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PRENSA IBERO
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• En entrevista exclusiva con Prensa IBERO, Anacláudia Rossbach, subsecretaria general de las Naciones Unidas y directora ejecutiva de ONU-Hábitat, explica por qué el desarrollo inmobiliario no necesariamente se traduce en viviendas asequibles. La especialista advierte que los sistemas habitacionales tradicionales han dejado de funcionar, mientras que el encarecimiento del suelo, la especulación y las limitaciones de las políticas públicas dificultan que las juventudes puedan acceder a un hogar. Ante una crisis que afecta hasta a 3,400 millones de personas en el mundo, destaca la importancia de vincular a universidades como la IBERO con los esfuerzos internacionales para construir soluciones
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

En una ciudad donde los edificios de departamentos forman parte del paisaje cotidiano, conseguir un espacio propio sigue siendo un sueño difícil de alcanzar para miles de jóvenes. Mientras nuevos desarrollos inmobiliarios transforman distintas zonas de la Ciudad de México, muchas personas deben buscar vivienda en lugares cada vez más alejados de sus centros de trabajo o estudio.
¿Cómo explicar que una ciudad tenga una intensa actividad inmobiliaria y, al mismo tiempo, tantas personas enfrenten dificultades para encontrar una vivienda que puedan pagar?
Para Anacláudia Rossbach, subsecretaria general de las Naciones Unidas y directora ejecutiva de ONU-Hábitat
En entrevista exclusiva con Prensa IBERO, durante su visita a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, la funcionaria brasileña explicó que la capital mexicana comparte una problemática con otras grandes metrópolis del planeta: el desarrollo urbano no siempre responde a las necesidades habitacionales de la población.
“Lo que pasa en Ciudad de México pasa en muchas otras metrópolis globales”, señaló.
Y aunque el fenómeno no es exclusivo de México, advirtió que la capital enfrenta presiones particulares relacionadas con su atractivo turístico y el elevado precio de los terrenos.
“El suelo es caro en Ciudad de México, así como es en otras grandes ciudades”, explicó, al reconocer que acceder a terrenos bien ubicados constituye una de las principales barreras para ampliar la oferta de vivienda social.
Durante la conferencia La crisis global de vivienda: caminos hacia la acción desde las juventudes, que ofreció posteriormente ante estudiantes y docentes de la Licenciatura en Arquitectura de la IBERO, Rossbach profundizó en una de las grandes contradicciones del mercado inmobiliario contemporáneo.
Las ciudades pueden experimentar transformaciones importantes en su infraestructura, desarrollar nuevos mecanismos de financiamiento y ampliar sus mercados de vivienda sin que eso signifique necesariamente una reducción del déficit habitacional.
De acuerdo con la especialista, América Latina ofrece ejemplos de este fenómeno: aunque su parque habitacional ha cambiado y sus sistemas financieros se han sofisticado, las necesidades de vivienda de millones de personas siguen sin resolverse.
El problema, sostuvo, es que el funcionamiento del mercado no siempre corresponde con la capacidad económica de la población.
En su exposición explicó que los precios inmobiliarios pueden mantenerse fuera del alcance de amplios sectores sociales, incluso cuando existen mecanismos para financiar su adquisición.
A ello se suma que la actividad inmobiliaria también puede tener efectos especulativos e incrementar el valor de los terrenos, especialmente en las grandes ciudades.
“El mercado no llega y las políticas no llegan”, resumió la funcionaria al describir las limitaciones de ambos mecanismos para responder a las necesidades habitacionales.
Rossbach advirtió que ampliar el financiamiento inmobiliario puede generar inversión y empleos, pero cuando estas acciones no se acompañan de una adecuada regulación del suelo y planificación urbana, también pueden provocar distorsiones en los precios.
En otras palabras, construir más viviendas no garantiza que sean accesibles para quienes las necesitan.
Esta contradicción forma parte de un fenómeno internacional que ONU-Hábitat ha documentado en su Reporte Mundial de Ciudades 2026: La crisis global de la vivienda. Caminos hacia la acción.
El informe estima que hasta 3,400 millones de personas carecen de acceso a una vivienda adecuada, segura y protegida, mientras que el déficit habitacional mundial pasó de 251 millones de unidades en 2010 a 288 millones en 2023.
Durante la conversación con Prensa IBERO, preguntamos a Rossbach por qué gobiernos, empresas y juventudes parecen tener tantas dificultades para ponerse de acuerdo sobre el futuro de la vivienda en ciudades como la capital mexicana.
Su respuesta cuestionó una idea frecuente: que todavía no contamos con soluciones para enfrentar la crisis.
“Yo creo que hoy en día tenemos los instrumentos técnicos para ampliar la oferta de suelo a vivienda social”, aseguró.
La directora ejecutiva de ONU-Hábitat mencionó experiencias internacionales que permiten reservar terrenos para vivienda social, establecer zonas de interés social y generar condiciones para que los desarrolladores privados incorporen soluciones habitacionales destinadas a distintos sectores económicos.
Sin embargo, explicó que disponer de estas herramientas no significa que resulte sencillo ponerlas en práctica.
Uno de los principios que destacó fue la función social del suelo, reconocida en la Nueva Agenda Urbana de Naciones Unidas, que plantea la necesidad de considerar el interés colectivo en el aprovechamiento de la propiedad y el territorio.
Aunque existen instrumentos legales y de planificación, aplicarlos implica conciliar intereses que frecuentemente entran en tensión.
Por ello, Rossbach consideró indispensable construir acuerdos que permitan combinar la participación del mercado inmobiliario con políticas públicas que amplíen efectivamente el acceso a la vivienda.
El desafío, indicó, consiste en llevar las soluciones existentes a una escala suficiente para responder a las necesidades de la población.
Lo que ocurre en la Ciudad de México forma parte de una crisis mucho más amplia.
Rossbach explicó que durante décadas las dificultades para conseguir vivienda digna estuvieron asociadas principalmente con los países del llamado sur global, donde la desigualdad, los bajos ingresos y las limitaciones fiscales de los gobiernos han obligado a millones de familias a recurrir a la autoconstrucción, tanto formal como informal.
Sin embargo, actualmente estas dificultades también afectan a países de mayores ingresos.
En ciudades de Norteamérica, Europa y Japón, las nuevas generaciones enfrentan barreras económicas para comprar o alquilar una vivienda.
“Hoy hay denominadores comunes entre el norte y el sur”, señaló la funcionaria, al explicar por qué Naciones Unidas reconoce la existencia de una crisis global de vivienda.
El problema también se refleja en el ingreso que las familias deben destinar a mantener un techo.
Según el Reporte Mundial de Ciudades 2026, 44% de los hogares arrendatarios del mundo gastan más del 30% de sus ingresos en renta.
Durante su conferencia en la IBERO, Rossbach cuestionó que ese porcentaje pueda considerarse una referencia universal para determinar cuándo una vivienda resulta asequible.
Para una familia de bajos ingresos, explicó, dedicar casi una tercera parte de sus recursos al alquiler puede representar un sacrificio considerable.
Ese dinero deja de estar disponible para necesidades igualmente importantes, como la alimentación, la educación o la salud.
La especialista señaló que ampliar los modelos de vivienda en renta puede ofrecer alternativas, particularmente para jóvenes y personas que atraviesan etapas de transición. No obstante, advirtió que tampoco debe considerarse una solución automática.
En América Latina, la propiedad de la vivienda cumple también una función de protección social y seguridad económica para numerosas familias, especialmente donde los sistemas de seguridad social presentan limitaciones.
Para Rossbach, la gravedad de la crisis habitacional evidencia que las soluciones tradicionales ya no son suficientes.
“¿Por qué estamos en crisis? Porque los sistemas anteriores ya no funcionan”, afirmó durante la entrevista.
Esta situación requiere transformaciones que van más allá de los mecanismos de crédito o de la construcción de nuevos desarrollos.
También implica revisar cómo se distribuye el suelo, dónde se localizan las viviendas, qué servicios tienen disponibles y de qué manera se integran a la ciudad.
Durante su ponencia, la representante de Naciones Unidas explicó que incluso los programas de vivienda subsidiada pueden reproducir problemas urbanos cuando las construcciones se concentran en zonas periféricas y desconectadas de las oportunidades que ofrecen las ciudades.
Por ello, insistió en la necesidad de articular los sistemas de financiamiento con la planificación territorial.
Además, destacó la importancia de aprovechar las construcciones existentes, adaptar los espacios a las nuevas dinámicas familiares y considerar los efectos ambientales del desarrollo urbano.
Sin embargo, para imaginar nuevos modelos de vivienda, la directora ejecutiva de ONU-Hábitat considera indispensable incorporar una mirada que frecuentemente queda fuera de las grandes decisiones: la de las juventudes.
“Necesitamos de los jóvenes, no podemos hacerlo solos”, enfatizó.
La funcionaria explicó que las nuevas generaciones deberán participar activamente en el diseño de soluciones, pues serán quienes habiten las ciudades que se están construyendo y quienes enfrentarán las consecuencias de las decisiones actuales.
La conversación sobre el futuro de las ciudades también abrió espacio para reconocer el papel que pueden desempeñar las universidades en la transformación de las políticas habitacionales.
Durante su visita a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Rossbach agradeció la contribución de la institución a la traducción al español del Reporte Mundial de Ciudades 2026, dedicado a la crisis global de la vivienda.
Esta aportación académica permitirá ampliar la difusión de los hallazgos del organismo internacional entre comunidades hispanohablantes y facilitar el acceso a información relevante para comprender los desafíos habitacionales de América Latina.
Para la funcionaria, esta colaboración demuestra por qué la participación universitaria resulta fundamental en la búsqueda de soluciones.
En entrevista con Prensa IBERO, explicó que las instituciones educativas pueden contribuir mediante la investigación de las dinámicas urbanas, la formación de profesionales y el desarrollo de capacidades técnicas para los gobiernos, particularmente los municipales.
También destacó la necesidad de actualizar los contenidos educativos para responder a las transformaciones económicas, sociales y territoriales que enfrentan las ciudades.
La conferencia fue impulsada desde la Licenciatura en Arquitectura de la IBERO, cuya comunidad estudiantil y académica tuvo la oportunidad de dialogar directamente con una de las principales responsables de la agenda mundial de vivienda.
La participación de ONU-Hábitat permitió acercar a las aulas discusiones sobre el derecho a la vivienda, la planificación urbana, la sostenibilidad, la desigualdad y el papel de las políticas públicas en la construcción de ciudades más justas.
Este tipo de vinculación internacional fortalece una visión de la Arquitectura que trasciende el diseño de edificios y coloca en el centro a las personas, sus necesidades y las condiciones sociales que determinan cómo viven.
Y es que, frente a un mundo donde millones de personas no pueden acceder a una vivienda digna, formar profesionales capaces de cuestionar los modelos urbanos existentes y proponer alternativas resulta cada vez más relevante.
La paradoja que enfrenta la Ciudad de México no puede entenderse únicamente contando edificios o departamentos.
Como explicó Rossbach, la crisis habitacional también depende de las condiciones económicas de las familias, el precio del suelo, la localización de las viviendas, la regulación del mercado y la capacidad de las políticas públicas para responder a las necesidades sociales.
La discusión, entonces, va mucho más allá de seguir construyendo.
¿De qué sirve multiplicar la oferta inmobiliaria si las personas que necesitan un hogar no pueden acceder a ella? ¿Qué tipo de ciudades estamos creando cuando vivir cerca del trabajo, la escuela y los servicios básicos se convierte en un privilegio?
Para la directora ejecutiva de ONU-Hábitat, las herramientas técnicas existen, pero todavía es necesario encontrar la manera de implementarlas mediante acuerdos entre gobiernos, empresas, comunidades y universidades.
Conoce más sobre la Licenciatura en Arquitectura de la IBERO.
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