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PRENSA IBERO
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• Maíz, trigo, arroz, soya, caña de azúcar, palma aceitera, remolacha azucarera, yuca y sorgo dominan la producción global. Depender de pocas especies incrementa la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios ante sequías, inundaciones, plagas y cambios de temperatura
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Aunque en el mundo existen alrededor de 50 mil especies potencialmente comestibles, sólo nueve cultivos concentran aproximadamente 65% de la producción global de alimentos. Esta dependencia reduce la capacidad de los sistemas agrícolas para enfrentar el cambio climático y muestra la urgencia de proteger y diversificar aquello que cultivamos y comemos. Así lo expone la Mtra. María Zorrilla Ramos, académica de la Licenciatura en Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana, en el artículo “Agrobiodiversidad: el seguro alimentario de México”, publicado en el número más reciente de
Los nueve cultivos que dominan la producción mundial son maíz, trigo, arroz, soya, caña de azúcar, palma aceitera, remolacha azucarera, yuca y sorgo. La concentración resulta especialmente significativa si se considera que unas 200 especies contribuyen de manera sustancial a la dieta humana.
La agrobiodiversidad comprende la variedad de plantas, animales, hongos y microorganismos relacionados con la alimentación, así como los ecosistemas, prácticas culturales y conocimientos que han permitido conservarlos. No se trata únicamente de un patrimonio natural: es resultado de la relación construida durante miles de años entre las sociedades, las especies y sus territorios.
Contar con diferentes especies y con distintas variedades dentro de una misma especie funciona como un seguro frente a los riesgos climáticos. Cuando cambian la temperatura y los patrones de lluvia, o aumentan las sequías, inundaciones y plagas, algunos cultivos pueden dejar de ser adecuados para determinados territorios.
Una mayor diversidad incrementa la posibilidad de contar con variedades capaces de adaptarse a las nuevas condiciones. También fortalece los intercambios de nutrientes y los procesos naturales que hacen más resilientes los sistemas de producción.
La concentración agrícola, por el contrario, puede volver más frágil el abasto de alimentos. A ello se suman prácticas insostenibles como el uso indiscriminado de sustancias químicas, fertilizantes minerales y plaguicidas.
El incremento de la producción y de la disponibilidad de calorías tampoco ha garantizado una nutrición adecuada. En 2021, 42% de la población mundial no podía pagar una alimentación saludable; el porcentaje ascendía a 86% en países de ingresos bajos y a 70% en aquellos de ingresos medianos bajos.
México ocupa un lugar fundamental en la conservación de la agrobiodiversidad. El territorio que hoy conforma el país fue uno de los nueve sitios del mundo donde comenzó la agricultura hace aproximadamente 10 mil años.
Aquí fueron domesticadas o diversificadas alrededor de 200 especies, entre ellas maíz, frijol, calabaza, tomate de cáscara, jitomate, aguacate, camote, cacao, vainilla y amaranto. Esta riqueza representa una ventaja frente a la crisis climática, pero también impone la responsabilidad de conservar los ecosistemas y reconocer a quienes los han protegido.
La Mtra. Zorrilla subraya que la agrobiodiversidad no nace sola. Su permanencia depende del trabajo y de los conocimientos transmitidos por comunidades campesinas y pueblos indígenas, a quienes debe reconocerse como custodios del patrimonio biocultural de México y del mundo.
Existe, además, una relación entre los territorios con mayor diversidad biológica y aquellos donde persiste una amplia diversidad lingüística. Proteger los cultivos implica, por tanto, defender también los conocimientos, las culturas y las formas de organización que han permitido conservarlos.
Uno de los principales ejemplos es la milpa mesoamericana, un sistema agroecológico en el que pueden convivir maíz, frijol, calabaza, quelites, árboles, insectos, hongos y otros organismos.
Esta convivencia favorece la polinización, el control biológico de plagas y la fertilidad del suelo. Además de mantener una elevada diversidad, la milpa continúa siendo la base alimentaria de numerosas regiones y un componente esencial de la gastronomía mexicana.
También destacan los huertos familiares, presentes tanto en comunidades rurales como en espacios periurbanos. Estos sistemas permiten cultivar plantas y criar animales dentro del entorno familiar, ofrecen alimentos de alto valor nutricional a bajo costo y pueden mejorar considerablemente la calidad de la dieta.
No obstante, los huertos enfrentan amenazas derivadas de la urbanización desordenada y del crecimiento de las áreas destinadas a vivienda. Las comunidades que conservan estos sistemas también viven condiciones de vulnerabilidad relacionadas con la pobreza, las presiones sobre sus territorios y la pérdida de la integridad de los ecosistemas.
La académica de la Licenciatura en Sustentabilidad sostiene que las universidades deben asumir una postura ética desde la docencia y la investigación. Esto implica reconocer que la seguridad alimentaria descansa en los conocimientos y el trabajo de las personas y comunidades que han resguardado la diversidad agrícola durante generaciones.
También deben acompañarlas dentro de un marco de respeto a sus saberes y derechos, especialmente ante el deterioro ambiental y las amenazas territoriales que ponen en riesgo sus formas de vida.
Diversificar la alimentación no consiste solamente en incorporar nuevos productos a la dieta. Requiere conservar especies y variedades, fortalecer sistemas como la milpa y los huertos familiares y garantizar que las comunidades responsables de este patrimonio puedan continuar su labor. Frente al cambio climático, la diversidad agrícola representa una reserva viva de alternativas para alimentar a las generaciones presentes y futuras.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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