PRENSA IBERO
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23 DE ABRIL DE 2026
Por: Luis Reyes
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Solo 15% de población adulta alcanza una inclusión financiera productiva, la cual es generadora de emprendimientos, ingresos y patrimonio a través de servicios financieros. Aunque en México ha avanzado en cobertura, no necesariamente en profundidad, reveló la investigación “Inclusión Financiera: Retos y Oportunidades”, desarrollada por el Mtro. Óscar Flores Choperena, Académico de la Universidad Iberoamericana (IBERO) del Departamento de Estudios Empresariales.

El estudio elaborado en colaboración con Banco Azteca analizó cómo las instituciones financieras mexicanas conceptualizan, operan y miden la inclusión financiera, y planteó que abrir una cuenta bancaria no significa necesariamente una inclusión real.
Durante la presentación, se explicó que actualmente el 76.5% de la población adulta en México cuenta con al menos un producto financiero, cifra que en apariencia refleja avances importantes en bancarización.

Sin embargo, el hallazgo central muestra que la mayoría de esa población permanece en un nivel básico de inclusión, limitado al uso cotidiano de herramientas transaccionales, sin lograr una transformación estructural en sus condiciones económicas.
La investigación identifica tres niveles de inclusión financiera. El primero, denominado inclusión transaccional, representa el 55% del sistema y se refiere al acceso y uso de herramientas básicas como cuentas de ahorro, tarjetas o medios de pago para administrar el dinero diariamente. Es la puerta de entrada al sistema financiero formal.

El segundo nivel, la inclusión intermedia, equivale al 30% y contempla el uso de instrumentos para gestionar riesgos y planificar el futuro, como seguros, ahorro de largo plazo o mecanismos que permiten acumular activos y reducir vulnerabilidades.
Finalmente, la inclusión productiva, que apenas representa el 15%, constituye el nivel más avanzado: aquel en el que los servicios financieros permiten incrementar la generación de ingresos, impulsar emprendimientos y detonar desarrollo económico sostenido.
Para el Mtro. Óscar Flores Choperena, uno de los autores del estudio, el problema es que las instituciones siguen midiendo la inclusión desde la lógica de apertura de cuentas y no desde la generación de valor económico y social.

Durante su intervención, presentó el caso de “Milagros y Dolores”, una historia real que ilustra cómo la inclusión financiera puede convertirse en un puente hacia la movilidad social cuando existe acompañamiento y condiciones materiales adecuadas.
La Dra. Graciela Teruel Belismelis, Directora de la División de Estudios Sociales (DES) de la IBERO, señaló que hablar de inclusión financiera no es únicamente hablar de acceso a servicios, sino de condiciones reales de posibilidad.

Subrayó que, aunque más del 76% de la población adulta cuenta hoy con algún producto financiero, esta cifra convive con brechas persistentes en el uso efectivo de esos instrumentos y en la capacidad de las personas para convertirlos en herramientas de transformación.
“El verdadero desafío radica en que el acceso no es suficiente”, planteó, al insistir en que las soluciones deben considerar las condiciones materiales del entorno y las barreras estructurales que enfrentan millones de personas.
Desde la perspectiva académica, la Dra. Selena Gaxiola Laso, de la Universidad Anáhuac México, sostuvo que el problema responde tanto a fallas de oferta como de demanda.

Explicó que para las instituciones financieras resulta más sencillo ofrecer productos masivos y medir transacciones que acompañar procesos complejos de crecimiento económico. Del lado de la demanda, persisten factores como la desconfianza en el sistema financiero, la informalidad laboral y la falta de educación financiera.
Además, propuso que las instituciones deberían verificar el destino de los créditos otorgados y acompañar a los emprendedores en el proceso, ya que prestar dinero sin seguimiento difícilmente garantiza desarrollo.
La perspectiva de género fue uno de los puntos más relevantes del panel. La Mtra. Ofelia Elena Vassallo, advirtió que los modelos tradicionales de riesgo están diseñados sobre trayectorias profesionales masculinas: empleo formal, continuo y sin interrupciones.

Ese sesgo estructural, explicó, excluye a muchas **mujeres cuyos patrones laborales son distintos **debido a responsabilidades de cuidado, informalidad o trayectorias intermitentes.
Aunque cada vez más mujeres invierten y emprenden para generar empleo, enfrentan una paradoja: si no están formalizadas, no califican para préstamos; pero formalizarse implica cargas fiscales complejas y costosas.
Por ello, defendió una educación financiera contextualizada, donde no solo se controle un producto financiero, sino que realmente se comprenda cómo utilizarlo estratégicamente.
Desde la visión bancaria, el Mtro. Roberto Ramos Maruri reconoció que aún quedan pendientes importantes, especialmente en facilitar el acceso y cambiar el lenguaje técnico que utilizan los bancos.

Consideró necesario traducir los productos financieros a un lenguaje comprensible para productores, pequeños empresarios y emprendedores, particularmente en sectores como el agroindustrial.
También, señaló que bancos con mayor presencia regional, como Banco Azteca, Banregio, Afirme o Banco del Bajío, suelen entender mejor la realidad económica local que los grandes modelos corporativos construidos desde historiales transaccionales estandarizados.
Ramos también abordó el papel de la informalidad y las regulaciones contra el lavado de dinero, que representan restricciones reales para ampliar el acceso al crédito. Encontrar un equilibrio entre regulación, inclusión y flexibilidad, dijo, requiere coordinación entre gobierno, banca y sociedad.
Incluso propuso el uso de Inteligencia Artificial para traducir productos y cursos de educación financiera a lenguas originarias, reconociendo que la alfabetización financiera en México sigue siendo incipiente.
La investigación sistematizó barreras que frenan la inclusión productiva: miedo al banco, falta de credenciales de identidad, restricciones para personas migrantes, informalidad laboral, cargas fiscales excesivas para emprendedores, modelos de riesgo poco sensibles a trayectorias no convencionales y regulaciones de lavado de dinero que dificultan demostrar el origen de ingresos informales.

Flores Choperena advirtió además sobre un fenómeno creciente: personas de economía plateada que retiran sus Afores para emprender sin conocimientos de negocio, lo que incrementa su vulnerabilidad financiera.
Ante ello, propuso la creación de aceleradoras y centros de emprendimiento especializados que acompañen este tipo de procesos y eviten que la inclusión financiera se convierta en una nueva forma de exclusión.
Por: Luis Reyes
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