Podría interesarte
PRENSA IBERO
PRENSA IBERO
• Aunque septiembre registra la mayor cantidad de sismos en México, un análisis del catálogo histórico del Servicio Sismológico Nacional muestra que diciembre concentra más movimientos de magnitud 6 o superior; el responsable de Protección Civil de la IBERO llama a sustituir los mitos y el miedo por información y prevención
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Aunque septiembre es el mes con más sismos registrados en México desde 1900, diciembre concentra el mayor número de movimientos de magnitud 6 o superior, de acuerdo con un análisis realizado por el Arq. Norberto Sánchez Garduño, responsable de Protección Civil de la Universidad Iberoamericana.
El especialista, egresado de la primera generación de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la IBERO, analizó los eventos consignados en el catálogo consultado del
En ese lapso se registraron 396 mil 816 sismos de diferentes magnitudes en el territorio mexicano. Septiembre ocupa el primer lugar, con 39 mil 265 movimientos, seguido por enero, con 36 mil 331.
Sin embargo, esto no significa que septiembre concentre los sismos de mayor intensidad ni que la llegada de ese mes permita anticipar un terremoto destructivo.
Cuando Sánchez Garduño filtró únicamente los movimientos de magnitud 6 o superior, los que generalmente tienen un mayor potencial de causar daños, encontró 329 registros. Diciembre encabeza la lista con 38; le siguen junio, con 35, y abril, con 32. Septiembre aparece con 28.
Diciembre no concentra la mayoría absoluta de los sismos fuertes, pero sí es el mes con la mayor cantidad dentro del periodo analizado.
“Geológicamente, todo el tiempo está temblando”, explicó Sánchez Garduño. La corteza terrestre está dividida en placas tectónicas que se mantienen en movimiento constante, por lo que no existe una relación comprobada entre la actividad sísmica y un mes determinado.
En México, detalló, buena parte de los movimientos que afectan a la Ciudad de México se origina en las costas del Pacífico, donde la placa de Cocos se introduce debajo de la placa de Norteamérica.
El terremoto de 1985, por ejemplo, tuvo su origen frente a las costas de Michoacán. En cambio, el del 19 de septiembre de 2017 fue un sismo intraplaca, producido por una ruptura en el interior de la placa de Norteamérica. Debido a que su epicentro se localizó entre Puebla y Morelos, la distancia con la capital fue considerablemente menor.
“Decir qué relación existe entre que tiemble más en un mes que en otro no es posible. Las placas tectónicas están en movimiento todo el tiempo y en todo el mundo”, señaló.
Los sismos ocurridos el 19 de septiembre de 1985, 2017 y 2022 reforzaron la percepción de que esa fecha tiene alguna particularidad. No obstante, datos obtenidos por el especialista en una capacitación y compartidos con Prensa IBERO muestran que otros días del calendario acumulan un número mayor de coincidencias.
El 7 de junio reúne cinco movimientos registrados en distintos años: 1911, 1918, 1976 y dos en 1982. El 28 de agosto y el 24 de octubre acumulan cuatro eventos cada uno, mientras que el 19 de septiembre aparece con tres.
Estas recurrencias son coincidencias estadísticas y no permiten determinar cuándo ocurrirá el próximo sismo. Actualmente no existe un método que permita predecir con exactitud el día, la hora, el lugar y la magnitud de un movimiento telúrico.
Para Sánchez Garduño, conocer estos datos puede ayudar a disminuir la ansiedad que algunas personas experimentan durante septiembre, particularmente quienes vivieron pérdidas, daños estructurales o situaciones traumáticas durante los terremotos de 1985 y 2017.
La manera en que cada persona responde ante una emergencia, explicó, depende de varios factores, entre ellos sus experiencias previas. Quien estuvo en un inmueble dañado o perdió a una persona cercana puede reaccionar de forma distinta a quien no experimentó consecuencias graves.
En esos casos, los cursos y simulacros pueden proporcionar herramientas para saber cómo actuar, aunque no sustituyen la atención psicológica cuando existe un trauma.
“El conocimiento te da muchas herramientas. Entre más conozcas el peligro y tus riesgos, más elementos tendrás para crear tus propios protocolos de actuación”, afirmó.
La primera recomendación es conocer los lugares que se frecuentan, ya sea la casa, la escuela, el trabajo, un cine o un restaurante. En cada inmueble deben identificarse las zonas de menor riesgo, los elementos estructurales, las rutas de evacuación, las salidas de emergencia y los puntos de reunión.
Sánchez Garduño aconsejó calcular cuánto tiempo toma llegar desde el sitio que se ocupa habitualmente hasta una zona de menor riesgo o un punto de reunión. Esto permite tomar una decisión más segura cuando se activa la alerta sísmica.
Si existe tiempo suficiente y el protocolo del inmueble indica evacuar, se debe avanzar de manera ordenada hacia el punto establecido. Si no es posible salir con seguridad, hay que dirigirse a la zona de menor riesgo previamente identificada.
Una regla fundamental es no intentar evacuar mientras el piso ya se encuentra en movimiento.
“Si ya se mueve, no te muevas”, resumió el especialista.
Una vez concluido el sismo, la evacuación debe realizarse de manera ordenada. En escuelas, oficinas y otros espacios de trabajo es indispensable atender las indicaciones del personal brigadista, que debe revisar previamente que las rutas no estén obstruidas por cristales, lámparas, plafones u otros objetos.
Al llegar al exterior, tampoco debe asumirse que cualquier lugar es seguro. Es necesario alejarse de fachadas, cristales, árboles, postes, transformadores y vialidades transitadas.
Antes de regresar a un edificio se debe esperar la autorización de las brigadas o de las autoridades correspondientes. En una vivienda, se recomienda realizar primero una inspección desde el exterior para detectar inclinaciones, grietas u otros daños visibles. Al entrar, debe verificarse que no existan objetos desprendidos, afectaciones estructurales ni olor a gas.
El responsable de Protección Civil de la IBERO alertó sobre consejos sin respaldo técnico que circulan en redes sociales, como el llamado “triángulo de la vida”, subir a la azotea durante un sismo o adoptar posiciones que no forman parte de los protocolos establecidos por las autoridades.
Para encontrar información confiable, recomendó consultar los materiales y cursos de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México, así como los contenidos del Centro Nacional de Prevención de Desastres.
También llamó a participar con seriedad en los simulacros, aún cuando la alerta sorprenda a las personas fuera de su casa, escuela u oficina. Estos ejercicios permiten reconocer las condiciones particulares de cada espacio y practicar decisiones que pueden ser determinantes durante una emergencia real.
“Infórmense, conozcan los lugares en donde estén y participen en los simulacros. El conocimiento es lo que nos puede ayudar a disminuir los temores y, sobre todo, a desmentir los mitos”, concluyó Sánchez Garduño.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219