durante la etapa virtual, el vehículo autónomo operaba en un entorno controlado. En Francia, los estudiantes tuvieron que implementar su algoritmo en un QCar 2 físico, enfrentándose a variables imposibles de reproducir por completo en simulación.
“Una cosa es el ambiente de simulación controlado, todo bonito y precioso, y otra cosa es la implementación en sistemas reales”, explicó el Mtro. Caballero.
El equipo utilizó sistemas de visión artificial para reconocer semáforos, señales de tránsito y obstáculos. Sin embargo, las condiciones climáticas de Saint-Malo obligaron a modificar continuamente los modelos.
“El clima no es cambiante, es lo que le sigue”, relató el académico. “Puedes tener una condición de luz perfecta y preciosa y treinta minutos después estar completamente nublado. Para los esquemas de visión artificial, eso es ruido”.
La capacidad de adaptación se convirtió entonces en el principal diferenciador. Los estudiantes tuvieron que entrenar nuevamente sus modelos para responder a condiciones reales de iluminación y garantizar que el vehículo siguiera tomando decisiones correctas.
Para Emmanuel Iturbe, esa experiencia representa una lección que trasciende la competencia: “En la vida real todo cambia constantemente. Este reto nos sirvió para aprender a proponer soluciones que se vayan adaptando a lo que cambia”.

La dimensión del logro se vuelve más evidente al observar a los rivales que enfrentó la IBERO. Entre los finalistas se encontraban universidades de Irlanda, India y Jordania. Algunos de los equipos estaban conformados por estudiantes de maestría y desarrollaban proyectos terminales de posgrado. Aun así, el proyecto mexicano surgió en un contexto mucho más cotidiano: una asignatura universitaria.
“Como proyecto de aula, un proyecto de una asignatura optativa, llegó a una final internacional y obtuvo un segundo lugar mundial”, destacó Caballero. El académico considera que el resultado refleja tanto el talento del estudiantado como el modelo de enseñanza de la universidad, que busca conectar la teoría con la práctica desde etapas tempranas de la formación.
Parte del éxito del equipo se explica por el acceso permanente a infraestructura especializada. Los estudiantes tuvieron la oportunidad de trabajar con vehículos autónomos, sistemas robóticos, plataformas de visión artificial y equipos utilizados habitualmente en investigación aplicada.
“Los equipos son para ustedes, hay que usarlos”, resumió Caballero al explicar la filosofía de enseñanza de esta institución: A diferencia de otras instituciones donde ciertos equipos permanecen reservados para proyectos específicos o niveles avanzados, en la IBERO el estudiantado tiene contacto con laboratorios y hardware especializado desde los primeros semestres.
Diego Márquez considera que esta experiencia práctica resultó decisiva: “La facilidad con que la universidad ofrece robots, vehículos y materiales permite desarrollar proyectos de alto impacto”.
Además de la infraestructura, los estudiantes destacaron la cercanía del profesorado, que acompaña el desarrollo de proyectos más allá del horario formal de clase.
Más allá del reconocimiento internacional, los integrantes del equipo consideran que el verdadero valor de la ingeniería radica en su capacidad para resolver problemas sociales.
La reflexión es de importancia en un momento en que la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas suelen asociarse tanto con innovaciones médicas y de movilidad como con aplicaciones militares o sistemas de vigilancia.
Para Emmanuel Iturbe, la diferencia radica en los valores con los que se forman quienes desarrollan estas herramientas: “Es importante buscar cómo adaptar la tecnología en favor de todas las personas”, señaló. “No solamente en transporte, también en medicina y en otras áreas que resuelvan problemas de alto impacto”.
Diego coincide: “Es más una cuestión de valores y de ética profesional”, explicó Diego Márquez. “Lo importante es decidir cómo aplicar el conocimiento para ayudar a la sociedad”.
Desde la perspectiva del profesor Caballero, esa visión forma parte del sello distintivo de la educación jesuita.
“Todo esto tiene que ser para el bien de la comunidad”, afirmó. “Todos los conocimientos y todo lo que hacemos tratamos de enfocarlo hacia proyectos que ayuden a la sociedad”.
Tras obtener el segundo lugar mundial, el proyecto no ha llegado a su fin. El equipo planea replicar parte de la pista utilizada en la competencia para seguir entrenando modelos de visión artificial y mejorar el desempeño del vehículo autónomo ante distintas condiciones de iluminación y operación.
La meta es dejar una plataforma de trabajo para futuras generaciones de estudiantes que deseen competir en escenarios internacionales.
“Queremos dejar bases para que otros equipos puedan seguir compitiendo, seguir ganando e ir a nuevas competencias”, adelantó Márquez.
Después de demostrar que pueden medirse con algunas de las mejores universidades del mundo, los estudiantes de la IBERO tienen claro que el futuro de la ingeniería no sólo pasa por desarrollar tecnología cada vez más sofisticada, sino por ponerla al servicio de las personas. Y ese, aseguran, sigue siendo el desafío más importante.
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