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En el marco de la Semana Internacional de Prevención de la Intoxicación por Plomo, la evidencia generada en México nos recuerda que prevenir la exposición durante el embarazo comienza mucho antes de la gestación: protegiendo la salud de niñas, adolescentes y mujeres a lo largo de su vida.
Cuando pensamos en proteger la salud durante el embarazo, solemos pensar en mejorar la alimentación, tomar suplementos, evitar el consumo de alcohol y tabaco y realizar oportunamente los controles prenatales. Sin embargo, existen exposiciones ambientales que también pueden influir en esta etapa y que a menudo pasan desapercibidas.
Las mujeres embarazadas se exponen a múltiples tóxicos, uno de ellos es el plomo, un metal pesado que puede estar presente en nuestro entorno y en algunos productos de uso cotidiano, muchas veces sin que lo sepamos. Durante el embarazo, las mujeres pueden estar expuestas a este a través de el uso de ollas y otros utensilios de barro vidriado con plomo para preparar alimentos, el consumo de agua o alimentos contaminados, o el contacto con pinturas antiguas y polvo que contiene este metal. El plomo puede ingresar al organismo principalmente al ingerir alimentos, agua o polvo contaminados, o al inhalar partículas que lo contienen.
Esta exposición es especialmente preocupante durante el embarazo, ya que el plomo puede afectar tanto la salud de la madre como el desarrollo del bebé, incluso a bajas concentraciones. De hecho, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, no existe un nivel de exposición al plomo que se considere seguro para la salud.
En México, los estudios ELEMENT (Early Life Exposure in Mexico to Environmental Toxicants) y PROGRESS (Programming Research in Obesity, Growth, Environment and Social Stressors) son dos importantes proyectos de investigación en los que colaboran instituciones de México, como el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el Instituto Nacional de Perinatología (INPer) y la Universidad Iberoamericana, y por parte de Estados Unidos, la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai (MSSM) y la Universidad de Michigan. Ambos estudios han estudiado durante más de 30 años a madres y a sus hijas e hijos desde el embarazo y a lo largo de distintas etapas de su vida. Gracias a estos, se ha generado evidencia fundamental para comprender cómo la exposición a sustancias presentes en el ambiente, como el plomo, durante etapas especialmente sensibles como el embarazo y la infancia, puede influir en la salud y el desarrollo a lo largo de la vida.
De la sangre de la madre al bebé
Cuando el plomo ingresa al cuerpo, una parte circula en la sangre durante aproximadamente 30 días y posteriormente puede distribuirse a diferentes órganos, la mayoría se deposita en los huesos, donde puede permanecer durante décadas. El hueso, no es un depósito completamente estático. A lo largo de la vida atravesamos periodos en los que aumenta el recambio óseo. Tales como el embarazo y la lactancia, etapas en las que cambian las necesidades de calcio y pueden aumentar la movilización de minerales almacenados en los huesos, pero también pueden movilizarse los plomos que se almacenaron en ellos.
Esto implica que, si una mujer ya no está en contacto con fuentes de plomo, el metal que ingresó a su organismo años atrás puede volver a circular en su sangre y llegar al bebé a través de la placenta. En otras palabras, el plomo presente en la sangre de una mujer embarazada no siempre proviene de una exposición reciente; también puede ser consecuencia de exposiciones ocurridas muchos años antes.
Una vez presente en la circulación materna, el plomo puede atravesar la placenta.
La placenta cumple funciones esenciales para el desarrollo del bebé, pero no constituye una barrera capaz de impedir completamente el paso de este metal. Como resultado, el feto puede estar expuesto durante una etapa especialmente sensible, en la que sus órganos y sistemas se encuentran en pleno crecimiento y desarrollo.
Por ello, la exposición al plomo durante el embarazo merece especial atención porque este metal puede atravesar la placenta y llegar al feto en desarrollo. Pero existe otro aspecto aún más importante, parte del plomo al que una mujer estuvo expuesta en su infancia fue almacenado en sus huesos por años y resurge como una fuente de exposición al movilizarse de las estructuras óseas durante el embarazo. Por eso, la exposición del bebé puede comenzar incluso antes de nacer y tener su origen en exposiciones ocurridas mucho tiempo atrás.
Pero la pregunta más importante es: ¿qué puede significar esta exposición para el desarrollo del bebé?
Una etapa especialmente sensible para el cerebro
El sistema nervioso en desarrollo es particularmente susceptible a los efectos del plomo.
Uno de los estudios realizados en la cohorte ELEMENT midió las concentraciones de plomo materno durante cada trimestre de embarazo y el plomo en cordón umbilical al nacimiento, y posteriormente evaluó el desarrollo infantil de los hijos a los 12 y 24 meses.
Los resultados mostraron una asociación entre la exposición prenatal al plomo y un menor desarrollo mental durante la infancia, y señalaron al primer trimestre del embarazo como una ventana particularmente sensible. Otros trabajos de este grupo de investigación han mostrado, además, asociaciones entre concentraciones de plomo por debajo de los niveles permisibles y el desarrollo neuroconductual de niñas y niños de la Ciudad de México.
Esta evidencia ha contribuido a cambiar nuestra manera de entender el problema: no debemos esperar a que exista una intoxicación evidente para comenzar a prevenir la exposición.
¿De dónde puede venir la exposición durante el embarazo?
Las fuentes pueden ser distintas para cada mujer y depender de su vivienda, alimentación, ocupación, actividades familiares y entorno.
En México, una fuente particularmente importante ha sido el uso de piezas de barro vidriado con esmaltes que contienen plomo. Cuando una pieza libera este metal al cocinar, servir o almacenar alimentos, el plomo puede migrar hacia ellos. La importancia del barro vidriado como fuente de exposición continúa observándose hoy en día. En un estudio reciente de nuestro grupo de investigación realizado en mujeres de 18 a 40 años de la Ciudad de México, casi una de cada tres presentó concentraciones de plomo en sangre iguales o superiores a 3.5 µg/dL. El uso pasado y actual de barro vidriado con plomo fue uno de los factores más fuertemente asociados a estas concentraciones.
También identificamos otras características del entorno doméstico, como vivir o visitar regularmente una vivienda recientemente remodelada; o vivir cerca de una autopista muy transitada que fueron asociadas con una mayor probabilidad de presentar concentraciones elevadas de plomo en sangre.
Estos resultados son particularmente importantes porque las mujeres evaluadas se encontraban en edad reproductiva. Prevenir la exposición en esta etapa implica actuar antes de un posible embarazo y reducir tanto las fuentes actuales como la acumulación futura de plomo en el organismo.
La prevención también debe dirigirse a niñas, adolescentes y mujeres en edad reproductiva.
La evidencia generada durante décadas en mujeres mexicanas muestra precisamente por qué es necesario adoptar la perspectiva de curso de vida: una exposición ocurrida hoy puede permanecer almacenada en el organismo y adquirir relevancia nuevamente años después durante el embarazo y la lactancia.
Esto no significa que durante el embarazo ya no podamos hacer nada. Al contrario: identificar y eliminar las fuentes actuales continúa siendo fundamental.
¿Qué podemos hacer?
El primer paso es identificar posibles fuentes de exposición.
Podemos comenzar preguntándonos si las cazuelas, ollas, jarritos o platos de barro que utilizamos para cocinar y almacenar alimentos fue elaborada con esmaltes libres de plomo; tomar precauciones durante remodelaciones que puedan generar polvo contaminado, ya que algunos materiales de construcción antiguos como las pinturas pueden contener plomo; identificar posibles exposiciones ocupacionales o paraocupacionales; y evitar que ropa, zapatos o herramientas de trabajo potencialmente contaminados ingresen a las áreas de convivencia del hogar. También es importante limpiar o barrer el polvo de nuestros hogares con metodos húmedos como trapos humedecidos para no espacir el polvo contaminado a otras áreas.
La alimentación también desempeña un papel fundamental en la prevención de la exposición al plomo. Durante el embarazo, mantener una dieta suficiente y equilibrada, con un aporte adecuado de nutrientes como calcio y hierro, es importante para la salud de la madre y el desarrollo del bebé, y también ayuda a reducir la cantidad de plomo que se absorbe por el organismo. Esto se debe a que el calcio y el hierro actúan como antagonistas del plomo, es decir, pueden competir con este metal pesado durante su absorción, disminuyendo así su entrada al organismo. Asimismo, evitar los ayunos prolongados y mantener horarios regulares de alimentación también puede ayudar a disminuir la absorción del plomo, ya que esta puede ser mayor cuando el estómago está vacío. Además, durante el embarazo aumentan las necesidades de estos nutrientes, por lo que es importante consultar con el personal de salud sobre la necesidad de tomar suplementos de calcio o de hierro.
La investigación realizada durante décadas en mujeres, madres, niñas y niños mexicanos nos ha permitido comprender que la exposición ambiental al plomo no comienza con el inicio del embarazo ni termina con el nacimiento del bebé. Por ello, requiere una visión preventiva a lo largo del curso de la vida. Es necesario impulsar estrategias integrales de salud pública, que incluyan la disponibilidad de productos libres de plomo, ambientes laborales seguros, la vigilancia de alimentos, la reducción de fuentes ambientales, la detección de niveles de plomo en sangre como diagnóstico de salud así como políticas públicas que protejan la salud de toda la población especialmente de quienes se encuentran en etapas de mayor vulnerabilidad, como las mujeres embarazadas, las niñas y los niños.
Escrito por:
Mtra. Larissa Betanzos-Robledo, Universidad Nacional Autónoma de México
En colaboración con:
Dra. Alejandra Cantoral, Universidad Iberoamericana
Dra. Mara Tellez-Rojo, Instituto Nacional de Salud Pública
Referencias
Téllez-Rojo MM, Hernández-Avila M, Lamadrid-Figueroa H, et al. Impact of bone lead and bone resorption on plasma and whole blood lead levels during pregnancy. American Journal of Epidemiology. 2004;160(7):668–678.
Lewis RC, Meeker JD, Peterson KE, et al. Early Life Exposure in Mexico to ENvironmental Toxicants (ELEMENT) Project. BMJ Open. 2019;9.
Hu H, Téllez-Rojo MM, Bellinger D, et al. Fetal lead exposure at each stage of pregnancy as a predictor of infant mental development. Environmental Health Perspectives. 2006.
Téllez-Rojo MM, Bellinger DC, Arroyo-Quiroz C, et al. Longitudinal associations between blood lead concentrations lower than 10 μg/dL and neurobehavioral development in environmentally exposed children in Mexico City. Pediatrics. 2006;118(2)–e330.
Téllez-Rojo MM, Bautista-Arredondo LF, Rosa-Parra A, Martínez Silva G. Concentración de metales en sangre de cordón umbilical debido a exposición prenatal en una cohorte de la Ciudad de México. Gaceta Médica de México. 2023;159(2):132–138.
Betanzos-Robledo L, Estrada-Gutiérrez G, Lamadrid-Figueroa H, et al. Environmental and Household Sources Associated with Elevated Blood Lead Levels Among Mexican Women of Childbearing Age: A Community-Based Screening Study. Toxics. 2026;14(8):695.
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