PRENSA IBERO
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8 DE MAYO DE 2026
Por: Luis Reyes
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

La reciente polémica entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por la figura de Hernán Cortés volvió a colocar en el debate la relación histórica entre México y España al insistir en presentar a la Conquista como una invasión marcada por violencia y saqueo, sin tomar en cuenta que fue un proceso histórico complejo que ahora es enmarcado desde categorías contemporáneas.
Para la Dra. Cossette Galindo Ayala, Académica del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana (IBERO) Ciudad de México (CDMX), uno de los principales problemas en la discusión pública sobre la Conquista es que se usan conceptos modernos para juzgar fenómenos ocurridos hace más de cinco siglos.
“Lo primero que tendría que haber son criterios históricos y no criterios políticos”, sostuvo.
A su consideración, la discusión actual está “demasiado contaminada” por discursos populistas, polarización política y visiones esencialistas que dividen el pasado entre “buenos y malos”.
La especialista explicó que el proceso encabezado por Hernán Cortés debe entenderse dentro de la lógica expansiva de los grandes imperios de la época y no desde conceptos contemporáneos como colonialismo o invasión.
Señaló que la monarquía hispánica formaba parte de una tradición imperial heredera del Sacro Imperio Romano Germánico y que la expansión hacia América respondió a una visión imperial basada en la extensión del castellano y de la religión católica.
La Dra. Galindo Ayala destacó que Hernán Cortés no provenía de la nobleza poderosa, sino de sectores modestos de Extremadura.
“Eran hidalgos pobres que buscaban fama, fortuna y honor dentro de una tradición medieval de caballería”, explicó.
La académica subrayó que la caída del Imperio mexica no puede entenderse únicamente como una invasión extranjera, ya que numerosos pueblos indígenas se aliaron con los españoles debido al descontento existente frente al dominio mexica, particularmente por los tributos y las guerras floridas.
“No diría que eran invasores. Ese es un término anacrónico”, afirmó.
Explicó que el Imperio español no concebía América solamente como un territorio de extracción económica, sino como una extensión política y administrativa del propio imperio.
“La Nueva España era una sede del Imperio Hispánico”, señaló.
Sin embargo, aclaró que reconocer la complejidad histórica del proceso no implica negar los abusos y las violencias ocurridas durante la Conquista y el Virreinato. La historiadora reconoció que hubo explotación, esclavitud, corrupción y profundas desigualdades, especialmente contra pueblos indígenas y mujeres.
“Claro que hubo ultrajes. En todas las expansiones imperiales los ha habido”, afirmó.
Recordó además que la Corona española permitió el comercio esclavista africano y que muchas comunidades indígenas fueron sometidas a condiciones extremas de explotación.
No obstante, destacó que dentro de la propia tradición hispánica surgieron voces humanistas que intentaron proteger a las poblaciones indígenas, como Bartolomé de las Casas, quien defendió el reconocimiento de los indígenas como seres humanos y súbditos de la Corona.
Para Galindo Ayala, uno de los mayores problemas actuales es que México sigue construyendo su identidad nacional desde una lógica de victimización histórica permanente.
Aseguró que existe una narrativa política que presenta a los españoles como “villanos absolutos” y a los pueblos originarios como grupos completamente puros y desprovistos de contradicciones internas. “Eso no ayuda a construir identidad ni justicia”, advirtió.
Consideró que el país mantiene una profunda crisis identitaria derivada de no reconciliarse con su propio pasado mestizo.
“Somos más herederos de España de lo que muchas veces queremos reconocer: hablamos español, nuestra tradición jurídica y religiosa viene de ahí, pero al mismo tiempo somos profundamente latinoamericanos y diversos”, explicó.
También criticó las visiones raciales que históricamente colocaron a los pueblos indígenas y afrodescendientes en posiciones de inferioridad social. Señaló que el racismo construido desde la Colonia continúa presente en México y sigue afectando la percepción sobre el valor de lo indígena y lo mestizo.
Aun así, sostuvo que la salida no está en alimentar discursos de resentimiento o pureza identitaria, sino en construir una mirada histórica madura y crítica que permita asumir el pasado con complejidad.
“No existen grupos completamente puros ni completamente malos. Todos los grupos humanos tienen contradicciones, abusos y conflictos internos”, señaló.
Afirmó que México necesita dejar de buscar modelos de validación en el exterior y comenzar a reconocerse desde su propia complejidad cultural e histórica.
“Los mexicanos muchas veces vivimos como huérfanos identitarios. Queremos parecernos a otros porque no terminamos de aceptar quiénes somos”, sostuvo.
Finalmente, consideró que la verdadera reparación histórica no depende únicamente de exigencias hacia España o hacia otras potencias, sino de construir dignidad, justicia e igualdad dentro del propio país. “Nadie nos va a dar dignidad desde fuera. Eso lo tenemos que construir nosotros mismos”, concluyó.
Por: Luis Reyes
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