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PRENSA IBERO
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• La Clínica de Bienestar Universitario señala que poner límites no significa rechazar a las personas, sino proteger el bienestar propio frente a conductas que generan incomodidad • La Mtra. Pamela Ramírez de Aguilar recomienda expresar las necesidades con claridad, practicar la comunicación asertiva y recurrir a medidas adicionales cuando los límites no son respetados
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Reportero de la IBERO

Establecer límites en las relaciones personales puede resultar complicado, especialmente cuando existe el temor de incomodar a alguien, provocar un conflicto o ser considerado egoísta. Sin embargo, reconocer qué conductas generan malestar y comunicar lo que necesitamos es una forma de cuidar nuestro bienestar emocional.
La Clínica de Bienestar Universitario (CBU) de la Universidad Iberoamericana (IBERO), propone distintas estrategias para aprender a establecer límites y reconocer cuándo es necesario reforzarlos.
La especialista señala que identificar estas situaciones requiere prestar atención a aquello que nos incomoda, incluso cuando se trata de comportamientos que hemos normalizado en una relación.
Una de las principales herramientas para establecer límites es la comunicación verbal. Para que sean respetados es importante expresar las necesidades de manera clara, con franqueza y firmeza.

Esto no significa levantar la voz, insultar o recurrir a la agresión. Se trata de comunicar lo que sentimos y necesitamos de forma directa, sin descalificar a la otra persona.
Indica que establecer límites no siempre resulta sencillo desde el primer intento. Por ello, recomienda practicar este ejercicio en distintas ocasiones, en lugar de esperar a hacerlo perfectamente desde el inicio.
Una alternativa es comenzar por identificar aquellas situaciones que generan incomodidad y, posteriormente, reconocer qué cambios permitirían sentirse mejor. Este proceso ayuda a expresar las necesidades y a desarrollar mayor seguridad al comunicarlas.
Si los límites verbales no funcionan, es posible recurrir a límites físicos, como tomar distancia de una persona o reducir el contacto cuando una interacción deja de ser cómoda.

En situaciones más graves, cuando la voz de quien establece el límite no es escuchada, puede ser necesario acudir a instancias de autoridad o buscar ayuda. Menciona, entre otras opciones, a la Policía, la Fiscalía y las autoridades judiciales.
La medida dependerá de la situación y de la gravedad de la conducta. Establecer límites no implica que una persona deba enfrentar sola una situación que compromete su seguridad.
Subraya que establecer límites no tiene como fin lastimar a los demás, sino protegerse de aquello que afecta el bienestar personal. Aunque al principio algunas personas pueden sentirse incómodas con los cambios, expresar las propias necesidades permite construir relaciones más respetuosas.
Aprender a decir “no”, tomar distancia cuando es necesario y pedir ayuda ante situaciones que rebasan nuestras posibilidades son acciones que contribuyen al cuidado personal.
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