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PRENSA IBERO
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• En el marco del Día Mundial de la Salud Sexual, el Departamento de Psicología realiza jornada que coloca en el centro la diversidad corporal, las identidades y el derecho a vivir la sexualidad con autonomía, seguridad, placer y respeto • Especialistas coinciden que hablar de salud sexual significa reconocer el derecho de cada persona a conocer su cuerpo, tomar decisiones, experimentar placer y establecer vínculos
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

La Universidad Iberoamericana (IBERO) realizó la Quinta Jornada por el Día Mundial de la Salud Sexual, organizada por el Departamento de Psicología y la Sociedad de Alumnos de Psicología, bajo el lema Every Body, una invitación a reconocer que todos los cuerpos importan y que todas las personas deben tener las mismas posibilidades de ejercer sus derechos sexuales.
Durante la inauguración,
¿Realmente todas las personas tienen las mismas posibilidades de vivir su sexualidad con libertad, placer, seguridad y dignidad? Con esta pregunta, las tres mesas de trabajo cuestionaron aquello que suele darse por hecho y escuchar experiencias diferentes a las propias.
La Lic. Sánchez Granillo señaló que hablar de sexualidad también implica reconocer la diversidad de cuerpos, identidades, orientaciones, edades, capacidades y experiencias, así como las distintas maneras de vivir y expresar la sexualidad.
La propuesta coincidió con el sentido de la conmemoración internacional de este año, que coloca al cuerpo como un espacio donde se viven la sexualidad, la salud, los derechos y la justicia.
La Dra. Sandra Montes de Oca, directora del Departamento de Psicología de la IBERO, destacó que hablar de sexualidad continúa siendo necesario porque existen experiencias y realidades que permanecen rodeadas de silencios, prejuicios, incomodidades e información insuficiente.
Explicó que no existe una única manera de habitar un cuerpo ni una sola forma de vivir la sexualidad. Cada persona experimenta su cuerpo a partir de sus historias, vínculos, contextos, identidades y condiciones.
“La salud sexual no puede reducirse a la prevención o a la ausencia de enfermedad. También comprende bienestar, autonomía, consentimiento, cuidado, relaciones, acceso a información y servicios de salud, así como la posibilidad de conocer el propio cuerpo y tomar decisiones”, indicó.
Durante la conversación de la primera mesa “Todos los cuerpos cuentan: sexualidad, diversidad corporal y existir sin estigma”, se abordó el impacto que tienen los prejuicios y las normas sociales sobre las personas que habitan cuerpos que se alejan de los modelos considerados socialmente deseables.
Fernanda Hernández Gasca, Licenciada en Psicología por la IBERO y Maestra en Análisis Existencial Fenomenológico, habló desde su experiencia de acompañamiento a personas con sobrepeso y obesidad, y de los espacios que ha creado para nombrar y procesar las violencias relacionadas con habitar estos cuerpos.
La especialista cuestionó la manera en que determinados ideales corporales condicionan el deseo y la posibilidad de reconocerse como una persona deseante y deseable.
Uno de los planteamientos de la mesa fue que la libertad sexual resulta difícil de alcanzar cuando una persona aprende primero a rechazar u odiar su propio cuerpo. También abordó cómo determinadas ideas sobre qué cuerpos son deseables pueden limitar las experiencias afectivas, eróticas y sexuales de las personas.
La jornada también puso atención en las experiencias de las personas LGBTQ+ y, particularmente, en los desafíos que enfrentan las corporalidades trans dentro de los espacios de atención y acompañamiento.
Anto Kiaan Guerrero Torres, psicóloga egresada de la IBERO y consejera de la Clínica Especializada Condesa, habló sobre el ejercicio de la sexualidad como una cuestión vinculada con los derechos humanos y la justicia sexual.
Desde su experiencia en el ámbito clínico, destacó la necesidad de comprender las realidades de las poblaciones que reciben atención y de transformar los entornos profesionales para que respondan a la diversidad.
En su intervención señaló que las corporalidades trans son múltiples y que sus experiencias están atravesadas por diferentes factores, entre ellos la transfobia y otras formas de discriminación.
La conversación recuperó la importancia de que las prácticas profesionales reconozcan las relaciones de poder existentes en los espacios clínicos y eviten exigir que las personas se adapten a modelos rígidos de atención.
Para el Mtro. Isaac Torres Gómez, psicólogo egresado con mención honorífica de la IBERO, hablar del derecho al placer implica hablar de autonomía, libre decisión, información y capacidad de decidir sobre el propio cuerpo.
Durante su participación en la quinta Jornada por el Día Mundial de la Salud Sexual de la IBERO, planteó que las posibilidades de experimentar placer están relacionadas con las condiciones sociales, los privilegios y el acceso que tienen las personas a distintos espacios.
En su ponencia, sostuvo que la sexualidad humana no puede reducirse a la reproducción ni a modelos considerados socialmente aceptables. Frente a los ideales corporales y sexuales hegemónicos —asociados con cuerpos delgados, blancos, heterosexuales y con prácticas centradas en la reproducción—, defendió la existencia de múltiples formas de experimentar el placer.
El especialista señaló que el derecho al placer está vinculado con otros derechos sexuales y humanos, como la autonomía, la libre decisión, el acceso a información y la posibilidad de decidir sobre el propio cuerpo. Desde esta perspectiva, la manera en que una sociedad permite o restringe el placer puede mostrar también las desigualdades y los privilegios que existen en ella.
Torres advirtió que muchas personas han aprendido a relacionarse con su propio placer desde la vergüenza, la culpa o la clandestinidad, debido a estructuras patriarcales y coloniales que también se reproducen en la vida cotidiana, en los medios, las redes sociales y las relaciones con otros cuerpos.
Frente a estas restricciones, propuso pensar la transformación no únicamente como una confrontación con el sistema, sino como la creación de otros espacios y otras formas de relacionarse con el cuerpo y el deseo. Para el psicólogo, la transformación puede comenzar en el cambio subjetivo y en las comunidades, recuperando el placer como una forma de agencia.
Su propuesta fue llevar la idea de “desobedecer” al terreno del placer: recuperar aquello que las estructuras sociales han limitado o negado y reconocer que existen múltiples cuerpos, identidades y formas legítimas de experimentar el placer.
En su intervención incluyó entre estas posibilidades el placer de escuchar, tocar, bailar, descansar, besar, sentir, ser visto y ver; pero también reivindicó el placer de personas con distintas corporalidades, edades, identidades, orientaciones sexuales y condiciones de vida. Con ello, planteó que el placer no es único ni responde a un modelo universal, sino que existe en plural y puede convertirse en una manera de recuperar el territorio del propio cuerpo.
“El placer de desobedecer”, concluyó Torres, puede convertirse así en una forma de agencia para las llamadas “cuerpas desobedientes”: aquellas que cuestionan los modelos que determinan qué cuerpos, deseos y experiencias son considerados legítimos.
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