PRENSA IBERO
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30 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

A medida que México se prepara para ser una de las sedes del próximo Mundial de futbol, familiares de personas desaparecidas advirtieron que la atención pública, los recursos institucionales y las prioridades gubernamentales se están desplazando hacia la organización del evento, mientras la crisis de desapariciones —una de las más graves del país— permanece desatendida.
Durante el conversatorio “Del Mundial a las aulas”, organizado por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), madres buscadoras provenientes de Guadalajara, Monterrey y la capital del país coincidieron en que no se oponen al evento deportivo, pero sí a que éste se convierta en un mecanismo de invisibilización.
El encuentro reunió también a especialistas como el Dr. Roger Magazine, director del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas; la Dra. Mireya Márquez, académica del Departamento de Comunicación; y Meyatzin Velasco, estudiante de Posgrado en Antropología e integrante del Centro Prodh, quienes subrayaron la necesidad de abrir espacios de reflexión sobre cómo los grandes eventos globales conviven con crisis estructurales que afectan cotidianamente a miles de personas.
Desde el Centro Prodh se recordó que en México hay más de 130 mil personas desaparecidas, una cifra que da cuenta de una crisis humanitaria sostenida frente a la cual, denunciaron, las respuestas del Estado han sido insuficientes. Ante ello, han sido las propias familias quienes, “con valentía y amor”, han salido a buscar en calles, campos y fosas, muchas veces sin acompañamiento institucional.
Desde Jalisco, Hilda Carrizales, integrante del colectivo Por Amor a Ellos, tomó la palabra para denunciar que la narrativa oficial en torno al Mundial privilegia la infraestructura, el turismo y la derrama económica, mientras deja fuera a miles de familias que siguen buscando a sus seres queridos.
Carrizales busca a su hijo Alan Elohim, desaparecido el 8 de agosto de 2017, y señaló que en su estado la crisis alcanza dimensiones alarmantes. “Se enfoca todo en presupuestos, en buena imagen, pero se invisibiliza a los nuestros. Nuestros hijos no van a poder estar para disfrutar el Mundial”, lamentó.
La madre buscadora subrayó que detrás de cada desaparición hay una historia, una familia y una vida interrumpida. “Nosotros no buscamos números, buscamos hijos, hermanos, padres”, dijo, al tiempo que cuestionó la falta de urgencia para investigar los casos frente a la rapidez con la que avanzan obras y proyectos vinculados al evento deportivo.
Aunque reconoció que el Mundial traerá beneficios económicos, insistió en que ello no puede justificar el abandono: “No estamos en contra de que se realice, todos tenemos derecho a disfrutar, pero pedimos que también se visibilice nuestra lucha y que nos ayuden a difundir”.
Desde Nuevo León, Irasema García, quien busca a su hijo Iván, desaparecido el 11 de marzo de 2011 en Monterrey, denunció un escenario de abandono institucional agravado por la priorización del Mundial.
“En la comisión de búsqueda, en fiscalía, en la comisión de víctimas, no hay presupuesto. Todo se está yendo al Mundial”, afirmó. Explicó que la falta de recursos se traduce en carencias operativas: escasez de personal, rezago en servicios periciales, falta de vehículos y herramientas para realizar búsquedas.
García advirtió que incluso los cuerpos de seguridad asignados a acompañar a las familias serán redirigidos para resguardar las sedes y zonas turísticas durante el evento.
“Las búsquedas, a ver cómo le hacemos nosotros”, dijo.
También denunció que muchas de las labores que deberían realizar las autoridades recaen en las propias familias, quienes financian con sus recursos alimentos, traslados y materiales. “¿De qué sirve que arreglen la ciudad si está llena de fosas?”, cuestionó, al tiempo que criticó los intentos por “maquillar” la realidad.
Pese a ello, reiteró que su lucha no se detendrá: “No estamos en contra del Mundial, pero no a costa de dejarnos sin presupuesto, sin seguridad y sin apoyo”.
En la capital del país, Aída Guzmán, quien busca a su hermano Edgar desaparecido el 7 de agosto de 2020, denunció que la invisibilización también se expresa en políticas de simulación y restricciones a la protesta.
Señaló que las autoridades han intentado minimizar la crisis, limitando la visibilidad de los colectivos y dificultando su presencia en espacios públicos. Incluso, advirtió que se han colocado cercos alrededor de zonas cercanas a estadios para impedir que las familias se manifiesten durante el Mundial.
“Hay dinero para que la ciudad se vea bonita, pero no para buscar a nuestros familiares”, afirmó.
Guzmán también hizo énfasis en el impacto integral de la desaparición: pérdida de empleo, deterioro de la salud física y mental, y ruptura del tejido familiar. Denunció además la falta de empatía social: “Ya no hay humanidad. La gente está feliz comprando su playera del Mundial, pero no voltea a ver a las familias que seguimos buscando”.
Asimismo, criticó la falta de coordinación institucional, la ausencia de análisis de contexto en las búsquedas y la negativa de autoridades locales a compartir información clave para la localización de personas.
“Las familias somos las que investigamos, las que decimos dónde buscar. No hay apoyo suficiente, pero seguimos”, sostuvo.
El conversatorio forma parte de la campaña “Hagámosles visibles, hasta encontrarles”, impulsada por el Centro Prodh, que busca aprovechar la visibilidad mediática del Mundial para poner en el centro la crisis de desapariciones.
Desde este espacio, se hizo un llamado a la sociedad a escuchar, acompañar y amplificar las voces de las familias buscadoras, así como a exigir que los grandes eventos internacionales no desplacen las obligaciones del Estado en materia de derechos humanos.
Las participantes coincidieron en que su lucha no es sólo por sus familiares, sino por la memoria, la verdad y la justicia en el país.
Las madres y la hermana buscadoras agradecieron el respaldo de la Universidad Iberoamericana y del Centro Prodh por generar espacios de diálogo y solidaridad. “Estos espacios nos permiten ser escuchadas y no sentirnos solas”.
Por: Jorge Luis Cortés
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