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PRENSA IBERO
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AUTOR
Académico de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero

¿Qué hace que un libro sea real? ¿Basta con que exista un ejemplar impreso o es suficiente con que millones de personas crean en él, lo busquen en bibliotecas y lo citen como si hubiera formado parte de la historia? Pocos títulos ilustran mejor esta paradoja que el Necronomicón, una obra inexistente que, sin embargo, ha logrado convertirse en uno de los libros más célebres de la literatura fantástica.
A diferencia de los libros prohibidos por razones políticas, religiosas o morales, el Necronomicón nunca fue censurado por una autoridad eclesiástica ni incorporado a un índice oficial de obras prohibidas. Su singularidad radica precisamente en lo contrario: se trata de un libro ficticio cuya historia ha resultado tan convincente que, durante décadas, numerosos lectores han intentado localizarlo en catálogos, bibliotecas y colecciones especiales de todo el mundo.
El origen del mito se encuentra en la obra del escritor estadounidense H. P. Lovecraft, quien lo mencionó por primera vez en el relato La ciudad sin nombre (The Nameless City), escrito en 1921. Para dotar de verosimilitud a su universo narrativo, Lovecraft construyó una detallada genealogía bibliográfica del supuesto volumen. Afirmó que su título original era Kitab Al-Azif, atribuido al poeta árabe Abdul Alhazred, y explicó que el término al-azif hacía referencia al sonido nocturno de los insectos, que la tradición popular asociaba con el murmullo de los demonios. Todo parecía cuidadosamente documentado, salvo por un detalle fundamental: nada de ello era real.
El propio Lovecraft disipó cualquier duda al reconocer que tanto Abdul Alhazred como el Necronomicón eran producto de su imaginación. Sin embargo, la riqueza de las referencias históricas, las falsas traducciones, las fechas, los supuestos propietarios y las bibliotecas donde afirmaba que se conservaban algunos ejemplares hicieron que muchos lectores aceptaran la ficción como si se tratara de un hecho documentado.
Es precisamente aquí donde las bibliotecas adquieren un papel inesperado. A lo largo del tiempo surgieron historias sobre supuestos ejemplares conservados en instituciones prestigiosas, como el Museo Británico o la Biblioteca Nacional de Francia. Incluso comenzaron a circular anécdotas acerca de lectores que solicitaban consultar el libro y de bromas que consistían en incorporar registros apócrifos del Necronomicón en catálogos bibliográficos universitarios. Aunque estas historias forman parte del folclore literario más que de la historia documental, revelan un fenómeno extraordinario: un libro inexistente había conseguido comportarse, para muchos lectores, como un libro auténtico.
En este punto resulta inevitable recordar a Jorge Luis Borges. Aunque no existe evidencia documental de que haya catalogado un ejemplar del Necronomicón durante su gestión al frente de la Biblioteca Nacional de Argentina, la persistencia de esa leyenda resulta profundamente significativa. Borges convirtió los libros imaginarios, las enciclopedias apócrifas y las bibliotecas infinitas en uno de los ejes de su literatura. Obras como Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, La Biblioteca de Babel o El libro de arena exploran precisamente esa frontera donde la ficción termina modificando nuestra percepción de la realidad. No es casual, por ello, que el Necronomicón encuentre un lugar natural dentro del universo borgiano, no como un libro verdadero, sino como un ejemplo perfecto de cómo una obra inexistente puede adquirir una poderosa existencia cultural.
Con el paso de los años, el mito continuó creciendo. Han aparecido ediciones apócrifas, traducciones imaginarias, adaptaciones cinematográficas, videojuegos y estudios dedicados a reconstruir la historia de un volumen que nunca fue escrito. Paradójicamente, cuanto mayor ha sido la evidencia de su inexistencia, mayor parece haber sido el interés por encontrarlo.
Quizá el Necronomicón nunca haya existido como el libro maldito que tantos lectores imaginaron, pero su historia continúa despertando la misma fascinación que hace un siglo. Y si después de esta lectura aún queda la duda, la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero ofrece una excelente oportunidad para adentrarse en el origen de este mito bibliográfico. En nuestro acervo se encuentra disponible para consulta La historia del Necronomicón y otros relatos prohibidos, de H. P. Lovecraft (Mirlo Ediciones, 2017), una edición que reúne algunos de los relatos fundamentales del autor. Quizá en sus páginas no encontremos el legendario grimorio atribuido a Abdul Alhazred, pero sí la historia que permitió que uno de los libros más buscados de la literatura terminara ocupando un lugar permanente en la imaginación de millones de lectores. Después de todo, las grandes bibliotecas no solo resguardan los libros que existen; también preservan las historias de aquellos que nunca han dejado de ser buscados.
Lovecraft, H. P. La historia del Necronomicón y otros relatos prohibidos. Pról. de Alberto Chimal; trad. de Isabel Zapata. 1.ª ed. México: Mirlo Ediciones, 2017. 270 p. (Mirlo Pocket; 16).
ISBN: 978-607-1425-18-8 / 978-607-1426-11-6.
Clasificación: PS3523.O94 H5718 2017.
Para conocer más
Lovecraft, H. P. La ciudad sin nombre (The Nameless City), donde aparece por primera vez el Necronomicón.
Borges, J. L. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; La Biblioteca de Babel; El libro de arena.
Graham Library. (2018, 5 de octubre). Rare Book of the Month: No One Expects the Spanish Inquisition in Danthe Alighieri Fiorentino. John W. Graham Library News.
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