PRENSA IBERO
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18 DE MARZO DE 2026
Por: Dr. Alejandro Tapia de Jesús
AUTOR
Académico del Departamento de Salud

Hay momentos en los que creemos que ser felices es “sentirnos bien” todo el tiempo, como si la felicidad fuera una meta que se alcanza cuando todo encaja: trabajo, cuerpo, relaciones, logros. Sin embargo, la evidencia científica sugiere algo distinto: la felicidad no es un estado perfecto, sino un equilibrio dinámico que se construye día a día.
Para entenderla, vale la pena distinguir tres experiencias que muchas veces confundimos:
La felicidad, entonces, no es la ausencia de tristeza, ansiedad o incertidumbre, sino la capacidad de atravesarlas sin perder el rumbo. Es poder sentir, procesar y continuar de manera adaptativa, sin perder coherencia interna. A nivel biológico, este proceso involucra sistemas complejos: la serotonina regula el estado de ánimo, la dopamina participa en la motivación y la oxitocina fortalece los vínculos [3]. No se trata de “activar” una sola sustancia, sino de vivir de forma que estos sistemas encuentren equilibrio.
Y aquí es donde lo cotidiano cobra relevancia.
Pero quizá lo más importante no está en lo que hacemos, sino en hacia dónde dirigimos nuestra vida. Tener un propósito —algo que trascienda el reconocimiento personal y contribuya a otros— se asocia con mayor bienestar y resiliencia [6]. Cuando dejamos de centrarnos únicamente en nosotros mismos, algo cambia: la felicidad deja de ser una búsqueda individual y se convierte en una experiencia compartida.
Tal vez la felicidad no es “llegar” a algún lugar, sino aprender a habitar nuestra vida con mayor presencia, intención y conexión. Y si suena repetido, quizá no es porque sea superficial, sino porque es una verdad que aún no terminamos de entender. No es una exigencia ni un estándar, sino la comprensión de que podemos construir algo significativo incluso en medio de la incertidumbre.
La felicidad trasciende, no es un bien que nos llevamos, es un sentir que dejamos.
A la memoria de mi abuelita Panchita, que sin tener nada lo dio todo. Fue feliz y ésa es su herencia.
Referencias:
Por: Dr. Alejandro Tapia de Jesús
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