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PRENSA IBERO
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• La alimentación actual impacta a la salud y es uno de los principales factores detrás del deterioro de los sistemas naturales de la Tierra • Una dieta basada en vegetales y alimentos mínimamente procesados podría evitar 15 millones de muertes prematuras cada año, según la actualización de EAT-Lancet presentada por Juan Rivera Dommarco • México tiene en el frijol, el maíz, las frutas y las verduras la respuesta para recuperar patrones alimentarios tradicionales y hacerlos accesibles, saludables y sostenibles
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

La pregunta parece sencilla, pero encierra uno de los mayores desafíos de la humanidad: ¿cómo alimentar de manera saludable a una población mundial que llegará a unos 9 mil 600 millones de personas en 2050 sin rebasar todavía más los límites planetarios?
Esa pregunta se formuló en el Segundo Simposio Internacional sobre la Transformación de los Sistemas Alimentarios en México: Salud, Sostenibilidad y Equidad Social, que reunió en la Universidad Iberoamericana (IBERO) a investigadores, gobierno y sociedad civil para discutir cómo modificar la forma en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos.
Durante la inauguración, el Dr. Pablo Gaitán, director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la IBERO, planteó que esta segunda edición debe pasar de colocar el tema en la agenda pública a generar recomendaciones y acciones concretas, poniendo la equidad en el centro.

La Dra. Abril Campos Rivera, del Tecnológico de Monterrey, destacó que el encuentro –que congregó a 35 instituciones—, duplicó su participación respecto al primer simposio y subrayó la urgencia de replantear toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo.

La Dra. Alicia Parra Carriedo, directora de Investigación y Posgrado de la IBERO, señaló que hablar de alimentación saludable implica necesariamente hablar de sostenibilidad y justicia.

Por su parte, Miguel Ángel Santos, decano de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tec de Monterrey, advirtió que los sistemas alimentarios representan un problema demasiado complejo para ser resuelto desde una sola disciplina y que el conocimiento debe traducirse en acción y políticas públicas.

Durante la conferencia inaugural, el investigador internacional en el campo de la nutrición poblacional y la salud pública, el Dr. Juan Rivera Dommarco, presentó las implicaciones para México y América Latina de la actualización de la Comisión EAT-Lancet sobre sistemas alimentarios saludables, sostenibles y justos.

La nueva investigación parte de la pregunta qué intervenciones permitirían alimentar a 9 mil 600 millones de seres humanos en 2050 manteniéndonos dentro de los límites planetarios y sin continuar deteriorando el entorno.
Para responderla participaron alrededor de 17 equipos internacionales de modelación, dentro de un trabajo interdisciplinario que involucró a especialistas en clima, ciencias de la Tierra, sociología, antropología, nutrición y medicina.

Explicó que la alimentación ocupa un lugar central en la crisis ambiental. Al analizar los nueve sistemas naturales que regulan la estabilidad del planeta, señaló que en 2024 ya se habían rebasado seis de los nueve límites planetarios y durante 2025 se superó uno más: el de la acidificación de los océanos.
El investigador comparó que si la Tierra fuera un paciente, sus indicadores mostrarían un estado delicado y dentro de ese diagnóstico, los sistemas alimentarios aparecen como uno de los principales factores que contribuyen a la transgresión de esos límites planetarios.

“No será posible enfrentar la crisis ambiental sin transformar la alimentación”, advirtió.
Dijo que la Comisión EAT-Lancet señala que los sistemas alimentarios son el mayor contribuyente a la transgresión de cinco límites planetarios y generan alrededor de 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
El Dr. Rivera explicó que la evidencia publicada entre 2019 y 2025 por la Comisión EAT-Lancet corroboró que el patrón alimentario para ayudar al planeta y mejorar la salud de los seres humanos propone una presencia predominante de verduras y frutas, granos enteros, semillas, oleaginosas y leguminosas, mientras que los productos de origen animal deben ocupar una proporción menor, y el azúcar consumirse con moderación.

No se trata, aclaró, de imponer un menú idéntico para todo el planeta. Son miles de dietas posibles, adaptadas a las culturas y tradiciones de cada región. En México, por ejemplo, los granos pueden ser maíz, mientras que las verduras pueden incorporar alimentos propios de nuestra cocina, como los nopales.
Recordó que el consumo de frijol en México se redujo a la mitad en los últimos 50 años, pese a que se trata de uno de los alimentos que históricamente sustentaron la alimentación del país. Llamó a recuperar el consumo de granos enteros y pasar de productos como el pan blanco y el pan de dulce hacia alternativas como la tortilla.
Al analizar estudios de seguimiento de aproximadamente 30 años, explicó que las personas cuya alimentación se aproxima más al patrón de salud planetaria presentan una reducción de 28% en la mortalidad frente a quienes tienen las dietas menos parecidas.
“Si la población adoptara patrones de alimentación compatibles con la dieta de salud planetaria, podrían evitarse aproximadamente 15 millones de muertes prematuras cada año, una reducción de alrededor de 26 a 27 por ciento”, dijo.
Para el Dr. Rivera, modificar lo que llega al plato es indispensable, pero no suficiente. El desafío está en transformar simultáneamente producción, distribución, consumo, políticas públicas y condiciones de acceso.
Contó que la nueva versión de EAT-Lancet incorporó la dimensión de “justicia” y explicó que la transformación debe garantizar equidad tanto en la producción como en el consumo y a lo largo de toda la cadena alimentaria.
“La responsabilidad no puede recaer exclusivamente en las personas. No basta con decirle a una familia que ‘coma mejor’ si los alimentos saludables son inaccesibles, si no existe tiempo para cocinar o si los entornos alimentarios favorecen productos de menor calidad nutricional”, sostuvo.
La transformación, indicó, implica recuperar alimentos saludables y culturalmente pertinentes. En México, el frijol, el maíz, las semillas, las frutas y verduras pueden formar parte de una respuesta que atienda obesidad, enfermedades crónicas, desigualdad y crisis ambiental.
El reto, manifestó, no consiste en decidir qué habrá mañana en nuestro plato, se trata de construir un sistema capaz de alimentar a miles de millones de personas sin acabar con las condiciones que hacen posible la vida del planeta.
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