PRENSA IBERO
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7 DE ABRIL DE 2026
Por: Dr. Erasmo Zarazúa, egresado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y colaborador de Prensa IBERO
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Egresado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y colaborador de Prensa IBERO

México 1986 fue el primer Mundial de Futbol organizado dos veces por un mismo país. Sin embargo, originalmente la sede había sido asignada a Colombia. ¿Qué ocurrió? ¿Qué relación tuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética en esta decisión? Desde las Relaciones Internacionales es posible ofrecer una explicación más completa.
Para entenderlo, debemos remontarnos a la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Durante este periodo, los eventos deportivos internacionales fueron utilizados por ambas potencias como mecanismos propagandísticos que les permitían proyectarse como países políticamente estables, económicamente desarrollados y, en consecuencia, ganar prestigio internacional.
En 1974 se definieron las sedes de dos de los eventos deportivos más importantes del planeta: los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial de Futbol.
En junio, el Comité Ejecutivo de la FIFA (ExCo) adjudicó, con 12 años de anticipación, la Copa Mundial de Futbol de 1986 a Colombia, único candidato sudamericano. La sede correspondía a un país del continente americano debido a la alternancia entre América y Europa.
En octubre del mismo año, Estados Unidos y la Unión Soviética eran los únicos candidatos para los Juegos Olímpicos de 1980. El Comité Olímpico Internacional, en su sesión 75, adjudicó la sede a la Unión Soviética. En ese momento, las superpotencias parecían haber alcanzado un acuerdo implícito.
Sin embargo, la Revolución Islámica de Irán en 1979 modificó el panorama internacional. La política de distensión terminó y comenzó una nueva fase de tensión entre ambas potencias. En noviembre de 1979 inició la llamada Crisis de los Rehenes, cuando ciudadanos estadounidenses fueron retenidos en la Embajada de Estados Unidos en Teherán.
Ese mismo contexto llevó a la Unión Soviética a invadir Afganistán en diciembre de 1979, ante el temor de la expansión del fundamentalismo islámico y la posible influencia estadounidense en la región.
Como respuesta, en enero de 1980, el presidente estadounidense Jimmy Carter impulsó medidas de presión contra la URSS, entre ellas el boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, que finalmente se llevó a cabo.
Con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos, se reforzó la política de contención del expansionismo soviético. Esto también se reflejó en el ámbito deportivo: Estados Unidos buscó incrementar su prestigio internacional organizando eventos deportivos de gran relevancia.
Estados Unidos ya tenía asegurada la sede olímpica de Los Ángeles 1984, adjudicada en 1978 como candidato único. El siguiente evento de gran relevancia internacional era el Mundial de Futbol de 1986. La siguiente oportunidad para un país americano sería hasta 1994, por lo que Estados Unidos no podía esperar.
Cuando Colombia obtuvo la sede en 1974, el Mundial respondía aún al llamado “viejo modelo”. Sin embargo, con la llegada de João Havelange a la presidencia de la FIFA ese mismo año, se impulsó la expansión del torneo de 16 a 24 equipos, lo que transformó completamente las exigencias organizativas.
Colombia no había previsto estas modificaciones. Se requerían 12 estadios, mayor infraestructura hotelera, mejores sistemas de transporte y una capacidad tecnológica para transmisión satelital global.
El presupuesto inicial de cinco billones de pesos colombianos se incrementó primero a 13 billones y posteriormente a 100 billones. A esto se sumaron problemas económicos, sociales y políticos.
En 1978, una nueva administración colombiana transfirió la organización a la iniciativa privada mediante la Corporación Colombia 86, integrada por el Grupo Grancolombiano y el Grupo Santo Domingo. Sin embargo, el proyecto fracasó.
En 1980, Colombia apenas contaba con dos estadios adecuados. Ese mismo año, la toma de la Embajada de República Dominicana por el grupo guerrillero M-19 agravó la situación de seguridad.
Finalmente, el 25 de octubre de 1982, Colombia renunció oficialmente a la organización del Mundial, argumentando que los recursos se destinarían a hospitales y escuelas.
Estados Unidos levantó inmediatamente la mano para organizar el Mundial. La candidatura fue encabezada por Henry Kissinger, exsecretario de Estado, y contó con el respaldo de figuras como Pelé y Franz Beckenbauer.
El argumento principal era expandir el futbol en Estados Unidos. Sin embargo, la FIFA comenzó a percibir la candidatura estadounidense como un movimiento político.
El temor a boicots —similar a los ocurridos en los Juegos Olímpicos de 1976 y 1980— llevó a la FIFA a buscar una solución neutral.
México, que ya había organizado el Mundial de 1970, contaba con infraestructura, experiencia y capacidad tecnológica. Televisa ofrecía transmisión satelital global a color, un factor clave.
Finalmente, México fue elegido como sede. Por primera vez en la historia, un país repetiría organización mundialista.
Henry Kissinger calificó el resultado como un “fracaso total”.
La decisión de la FIFA buscó evitar que la Copa Mundial se convirtiera en un escenario más de la Guerra Fría. Posteriormente, la URSS boicoteó los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, lo que confirmó la preocupación del organismo deportivo.
La FIFA mantuvo su postura y otorgó la sede del Mundial de 1990 a Italia.
Décadas después, Colombia volvió a intentar organizar el Mundial, pero sin éxito. Sin embargo, el destino daría un giro histórico.
Cuatro décadas después, Canadá, Estados Unidos y México —los mismos países que disputaron la sede de 1986— se unieron para organizar el Mundial de 2026.
Para México, este hecho marcará un récord histórico: convertirse en el primer país en albergar tres Copas del Mundo.
Por: Dr. Erasmo Zarazúa, egresado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y colaborador de Prensa IBERO
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