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PRENSA IBERO
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• La extracción de agua subterránea provoca hundimientos regionales que modifican las pendientes del drenaje y pueden fracturar tuberías, explica el Mtro. Miguel Ángel López, Académico del Departamento de Arquitectura Urbanismo e Ingeniería Civil • Señala que hay que controlar la extracción, captar agua de lluvia, sustituir infraestructura y evitar tirar basura en la calle para reducir los riesgos de inundaciones y mejorar el manejo del agua
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Reportero de la IBERO

La Ciudad de México enfrenta hundimientos del suelo que pueden alcanzar hasta los 40 centímetros en algunas zonas. Aunque sus efectos pueden observarse en edificios, calles y monumentos históricos, comprometen la infraestructura hidráulica y contribuyen a que el agua se acumule durante las lluvias intensas.
El Mtro. Miguel Ángel López, académico de Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil, explicó que, cuando se extrae el agua almacenada entre las partículas del suelo, los espacios que antes estaban ocupados por ella pierden parte de su soporte. El peso de las capas superiores provoca entonces la compactación del terreno.
En entrevista con
“El fenómeno tiene raíces históricas. La capital se desarrolló sobre una cuenca cerrada, con antiguos lagos y suelos arcillosos que retienen el agua. A lo largo de los siglos se construyeron obras para desalojarla; sin embargo, la extracción de agua subterránea se convirtió en uno de los principales factores de los hundimientos regionales”, apuntó.
La historia de la capital está ligada al agua. El especialista expuso que antes de la llegada de los españoles, el Valle de México contaba con lagos y una amplia red de ríos. La transformación del territorio y las obras destinadas a desalojar el agua modificaron progresivamente su relación con el entorno lacustre.
A esta historia se suma la extracción de agua de los acuíferos. De acuerdo con el Mtro. López, alrededor de 70 por ciento del abastecimiento de la Ciudad de México proviene de los pozos profundos, mientras que el resto llega del Sistema Lerma-Cutzamala, que aporta el restante del agua potable que se consume en el valle de México.
El especialista detalló que el agua ocupa espacios entre los materiales que conforman el subsuelo. Cuando se extrae y disminuye su presencia, el terreno se compacta por el peso que soporta. Así se producen hundimientos que pueden extenderse por amplias zonas de la ciudad.
El Ángel de la Independencia permite dimensionar el fenómeno. El académico señaló que, al comparar su escalinata actual con imágenes de su inauguración, en septiembre de 1910, se observa una diferencia de más de dos metros.
No todos los hundimientos tienen las mismas características. Refirió que en edificios como el Palacio de Bellas Artes intervienen las condiciones del suelo, el peso de la construcción y el diseño de la cimentación. Cuando distintas partes de una estructura se hunden de forma desigual, se producen los hundimientos diferenciales, capaces de ocasionar daños y deformaciones.
Para el Mtro. Miguel Ángel López, uno de los efectos menos visibles de los hundimientos ocurre en las redes de drenaje. Explicó que estas funcionan por gravedad, por lo que necesitan mantener una pendiente adecuada para que el agua fluya hacia su destino.
Cuando el terreno se deforma, dijo, esa inclinación puede cambiar e incluso invertirse en algunos tramos. El resultado son contrapendientes, estancamientos y dificultades para desalojar el agua.
A ello se suma el deterioro de las tuberías. Abundó que las redes antiguas, algunas construidas con materiales rígidos, pueden fracturarse por la combinación de hundimientos y movimientos sísmicos. Cuando esto sucede, se interrumpe el flujo y aumentan las necesidades de reparación.
Durante las lluvias intensas, estos problemas se combinan con la capacidad limitada del drenaje y las obstrucciones provocadas por residuos sólidos. Por ello, el académico subrayó que mantener la infraestructura en condiciones adecuadas antes de la temporada de lluvias es fundamental.
Consideró que sustituir todas las tuberías de la ciudad sería una labor de gran magnitud y costo, por lo que las autoridades deben avanzar en la rehabilitación de las redes y en el mantenimiento de coladeras y estructuras de desalojo.
Para reducir los hundimientos regionales, manifestó que es indispensable controlar la extracción de agua subterránea, pues la ciudad está catalogada en situación de estrés hídrico, pues actualmente ya no se otorgan nuevas concesiones para extraer agua mediante pozos.
También planteó reducir el consumo de agua potable y aprovechar fuentes alternativas. Entre las medidas que pueden incorporarse a las edificaciones están la captación de lluvia, el tratamiento y la reutilización de aguas residuales, así como la instalación de dispositivos ahorradores.
El académico destacó que el agua pluvial captada y filtrada puede utilizarse en actividades como descargar el sanitario o regar plantas, aunque no necesariamente sea apta para beber. Además, mencionó mecanismos para evitar el desperdicio de agua mientras llega caliente a la regadera, así como sanitarios de bajo consumo.
Estas medidas requieren tanto decisiones públicas como cambios en los hábitos cotidianos. El especialista consideró que los programas de captación de lluvia y los apoyos para incorporar tecnologías ahorradoras pueden ayudar a disminuir la demanda de agua potable.
Asimismo, sostuvo que las empresas constructoras deben cumplir la normatividad y presentar los estudios de factibilidad hidráulica correspondientes a sus proyectos, pues permiten determinar los requerimientos de agua potable y drenaje de cada desarrollo, por lo que la revisión de las autoridades resulta fundamental.
Detalló que el crecimiento urbano también debe considerar los usos de suelo y los mapas de riesgo, especialmente en zonas con barrancas, deslaves u otras condiciones que pueden poner en peligro a la población.
La ciudadanía, abundó, puede contribuir evitando arrojar basura en calles y coladeras. Los residuos se acumulan en las estructuras de drenaje y obstruyen el paso del agua, agravando los encharcamientos cuando llueve.
El académico recordó que el mantenimiento no comienza cuando llegan las precipitaciones: debe realizarse durante los periodos secos para que la infraestructura pueda responder cuando aumenta el caudal.
“Frenar los hundimientos requiere controlar la extracción de agua y reducir su consumo; disminuir sus consecuencias también exige invertir en tuberías, mantener el drenaje, vigilar las construcciones y evitar que los residuos terminen en las coladeras”, puntualizó.
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