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PRENSA IBERO
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• El Dr. Óscar Arturo Castro Soto, académico del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales, presenta “La política: fiesta y sacrificio”, sobre el movimiento campesino de San Andrés Tuxtla, Veracruz, entre 1988 y 1995 • El libro, escrito hace 30 años, cuenta la historia con la voz de los propios campesinos, que apoyaron al hijo del general que les repartió la tierra • Ante las comparaciones que circulan en redes sociales sobre López Obrador y Cárdenas, el Dr. Castro Soto señala que "no fueron rivales, nunca lo fueron" • La presentación incluye la proyección del documental Fiesta y sacrificio, de Alejandro Orjuela Álvarez el miércoles 4 de noviembre a las 14:00 horas en el auditorio Ángel Palerm
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Reportero de la IBERO

Unos 10 mil campesinos llenaron la plaza de su municipio. Lo hicieron una y otra vez y durante seis años para exigir que se les reconociera un triunfo electoral. Eso ocurrió en San Andrés Tuxtla, Veracruz, entre 1988 y 1995
Esa es la historia que cuenta el libro La política: fiesta y sacrificio. El movimiento político campesino en San Andrés Tuxtla, Veracruz, 1988-1995, del Dr. Óscar Arturo Castro Soto, académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO.

El texto,
El resultado, explica, es “la historia de un movimiento campesino contado por ellos mismos”, un relato a varias voces en el que la memoria de la Revolución, del reparto agrario y del general Lázaro Cárdenas se mezcla con una nueva esperanza: la candidatura de su hijo, Cuauhtémoc Cárdenas.
Para entender este movimiento hay que volver a 1988. Ese año, Cuauhtémoc Cárdenas compitió por la Presidencia tras romper con el PRI, y para muchos campesinos su nombre tenía un peso enorme.

“Había una memoria colectiva de los campesinos recordando a su padre por el reparto agrario”, explica Castro Soto. “Ellos apoyaban al hijo del general que les había repartido sus tierras y, a la vez, repudiaban al priismo”.
En la región de Los Tuxtlas, recuerda el investigador, hubo en los años 20 y 30 un fuerte movimiento agrarista que logró que los terratenientes cedieran tierras que después se convirtieron en ejidos, es decir, tierras de uso colectivo entregadas a las comunidades. Ese recuerdo fue el motor de una movilización masiva.
En aquellos años había elecciones casi cada año: para diputados federales, diputados locales, presidencia municipal y gubernatura. En todas, salvo en una, el movimiento resultó perdedor, y en todas hubo sospecha de fraude.
La respuesta fue la protesta. Según el libro, los campesinos quemaron varias veces la comisión electoral y tumbaron a cinco presidentes municipales. El movimiento se apagó tras la represión en la que murió un agente municipal, cuando dispararon contra la gente reunida en la plaza.
La pregunta que guió la investigación fue cómo sostener la lógica de un movimiento social dentro de la lógica de un partido político. Los dirigentes quedaban en medio. Por un lado, los campesinos los empujaban a reclamar el triunfo; por el otro, tenían la tarea de construir un partido.
Castro Soto describe ese proceso como un “diálogo pedagógico”, porque los campesinos no entendían cómo era posible que no se respetaran sus votos si eran tantos. Algunos, incluso, presionaban para tomar las armas, como lo habían hecho sus abuelos para luchar por la tierra.
En 1987, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo salieron del PRI porque rechazaban el “dedazo”, la práctica por la cual el presidente en turno elegía a su sucesor sin un proceso democrático interno.

Al año siguiente, Cárdenas encabezó el Frente Democrático Nacional, una alianza a la que se sumaron partidos y organizaciones de izquierda, entre ellos el Partido Mexicano Socialista de Heberto Castillo, para competir contra Carlos Salinas de Gortari.
Esa elección quedó marcada por la llamada “caída del sistema”. Para Castro Soto, la evidencia apuntaba al triunfo de Cárdenas, y la posterior quema de los paquetes electorales impidió que se volvieran a contar los votos.
Lo decisivo, según el académico, fue lo que Cárdenas hizo después. Frente a una población enojada, que en el campo pedía incluso la vía armada, “empezó a decirle a la gente que la lucha era electoral, que era la vía pacífica”.
Así impulsó un gran esfuerzo para documentar el fraude y recuperar las actas, y en 1989 fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ese camino tuvo un costo. El investigador recuerda que está documentado el asesinato de cientos de militantes en aquellos años.
“El año 88 es un punto nodal de la transición a la democracia en México”, afirma. A esa lucha, añade, se debe en buena medida que hoy los votos no los cuente el gobierno, sino un organismo autónomo, el antecedente directo del actual INE.
Para el Dr. Castro Soto, la principal aportación de Cárdenas fue reunir en un solo partido la energía de una izquierda dispersa: pequeños partidos “muy minoritarios y dogmáticos”, una izquierda social muy activa en la Ciudad de México y en el campo, y grupos guerrilleros en varios estados.
Con el PRD, dice, Cárdenas logró “diluir la idea de la lucha armada” y crear una izquierda institucional “muy moderna para ese tiempo”.
El efecto también llegó a los municipios. En los años 90, muchas de las personas que se movilizaron en el 88 llegaron a gobiernos locales y el mapa político del país empezó a pintarse de varios colores. “Si no es por Cárdenas, no tendríamos elecciones tan participadas del 88 para acá”, sostiene.
En 1997, Cárdenas ganó la primera elección para jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, una ciudad que hasta ese momento gobernaba un regente nombrado por el presidente de la República. Para el académico, aquel triunfo fue importante tanto en lo simbólico como en lo político. Desde entonces, la capital ha sido gobernada por alguna fracción de la izquierda.
Ante las comparaciones que circulan en redes sociales, Castro Soto es claro: “Ellos no fueron rivales, nunca lo fueron. Cada quien encabezó una idea de la nación de acuerdo con el tiempo que le tocó”.
Cárdenas, explica, fue el gran precursor de la transición democrática y de la defensa de los bienes de la nación; López Obrador llegó después, con un país ya privatizado y una mayor evidencia de corrupción, por lo que su discurso fue más contestatario. “Son dos propuestas distintas para momentos distintos, que no están contrapuestas, sino que siguen una continuidad”.
También destaca una virtud de Cárdenas: supo hacer a tiempo el relevo generacional y reconocer que esa lucha “ya no le tocaba”, pese a haber sido tres veces candidato presidencial.
¿Valoran este legado las nuevas generaciones? Para el investigador, hace falta “una memoria histórica menos ideologizada”, con los claroscuros de cada momento y de cada actor político. Las redes sociales, advierte, nos informan más rápido, pero también nos encierran en nuestros propios algoritmos.
Ese es, en buena medida, el valor de un libro como La política: fiesta y sacrificio: devolver la palabra a quienes vivieron la historia desde abajo.
Asiste a la presentación del libro La política: fiesta y sacrificio. El movimiento político campesino en San Andrés Tuxtla, Veracruz, 1988-1995, de Óscar Arturo Castro Soto, y proyección del documental Fiesta y sacrificio, del director Alejandro Orjuela Álvarez, basado en el libro.
· Presentan: Dra. Marisol López Menéndez y Dr. Rodolfo Gamiño Muñoz
· Modera: Jorge Negroe on la presencia de los autores
· Cuándo: Miércoles 4 de noviembre de 2026, 14:00 horas
· Dónde: Auditorio Ángel Palerm, edificio S de la IBERO, planta baja
· Informes: cristina.gonzalez@ibero.mx
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