PRENSA IBERO
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28 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

En México, la intoxicación por plomo en niñas y niños no es un problema aislado, sino un problema de salud pública que podría prevenirse con medidas concretas. Entre ellas, destaca la necesidad de implementar un programa de monitoreo proactivo y constante de metales pesados en fórmulas y alimentos infantiles, como plantea una propuesta de política pública presentada por la Universidad Iberoamericana en 2024.
El tema vuelve a cobrar relevancia por la publicación reciente de un artículo en el periódico Milenio, que advierte que al menos 1.2 millones de niñas y niños de entre 1 y 4 años presentan niveles de plomo considerados intoxicación, es decir, el 15.8% de la población en ese rango de edad. El texto señala que estados como Puebla, la cifra alcanza casi la mitad de las infancias, lo que evidencia la magnitud del problema.
La evidencia científica señala que no existe un nivel seguro de plomo en la sangre, y que incluso exposiciones bajas pueden afectar el desarrollo cerebral, reducir el coeficiente intelectual y alterar la conducta infantil.
El plomo entra al organismo principalmente a través de alimentos, agua o polvo contaminado, y una vez en el cuerpo se distribuye hacia órganos vitales como el cerebro, hígado y riñones. En niñas y niños, sus efectos son especialmente graves:
Además, la exposición puede comenzar desde antes del nacimiento, ya que el plomo puede transferirse de la madre al feto durante el embarazo.
La propuesta: prevenir antes de que ocurra el daño
Frente a este panorama, la Universidad Iberoamericana desarrolló en 2024 una propuesta de política pública como parte de IBERO Propone, ejercicio derivado de IBERO Dialoga, a través de la cual estudiantes dialogaron con personas candidatas a cargos de elección popular.
El análisis fue encabezado por la Dra. Alejandra Cantoral Preciado, académica del Departamento de Salud, quien planteó una estrategia clara:
establecer un sistema permanente de monitoreo de metales pesados en productos dirigidos a la infancia, particularmente fórmulas y alimentos infantiles.
El objetivo es pasar de un modelo reactivo, que actúa cuando el daño ya ocurrió, a uno preventivo, que permita:
El problema del plomo en México está profundamente arraigado en prácticas cotidianas y condiciones estructurales. De acuerdo con lo documentado por Milenio, en el centro y sur del país el uso de barro vidriado con plomo explica cerca del 48% de los casos, mientras que en el norte predominan fuentes industriales como el reciclaje de baterías.
A ello se suman factores como la pobreza y la desnutrición, que aumentan la absorción del metal en el organismo, agravando sus efectos.
Pese a que en 2019 se aprobó un programa nacional para prevenir la exposición al plomo, este no se implementó, lo que ha dejado el problema sin una respuesta estructural sostenida .
La propuesta de la IBERO subraya que el control del plomo no debe limitarse a prohibiciones o campañas aisladas, sino que requiere sistemas de vigilancia continua en la cadena alimentaria, especialmente en productos consumidos por la población más vulnerable.
En ese sentido, el monitoreo constante de fórmulas y alimentos infantiles representa una intervención estratégica: actuar antes de que el plomo llegue al organismo.
El planteamiento también abre la puerta a una política más amplia de seguridad alimentaria y justicia ambiental, en la que la protección de la infancia se convierta en prioridad.
A pesar de su gravedad, la intoxicación por plomo es completamente prevenible. Sin embargo, su persistencia en México revela fallas en la regulación, la vigilancia sanitaria y la atención a las desigualdades.
Por: Jorge Luis Cortés
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