PRENSA IBERO
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26 DE MARZO DE 2026
Por: Luis Reyes
AUTOR
Reportero de Comunicación Institucional de la IBERO

El debate sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental de niñas, niños y adolescentes ha cobrado fuerza a nivel global.
A partir del Reporte Mundial de la Felicidad 2026, el Dr. Gerardo Leyva, Académico del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la Universidad Iberoamericana (BERO) advierten que, si bien hay evidencia creciente sobre efectos negativos, el caso de México muestra matices importantes que obligan a analizar el fenómeno con mayor precisión.
El informe —en el que participaron académicos como Jonathan Haidt y Cass R. Sunstein— reúne datos de encuestas, estudios longitudinales y experimentos para entender cómo el uso de plataformas digitales influye en el bienestar.
En términos generales, se detecta que el uso intensivo de redes sociales está asociado con mayores niveles de ansiedad, depresión y menor satisfacción con la vida, especialmente entre adolescentes.
Sin embargo, en México y América Latina el panorama no es uniforme. De acuerdo con el Dr. Leyva, el efecto de las redes depende del tipo de plataforma, la intensidad de uso y las características de los usuarios.
Una de las principales conclusiones del estudio es que no todas las redes sociales funcionan igual. Aquellas que promueven la interacción directa entre personas —como la comunicación con amigos y familiares— pueden tener efectos positivos en el bienestar.
En contraste, las plataformas basadas en algoritmos que fomentan el consumo continuo de contenido (como el “scroll infinito”) tienden a generar efectos negativos, al aumentar el aislamiento y el tiempo de exposición.
Además, el académico señala que el estudio identifica que el uso moderado de redes sociales puede ser beneficioso o al menos no perjudicial, mientras que el uso excesivo —más de cinco o siete horas diarias— está vinculado con deterioro en la salud mental. Este patrón se repite en distintos países, aunque con variaciones según el contexto cultural.
En el caso de México, la evidencia muestra que el impacto negativo es menor en comparación con Estados Unidos, donde se ha documentado un deterioro más marcado en el bienestar de los jóvenes en las últimas dos décadas. Aun así, existen señales de alerta, especialmente en grupos vulnerables.
Las mujeres adolescentes destacan como el grupo con mayor riesgo. Según los datos analizados, ellas presentan una mayor sensibilidad a los efectos negativos de las redes sociales, particularmente aquellas dominadas por algoritmos. Factores como la exposición a estándares de belleza, el acoso digital o la comparación social pueden influir en este resultado.
Otro hallazgo relevante es que el nivel socioeconómico también influye: jóvenes de contextos más vulnerables tienden a enfrentar mayores riesgos asociados al uso intensivo de redes.
Dejar las redes sociales mejora el bienestar de las personas
El reporte incluye evidencia experimental —como estudios del académico Cass R. Sunstein— que muestra que las personas reportan mejoras en su bienestar cuando dejan de usar redes sociales durante un periodo, aunque al mismo tiempo les resulta difícil abandonarlas. Esto sugiere un componente adictivo o de dependencia, reforzado por el hecho de que estas plataformas concentran la interacción social.
A pesar de estos hallazgos, el Dr. Leyva insiste en la necesidad de evitar conclusiones simplistas. No todos los problemas de salud mental pueden atribuirse a las redes sociales, ni todos los usos son perjudiciales. El contexto social, familiar y cultural juega un papel clave, señala.
En este sentido, el caso de México representa una oportunidad para actuar de manera preventiva. A diferencia de otros países donde los efectos negativos ya son más evidentes, en el país aún hay margen para diseñar políticas públicas basadas en evidencia que promuevan un uso saludable de la tecnología.
El Dr. Leyva subraya que el reto consiste en encontrar un equilibrio: proteger a los jóvenes de los riesgos sin limitar innecesariamente el acceso a herramientas que también pueden fortalecer vínculos y oportunidades.
Por: Luis Reyes
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