PRENSA IBERO
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19 DE MARZO DE 2026
Por: Dra. Perla Leal Galicia, especialista del Laboratorio de Neurociencias del Departamento de Psicología
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¿Te has preguntado alguna vez, qué es la felicidad? Frecuentemente hablamos de este estado y en muchas ocasiones, lo ambicionamos. Las redes sociales, así como los medios de comunicación lo ponen como un estado ideal en el que todas las personas deberíamos estar de manera permanente, pero nada más lejano de la realidad.
Desde la Psicología, la felicidad se define como un estado subjetivo de bienestar en el que hay una evaluación cognitiva positiva de la vida, acompañada frecuentemente de emociones y sentimientos como alegría, entusiasmo, satisfacción, gratitud, serenidad, entre otras. De acuerdo con el psicólogo Ed Diener, pionero en el campo de la ciencia de la felicidad, ésta puede ser definida como un conjunto de estados afectivos y evaluativos, es decir una combinación entre lo que sentimos y lo que interpretamos acerca de nuestras experiencias, y es aquí donde podemos tomar también la felicidad como un constructo social basado en nuestras propias experiencias y modelado por la información de nuestro entorno.
Esta visión de lo que produce felicidad se va modificando junto con nuestras etapas de desarrollo y también pasa por adaptaciones a lo largo de la historia. Lo que hoy se concibe como una vida feliz, probablemente sería visto como algo terrible hace 20 años. Seguramente una mujer de la Ciudad de México en 1940 hubiera pensado que una mujer de 30 años que no se ha casado, no tiene hijos, trabaja para mantenerse por sí misma y vive sola en un departamento lleno de plantas y gatos, representaba algo muy triste. Hoy para muchas mujeres esta misma experiencia es la visión perfecta de la felicidad. También la cultura es una influencia definitiva en lo que definimos como algo feliz.
Lo que una persona en México concibe como una vivencia alegre, puede ser una experiencia adversa para una persona de otra cultura. Un buen ejemplo sería pensar en comer un tamarindo con chile. Para algunos paladares es una experiencia deliciosa y feliz, quizá asociada a unas vacaciones o al dulce que se comía después de ganarlo en una piñata, mientras que, para una persona que no tiene esta asociación agradable, el comer algo ácido y picante representa una verdadera tortura. Esta diferencia va más allá de la estimulación sensorial en las papilas gustativas. Está acompañada por memorias de experiencias que se interpretan como agradables y que el sabor y sensación de picor tiene la capacidad de evocar.
Si bien es cierto, el estado de felicidad tiene un componente neuroquímico combinando la liberación de dopamina, serotonina y endorfinas, esta liberación es directamente influenciada por la interpretación de la realidad. La historia que nos contamos acerca de aquello que vivimos.
Un cuestionamiento importante acerca de la felicidad es, ¿Tenemos que estar felices siempre?, ¿El bienestar es vivir siempre este estado alegre, optimista viendo la vida maravillosa? La respuesta es no.
Desde el punto de vista biológico, el no tener la capacidad de identificar situaciones amenazantes, o el no sentir enojo por nada nunca, nos vulnera cuando estamos en condiciones que nos ponen en riesgo. Todas las emociones tienen una función. Un buen balance emocional implica periodos de bienestar más prolongados que los de malestar emocional, pero nunca la ausencia total de estos últimos.
El equilibrio afectivo sería la clave para un bienestar emocional. Plantearlo de forma teórica resulta fácil, sin embargo, acceder a este equilibrio emocional, donde pueda haber una adecuada gestión de los estados emocionales requiere de autoconocimiento y de muchas ganas de hacer ajustes en nuestras creencias, así que, en conmemoración del día de la felicidad, el mensaje desde la psicología y las neurociencias es, que no tienes que sentirte feliz 24/7 y eso está bien; que puedes resignificar experiencias y encontrar aspectos de ellas que te ayuden a sentir en mayor equilibrio emocional, para esto la terapia psicológica es una gran herramienta, y por último, que la felicidad es un estado interno, individual y subjetivo y por ello, aquello que te haga feliz es muy personal, y está bien, ¡Feliz día de la felicidad!
Por: Dra. Perla Leal Galicia, especialista del Laboratorio de Neurociencias del Departamento de Psicología
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