PRENSA IBERO
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30 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

A semanas de los partidos del Mundial de Futbol 2026 que se disputarán en la Ciudad de México, buena parte de la conversación pública se ha centrado en el impacto económico y turístico del evento. Para el Dr. David Heres, experto adscrito al Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, el evento representa una oportunidad clave para evaluar las políticas públicas en movilidad y medio ambiente en la Ciudad de México, y también para evidenciar lo que no se ha hecho.
“El Mundial funciona como un punto de referencia para preguntarnos qué problemas hemos resuelto y cuáles siguen exactamente igual que hace décadas, cuando tuvieron lugar en México los torneos de 1970 y 1986”, señaló el especialista.
En entrevista con Prensa IBERO, el Dr. Heres señaló que existe abundante evidencia científica sobre los efectos de la mala calidad del aire en la salud física y mental. No sólo se agravan enfermedades respiratorias, también aumentan los niveles de estrés, irritabilidad y disminuye el rendimiento cognitivo y laboral.
En la Ciudad de México, estos efectos se intensifican durante la temporada de ozono, principalmente en abril y mayo, cuando la combinación de contaminantes, radiación solar y poca dispersión atmosférica genera condiciones críticas: “Se forma una especie de tormenta perfecta: aumentan el estrés, la irritabilidad y la vulnerabilidad ante afectaciones a la salud”.
El docente apuntó que el torneo se llevará a cabo en junio y julio, meses en los que la calidad del aire suele mejorar debido a las lluvias, que ayudan a dispersar contaminantes, lo que permitirá que visitantes y habitantes experimenten condiciones más favorables, pero no como resultado de políticas públicas:
“El Mundial coincide con una temporada en la que normalmente gozamos de mejor calidad del aire, pero eso no significa que el problema esté resuelto, simplemente es una condición estacional”.
Más allá de la calidad del aire, la movilidad sigue siendo uno de los principales factores de desgaste en la capital del país. Traslados que en promedio superan los 40 minutos, y que en muchos casos alcanzan dos horas, implican estrés constante, pérdida de tiempo y menor calidad de vida: “El simple hecho de trasladarse genera estrés, ya sea manejando o en transporte público”.
Para el entrevistado, el Mundial pudo haber sido el detonante para impulsar cambios estructurales en el sistema de transporte, pero no ocurrió.
Uno de los problemas más evidentes es la antigüedad del transporte público concesionado. Entre el 80% y 90% de los microbuses que circulan en la ciudad tienen más de 30 años, pese a que la normativa establece una vida útil de apenas 10. Se trata de unidades altamente contaminantes que contrastan con una flota vehicular privada mucho más moderna: “son vehículos muy antiguos que emiten muchos contaminantes. Es un problema que no se ha atendido de fondo”.
A pesar de inversiones recientes en infraestructura, como trenes y conexiones ferroviarias, Heres consideró que se dejó pasar la oportunidad de modernizar de manera masiva el transporte público: “con inversiones similares a algunas obras recientes, se podría haber sustituido prácticamente toda la flota de microbuses por unidades más limpias, incluso eléctricas”.
Si bien en verano mejora la calidad del aire, las lluvias representan otro desafío importante. En cuestión de minutos, la ciudad puede colapsar por inundaciones que afectan la movilidad. Este problema, explicó Heres, no es nuevo, pero se ha agravado por la expansión urbana y la pavimentación, que alteran el flujo natural del agua: “Las lluvias siempre han estado ahí, pero la forma en que hemos construido la ciudad ha incrementado la vulnerabilidad”.
Ante el Mundial, autoridades han promovido el trabajo remoto como medida para reducir el tráfico. Si bien esta estrategia puede disminuir traslados y estrés, no resuelve el problema de la contaminación, y es que, recordó el Dr. Heres, durante el confinamiento por los efectos de la pandemia de COVID19, y aún con una reducción significativa de la movilidad, se registraron contingencias ambientales: **“El home office ayuda al tráfico, pero no es suficiente para resolver el problema de la calidad del aire”. **
Además, el especialista indicó que existen otras fuentes importantes de contaminación, como el uso de aerosoles, solventes y fugas de gas LP, que suelen estar menos reguladas.
El Mundial también permite mirar hacia el pasado. En 1986, cuando México fue sede por última vez, la ciudad ya enfrentaba problemas de contaminación y movilidad. Cuatro décadas después, consideró el experto, muchos de esos retos persisten: “Antes y después de los mundiales, la ciudad ha seguido respirando aire contaminado y enfrentando problemas de movilidad”.
Para el especialista, el mayor riesgo de políticas para afrontar los problemas de la capital del país es que las medidas implementadas se enfoquen únicamente en facilitar la experiencia de visitantes, en lugar de atender las necesidades de quienes habitan la ciudad todos los días: “El home office o las estrategias de movilidad no deberían ser temporales. Deberían pensarse como soluciones permanentes”.
En resumen, para el académico de la IBERO, vale la pena preguntarse, a propósito del Mundial: ¿se aprovechó realmente como una oportunidad para transformar la movilidad y mejorar el medio ambiente?
Por: Jorge Luis Cortés
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