18 DE MAYO DE 2026
México vivirá un Mundial alejado de la afición local: Especialista IBERO
PRENSA IBERO
18 DE MAYO DE 2026
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

A unos días de que México vuelva a convertirse en sede de una Copa del Mundo, el entusiasmo que históricamente acompañó a los mundiales celebrados en territorio nacional parece diluirse entre boletos inaccesibles, restricciones de acceso, molestias urbanas y una creciente percepción de exclusión.
Para el Dr. Jorge Negroe Álvarez, Académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana (IBERO), el Mundial 2026 corre el riesgo de convertirse en un espectáculo global donde la afición mexicana quede relegada a un papel secundario.
El especialista en Estudios Sociales del Deporte sostuvo en entrevista con Prensa IBERO que, pese a los esfuerzos institucionales por generar identidad alrededor del torneo, el evento no ha logrado conectar emocionalmente con la ciudadanía.
“Aunque exista una campaña para hacer sentir que el Mundial vuelve a casa, la realidad es que no se está logrando que la gente lo sienta suyo”, afirmó.
La estrategia del Gobierno de la Ciudad de México, basada en el lema “La pelota vuelve a casa”, acompañada de intervenciones urbanas, ajolotes como símbolo promocional y fuerte presencia visual en espacios públicos, busca recuperar la nostalgia de México 70 y México 86.
Sin embargo, el académico de nuestra casa de estudios consideró que existe una desconexión importante entre esa narrativa oficial y la experiencia real de la población.
“Este futbol no está pensado para una clase popular. Está totalmente atravesado por una lógica de capitalismo voraz que elitiza el acceso a los boletos y a los espacios”, advirtió.
Indicó que los altos precios de las entradas, la venta escalonada “a cuentagotas” y los complejos sistemas digitales de compra han convertido la posibilidad de asistir a un partido en una experiencia frustrante para miles de aficionados mexicanos.
“No es un Mundial para la gente que ama el futbol. Es para quienes pueden pagarlo”, sentenció.
Incluso, dijo que los llamados Fan Festivals, que en teoría deberían funcionar como espacios públicos de convivencia, presentan restricciones que refuerzan esa exclusión.
En Ciudad de México, ejemplificó, el acceso al evento previsto en el Zócalo dependerá de registros previos y sorteos organizados por FIFA.
“La gente piensa que podrá llegar como si fuera un concierto público, pero no será así. Será un acceso controlado y limitado”, explicó.
A diferencia de los mundiales anteriores celebrados en México, el Dr. Negroe Álvarez señaló que hoy no existe una apropiación social del evento.

En México 70, recordó, el país venía del impulso organizativo de los Juegos Olímpicos de 1968 y vivía una etapa de crecimiento económico que permitió incorporar el Mundial como parte de una narrativa nacional moderna.
Rememoró que en 1986, tras el terremoto de 1985, el torneo ayudó a fortalecer una identidad colectiva basada en la solidaridad.
“En aquellos años la gente podía ir a comprar un boleto directamente a taquilla. Había cercanía real con el evento. Hoy, por el contrario, el acceso digital, la especulación, la reventa y las restricciones generan una sensación de distancia. Eso provoca frustración”, explicó.
Otro aspecto que genera el malestar es el impacto cotidiano de las obras de remodelación y adecuación urbana, particularmente en los alrededores del Estadio Azteca.
“Para quienes viven cerca del estadio, el Mundial ha significado más tráfico, más cierres, más dificultades para regresar a casa y ningún beneficio directo”, afirmó.
Negroe consideró que esa situación puede traducirse en un sentimiento de rechazo.
“Sí existe hartazgo. Cuando un evento te complica la vida diaria y ni siquiera puedes disfrutarlo, lo que genera es enojo”, agregó.
Anticipó que durante el torneo podrían intensificarse las protestas sociales, pues colectivos como madres buscadoras, defensores del agua y organizaciones vecinales ya han comenzado a manifestarse aprovechando la atención mediática internacional.
“El Mundial también se convierte en escaparate para visibilizar conflictos sociales que normalmente permanecen fuera del foco”, acotó.
Paradójicamente, la relación entre la afición y la Selección Mexicana también atraviesa un momento de desgaste. Para el académico, muchos aficionados están decepcionados con la Federación por privilegiar el negocio sobre el proyecto deportivo.

“La Selección ya no se siente tan arraigada con México; juega más en Estados Unidos que aquí y eso también genera distancia.”
Sin embargo, reconoció que el futbol sigue teniendo una poderosa capacidad emocional.
“Las y los mexicanos somos muy necios en ese sentido. Si México empieza a ganar, puede volver la euforia rápidamente”, apuntó.
Aun así, advirtió que esa posible efervescencia podría hacer que se pierda la mirada crítica sobre el evento.
“Es como un matrimonio tóxico: sabemos que algo no está bien, pero si nos ilusionan otra vez, regresamos”, indicó.
Respecto al impacto económico, consideró que la expectativa sobre la llegada de turistas extranjeros podría estar sobredimensionada y quienes resentirán el alza de precios serán las y los mexicanos.
“Ya estamos viendo incrementos en hospedajes, restaurantes y transporte. Muy pocos extranjeros van a venir, pero quienes sí vamos a pagar esos aumentos somos nosotros”, acotó.
Incluso el auge en la compra del álbum Panini del Mundial, explicó, refleja una forma simbólica de participación para quienes saben que no podrán asistir al estadio.
“Hay un meme que dice: ‘No me alcanza para el boleto, pero sí para el álbum’. Eso resume perfectamente esta sensación de lejanía”, manifestó.
Para el Dr. Negroe Álvarez, el principal reto del Mundial 2026 no será organizativo ni deportivo, sino social.
“La gente no se siente cercana al Mundial. Está tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Esa distancia dice mucho sobre el tipo de futbol que hoy se está construyendo”, concluyó.
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