PRENSA IBERO
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6 DE ABRIL DE 2026
Por: Dra. Verónica Díaz de León Bermúdez
AUTOR

“La acción, a diferencia de la fabricación, requiere presencia de otros; necesita un espacio de aparición.”
Hannah Arendt, La condición humana
¿Cocinar puede ser una forma de acción política? ¿Puede, al preparar un mole verde o compartir flautas ahogadas, emerger la “condición humana” de la pensadora Hanna Arendt, es decir: la capacidad de comenzar algo nuevo y revelar la propia identidad? Esta reseña pregunta qué revela la serie documental sobre reinserción social, Sabores de Libertad
Nuestro argumento central es que la serie, estrenada en Amazon Prime Video el 13 de marzo, no es solo un conmovedor retrato de reinserción social a través de la cocina, sino una indagación visual y narrativa sobre la dignidad y la integridad en su sentido más original. La gastronomía es un medio filosófico para explorar cómo personas despojadas de su lugar en el mundo pueden, momentáneamente, reclamar un espacio de dignificación.
Sabores de Libertad consta de seis episodios, de cuarenta minutos cada uno, dedicados a una persona privada de la libertad —Edith, Ricardo, Azu, Celia, Bryan y Bruno— que cocina junto a un chef reconocido. Sin embargo, la serie no documenta la vida en reclusión, sino que construye las condiciones para que esa vida pueda aparecer con integridad y dignidad. Esto se logra porque la serie revela historias no a través del delito, sino mediante recetas con un profundo significado personal. Esta elección sustituye la pregunta “¿qué hiciste?” por “¿quién eres?”.
El propósito declarado —dignificar las historias sin enfocarse en las razones del encarcelamiento— es la puerta de entrada a un acto simbólico más exigente: rescatar del olvido a quienes han sido condenados no solo por la ley, sino a la invisibilidad social.
Para Hannah Arendt, la labor es la actividad cíclica ligada a la necesidad biológica, destinada al consumo y al olvido. Cocinar para sobrevivir, dentro de la rutina carcelaria, pertenece a esta esfera. Sin embargo, cuando esa misma cocina se convierte en la elaboración consciente de un platillo significativo —el mole verde que trae recuerdos familiares o el mextlapique de origen prehispánico—, trasciende hacia el trabajo: fabrica un objeto que, aunque perecedero, porta la memoria y perdura como testimonio. Y finalmente, cuando ese platillo se ofrece y se comparte con otros —la o el chef, el equipo de filmación, y a través de ellos, la espectadora y el espectador—, el acto culinario roza la acción: es un inicio, una irrupción en el mundo a través de la palabra y el gesto compartido.
Particularmente, el episodio que comparten el chef Mariano Sandoval y Ricardo cocinando el mextlapique es la memoria prehispánica que ni la reclusión puede confiscar. Cocinar es re-componer el relato de uno mismo cuando la institución ha intentado reducir a la persona a un número de expediente o a la categoría genérica de "interno". Es el gesto que reconoce al otro como un igual, aunque sea por un instante, y que crea un mundo común. La mesa, incluso dentro de los muros de Santa Martha Acatitla, deviene ese espacio de aparición arendtiano. Allí, el chef no es una autoridad externa, sino un comensal que escucha y aprende. La receta no dice "soy una persona privada de la libertad", sino "soy alguien que aprendió a hacer este platillo de su madre, de su abuela, de su tierra".
El valor filosófico-cultural de Sabores de Libertad reside en mostrarnos que la política no habita exclusivamente en las instituciones, sino también en los gestos cotidianos con los que, a pesar de todo, decidimos aparecer ante las y los demás y reclamar un lugar en el mundo. La serie —con apoyo de CERES (Consejo Empresarial para la Reinserción Social), GeBe y la Fundación MGAS, con la fotografía de Juan José Saravia y Rosalie Hülb, con la dirección de Rubén y Simón Bross, Alejandro Cervantes Polanco, Pedro Armendáriz Jr. y Enrique Ramírez Santillán— nos invita, en última instancia, a preguntarnos si el derecho a cocinar y compartir el pan que hemos preparado no debería ser tan fundamental como cualquier otro derecho humano, pues quizás sea la más humilde y la más necesaria de las formas de la libertad. Y más aún, la serie retrata que las y los chefs Linda Cherem, Josefina Santacruz, César de la Parra, Poncho Cadena, Mariano Sandoval y Aquiles Chávez no vienen a juzgar, sino a atestiguar y a aprender, y con ello nos enseñan que todas y todos merecemos una segunda oportunidad.
Por: Dra. Verónica Díaz de León Bermúdez
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