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PRENSA IBERO
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• El Dr. Vicente Ramírez Casillas, académico del CIIESS IBERO, plantea que ampliar la matrícula en educación superior no basta • Indica que este nivel educativo debe responder a necesidades regionales y formar capacidades vinculadas con el desarrollo del país • Señala que el desafío es que estudiantes universitarios desarrollen capacidades para ejercer una profesión con pensamiento crítico y responsabilidad social • Las universidades tienen que enseñar a usar herramientas como la IA sin permitir que sustituyan el aprendizaje, afirma
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

¿Es justo que un examen determine quién puede estudiar una carrera? Detrás de esa discusión hay un problema más complejo: qué tipo de educación superior necesita el país, para quién debe estar diseñada y qué capacidades debería desarrollar en sus estudiantes.
Para el Dr. Vicente Manuel Ramírez Casillas, académico del Centro Internacional de Investigaciones de la Economía Social (CIIESS) de la Universidad Iberoamericana (IBERO)
En entrevista con Prensa IBERO, señaló que México enfrenta una crisis marcada por rezagos acumulados desde la educación básica, donde la oferta universitaria no siempre corresponde con las necesidades de las regiones y mecanismos de evaluación que deben replantearse sin abandonar la medición de capacidades.
La discusión sobre los procesos de admisión ha cobrado fuerza ante el número limitado de lugares disponibles en algunas instituciones de educación superior y la presión de estudiantes que buscan continuar su formación profesional.
El Dr. Ramírez Casillas consideró que el problema no puede resolverse simplemente eliminando los mecanismos de evaluación o abriendo indiscriminadamente los espacios.
Para el académico, “evaluar es necesario” porque permite saber si una persona cuenta con las capacidades requeridas para desempeñar una profesión. El verdadero desafío está en determinar qué se evalúa, cómo se hace y qué ocurre con quienes llegan a la educación superior con deficiencias acumuladas.
El especialista apuntó que un estudiante puede ingresar a una institución, pero eso no garantiza que esté preparado para ejercer profesionalmente y la formación universitaria tendría que permitirle desarrollar capacidades técnicas, pensamiento crítico y una responsabilidad ética frente a su futuro desempeño.
En ese contexto, refirió que el debate sobre la admisión deba acompañarse sobre la calidad de la educación que reciben las y los estudiantes antes y después de entrar a la educación superior.
El académico cuestionó que la política educativa pueda reducirse a generar más espacios para quienes no consiguen ingresar a las instituciones de mayor demanda.
En su análisis, crear nuevas universidades puede ser positivo, pero sólo si estas instituciones están vinculadas con las necesidades concretas de las regiones donde operan: sus actividades productivas, los sectores que necesitan trabajadores especializados o los problemas sociales y ambientales que existen.
“Un ejemplo es el contraste entre regiones con un fuerte desarrollo industrial y tecnológico y otras donde predominan actividades agrícolas, microempresariales o cooperativas. No tendría sentido ofrecer exactamente las mismas carreras y planes de estudio en todos los lugares si las necesidades son diferentes”, acotó.
Ramírez Casillas señaló que en distintos estados se mantienen carreras tradicionales como Derecho, Administración o Medicina, mientras otras áreas relacionadas con los cambios productivos y tecnológicos requieren mayor fortalecimiento.
“La transformación tecnológica, la inteligencia artificial, la industria y las nuevas formas de organización económica están modificando las capacidades que demanda el mercado laboral”, dijo.
Por eso, sostuvo, no se trata simplemente de crear nuevas licenciaturas por moda, sino de investigar qué está ocurriendo en las distintas regiones y qué tipo de profesionales necesita el país.
La llegada de la inteligencia artificial ha agregado una nueva dimensión al problema. Advirtió que las universidades tienen que enseñar a usar estas herramientas sin permitir que sustituyan el aprendizaje. Una tecnología puede resolver un examen, pero no significa que el estudiante haya adquirido los conocimientos necesarios.
El reto es que la inteligencia artificial sea utilizada como una herramienta que fortalezca las capacidades humanas y no como un mecanismo para evitar el esfuerzo intelectual.
Para Ramírez Casillas, esto obliga a replantear las formas tradicionales de evaluación. Si una persona puede usar una herramienta tecnológica para producir en minutos un trabajo que antes requería horas, la educación debe preguntarse qué es exactamente lo que quiere evaluar.
Dijo que en ese contexto adquieren especial importancia capacidades como la comprensión de lectura, el pensamiento analítico, la reflexión y la capacidad de utilizar una tecnología sin dejar que ésta piense por el estudiante.
Ramírez Casillas sostuvo que tanto la educación pública como las instituciones privadas con una orientación social tienen el reto de formar profesionales capaces de entender que su trabajo tiene consecuencias más allá de su beneficio individual.
La educación, sostuvo, debe contribuir a que médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, comunicadores y otros profesionales puedan desempeñar correctamente su función, y comprendan su responsabilidad dentro de un proyecto colectivo.
En ese sentido, el académico recuperó una idea que considera fundamental: “no se trata solamente de ayudar a quien enfrenta una situación desfavorable, sino de darle las herramientas para que pueda desarrollar sus propias capacidades”.
La metáfora es aprender a “pescar”, pero hacerlo desde una perspectiva colectiva: formar personas capaces de desenvolverse profesionalmente y, al mismo tiempo, contribuir al desarrollo de su comunidad y del país.
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