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PRENSA IBERO
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• La Dra. Mónica Silva-Contreras, académica del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la IBERO, señala que la magnitud de una tragedia no depende únicamente de la fuerza del sismo, sino también de las características del terreno y de las decisiones sobre dónde y cómo se construyen las ciudades • Considera que desastres como el ocurrido en Venezuela deben impulsar una reflexión sobre la planeación urbana, la gestión del riesgo y el desarrollo sostenible de las ciudades
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Mientras los equipos de rescate continúan buscando sobrevivientes entre los escombros del terremoto que sacudió el norte de Venezuela y que, hasta este viernes, ha dejado al menos 920 personas fallecidas, 3 mil 360 heridas y más de 2 mil familias damnificadas, la tragedia también abre una discusión de largo plazo: ¿qué factores hacen que un sismo se convierta en una catástrofe de esta magnitud?
Para la Dra. Mónica Silva-Contreras, académica de tiempo completo del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana y especialista en historia de la construcción, la respuesta no se encuentra únicamente en la intensidad del movimiento telúrico.
"La naturaleza del suelo también tiene un papel determinante. No podemos luchar contra ella, pero sí podemos decidir dónde construimos, cómo construimos y qué tipo de crecimiento permitimos en nuestras ciudades", explica.
La especialista señala que varias de las zonas más afectadas ya habían mostrado históricamente una alta vulnerabilidad geológica desde el terremoto ocurrido en 1967. Zonas como La Guaira, Los Palos Grandes, San Bernardino y sectores del litoral venezolano habían registrado deslizamientos y movimientos del terreno, por lo que existían antecedentes que evidenciaban la fragilidad de esos suelos.
Silva-Contreras explica que incluso edificios diseñados conforme a criterios técnicos pueden verse comprometidos cuando se ubican sobre terrenos con alta inestabilidad.
"Son edificios buenos, bien construidos, pero incluso la carretera, a través de sus viaductos, ha demostrado que es un suelo que se mueve", señala.
Por ello, considera que la discusión no debe limitarse a la respuesta de emergencia posterior a un terremoto, sino ampliarse hacia la forma en que las ciudades planifican su crecimiento y gestionan los riesgos naturales.
"¿Hacia dónde desarrollamos nuestras ciudades? ¿Sobre qué suelos desarrollamos nuestras ciudades? ¿Dónde permitimos construir y cómo permitimos construir?", plantea.
Para la académica, los gobiernos tienen una responsabilidad importante en la regulación del desarrollo urbano y la prevención de riesgos; sin embargo, advierte que ninguna política pública puede ignorar las condiciones naturales del territorio.
Aunque el desastre ocurrió en Venezuela, la investigadora considera que las preguntas que deja son relevantes para cualquier país con actividad sísmica, incluido México.
Desde la Universidad Iberoamericana, explica, se trabaja en temas relacionados con la sostenibilidad de la arquitectura y de las ciudades para aportar conocimiento que permita tomar mejores decisiones en materia de desarrollo urbano.
"Trabajar estos temas y hacer del conocimiento de quienes gestionan la ciudad, de quienes gestionan la arquitectura y de quienes contribuyen al crecimiento de las ciudades es fundamental para lograr un desarrollo sostenible", afirma.
Para Silva-Contreras, el terremoto de Venezuela recuerda que la resiliencia urbana no depende únicamente de la ingeniería estructural, sino también de comprender la historia geológica de los territorios y de incorporar ese conocimiento en la planeación de las ciudades, con el fin de reducir los riesgos.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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