22 DE MAYO DE 2026
Nuevo acuerdo México-UE llega entre dudas por seguridad, reforma judicial y dependencia de EU: análisis de experta IBERO
PRENSA IBERO
22 DE MAYO DE 2026
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional

El acuerdo modernizado entre nuestro país y la Unión Europea rebasa lo comercial y busca fortalecer alianzas políticas frente a tensiones globales, afirma la Dra. Érika Ruiz Sandoval
La internacionalista advierte que no sustituye la relación con Estados Unidos y que México aún enfrenta retos de adaptación al mercado europeo
La modernización del Acuerdo Global entre México y la Unión Europea (UE) debe entenderse no sólo como un tratado comercial, sino como una alianza política estratégica en un momento de creciente incertidumbre internacional, consideró la Dra. Érika Ruiz Sandoval, académica del
La internacionalista, quien participó activamente desde la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) como Coordinadora de Asesores de la Subsecretaría de Relaciones Exteriores, impulsando los pilares de diálogo político y cooperación de la modernización del Acuerdo Global México-Unión Europea, señaló que el nuevo acuerdo cobra relevancia en medio de la guerra arancelaria impulsada por Donald Trump, las tensiones geopolíticas y la necesidad de fortalecer alianzas multilaterales.
“La virtud del acuerdo global y ahora de su versión modernizada es que no es exclusivamente un tratado de libre comercio. Incluye diálogo político y cooperación”, explicó.
Ruiz Sandoval consideró que, frente a un escenario internacional marcado por el debilitamiento de las reglas multilaterales, México y la Unión Europea encuentran coincidencias en la defensa de instituciones internacionales y de un orden basado en normas.
“Ni ellos ni nosotros somos los más fuertes. Por eso los europeos son grandes partidarios de las reglas, las instituciones y las normas”, afirmó.
Aunque el acuerdo representa una vía de diversificación económica, la especialista enfatizó que la Unión Europea no sustituye el peso comercial de Estados Unidos para México.
“En la relación México-Unión Europea siempre hay un elefante en la habitación y ese elefante es Estados Unidos”, afirmó.
Actualmente, el comercio con Europa representa menos del 10 por ciento del intercambio comercial total de México, mientras que la economía mexicana mantiene una alta dependencia del mercado estadounidense, las remesas y la integración productiva de América del Norte.
La académica consideró que el acuerdo abre oportunidades en sectores como el agroalimentario y el automotriz, aunque advirtió que las empresas mexicanas deberán adaptarse a estándares europeos mucho más estrictos en materia sanitaria, ambiental y de calidad.
“El exportador mexicano conoce el caminito a Estados Unidos y le cuesta mucho pensar en la diversificación”, comentó.
La académica explicó que la firma del acuerdo se retrasó durante años debido a tensiones relacionadas con la política energética impulsada desde el sexenio pasado, particularmente por los cambios regulatorios y la visión de soberanía energética.
“El gobierno mexicano no tenía mucha claridad de qué quería cambiar al texto original para incorporar las nuevas visiones sobre soberanía energética”, señaló.
Añadió que las reformas impulsadas en los últimos años también generaron inquietud entre inversionistas europeos por la falta de certidumbre jurídica.
“Ellos invirtieron con ciertas normas y, si después sobre la marcha se cambian, eso preocupa”, dijo.
Ruiz Sandoval sostuvo que la salida de empresas como Iberdrola refleja parte de esas tensiones y advirtió que temas como la reforma judicial podrían dificultar el proceso de ratificación del acuerdo en Europa.
“El problema es que habrá voces europeas que consideren que México tiene problemas importantes de Estado de derecho y derechos humanos”, apuntó.
Ruiz Sandoval, autora de diversas publicaciones sobre la relación birregional entre México y la Unión Europea, destacó que la firma del acuerdo también representa una oportunidad para que México fortalezca su conocimiento y relación con Europa más allá de sus socios tradicionales.
“Los europeos pueden ser un buen socio, pero necesitamos entender mejor cómo funciona la Unión Europea y aprovechar realmente las oportunidades que ofrece”, afirmó.
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