PRENSA IBERO
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23 DE ENERO DE 2026
Por: Dr. Erasmo Zarazúa, Académico del Departamento de Estudios Internacionales
AUTOR

Foto: Dr. Erasmo Zarazúa
Cuando estudiábamos la carrera de Relaciones Internacionales, a finales de los años noventa, hablábamos de los conflictos, disputas y zonas calientes del futuro. Identificábamos entonces al Polo Norte, el Polo Sur, el espacio exterior e incluso el **espacio interior **como escenarios estratégicos de disputa. Para 2010, en la materia de Seguridad Internacional, ya lo considerábamos una realidad y un tema central para los años siguientes.
Todo comenzó con la expansión rusa en el Ártico, no solo en el plano militar, sino también en los ámbitos comercial, científico, exploratorio y simbólico. Desde el inicio del siglo XXI, Rusia incrementó su presencia en la región, hasta que en 2007 descendió al fondo oceánico del Polo Norte y colocó una bandera de titanio, instalada por los minisubmarinos Mir I y Mir II, como parte de su intento por demostrar, mediante pruebas geológicas, que esa zona le pertenecía.
En los años posteriores, Rusia desarrolló maquinaria y medios de transporte capaces de operar en temperaturas extremas, dando inicio a un proceso de colonización del Ártico. Hoy es el país con mayor presencia militar en la región, con más de 30 bases terrestres, navales y aéreas, además de rompehielos y submarinos nucleares. Ha establecido bases en distintas islas del Ártico, con tropas en guardia permanente.
En el plano comercial, Rusia ha instalado plataformas petroleras móviles y ha comenzado la extracción de recursos, principalmente dentro de su territorio, su mar territorial y su zona económica exclusiva, aunque también se ha aventurado en aguas internacionales.
En segundo lugar se encuentran los** Estados Unidos**, con una importante base militar en el norte de Groenlandia, la base de Thule. Sin embargo, este territorio no es estadounidense, sino resultado de un tratado de cooperación con Dinamarca firmado en la década de 1950. El estado de Alaska, aunque es territorio estadounidense, no se encuentra tan al norte como las islas de** Canadá**, **Groenlandia **o Rusia, que son las regiones más cercanas al Polo Norte geográfico.
Tras el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos desmanteló casi todas sus instalaciones militares en Groenlandia, conservando únicamente la base de Thule, dedicada principalmente a sistemas de alerta temprana para la detección de misiles que pudieran atravesar el Polo Norte. No obstante, al no tratarse de territorio estadounidense, Washington no puede desarrollar esta base como desearía. Su presencia en la región responde, sobre todo, a consideraciones militares y estratégicas, aunque se trate de una presencia fuera de su territorio soberano.
El tercer país con presencia militar y comercial relevante en la zona es Noruega. Su despliegue militar obedece principalmente a compromisos de seguridad con la OTAN, además de actividades de extracción minera y pesca. Noruega y Rusia son los únicos países que han logrado acordar formalmente la delimitación de sus zonas en el Ártico.
En términos de relevancia, Canadá ocupa un lugar similar. Cuenta con presencia militar, radares y sistemas de alerta temprana que operan tanto para Canadá como para la OTAN, pero no exclusivamente para Estados Unidos. Su presencia militar es menor y no permanente, y muchas de las islas del norte del país aún no han sido completamente exploradas.
En cuarto lugar se encuentran Dinamarca y Groenlandia. Su presencia militar se limita a labores de patrullaje y seguridad de bajo nivel. No obstante, Groenlandia destaca por tener la mayor población civil de la región: habitantes que viven y trabajan en la isla, principalmente en las costas del sur, dedicados a la minería y la pesca.
Durante la Guerra Fría, el Polo Norte fue una zona clave por su valor estratégico para el posicionamiento de submarinos nucleares y como ruta de misiles intercontinentales. ¿Por qué vuelve a ser relevante hoy? Porque tanto el clima como el contexto internacional han cambiado.
En los últimos años, el sistema internacional avanza hacia un escenario multipolar, con tres grandes polos de poder: Estados Unidos, Rusia y China. Las fronteras globales de sus zonas de influencia están en proceso de redefinición. Rusia inició este proceso en 2014 con Crimea y lo profundizó en 2022–2024 con la guerra en Ucrania. Estados Unidos, por su parte, ha reafirmado su dominio en el continente americano con su postura frente a Venezuela, su retórica hacia Panamá y Canadá, y ahora con Groenlandia.
Aunque en el discurso se menciona que Rusia y China buscan quedarse con los minerales y la posición geoestratégica de Groenlandia, el fondo del asunto es otro: la disputa es, ante todo, con Europa. Los recursos de Groenlandia no son aún rentables ni viables de explotar a corto o mediano plazo. Se trata de una apuesta estratégica de largo plazo, ligada al calentamiento global y a la eventual explotación de minerales, petróleo y gas hacia finales del siglo XXI. Estados Unidos busca asegurarse esos recursos para sí, antes que para Europa.
Actualmente estamos presenciando el establecimiento de nuevas zonas de influencia, lo que en Relaciones Internacionales se conoce como la dinámica centro-periferia. Rusia define su centro y su periferia en Europa del Este, mientras que Estados Unidos redefine los límites de su periferia hemisférica. Aunque Groenlandia pertenece geográficamente al continente americano, económica y políticamente mantiene vínculos con Europa, al ser un territorio autónomo de Dinamarca.
La pugna por Groenlandia —e incluso por Canadá, particularmente por sus islas del norte— forma parte de la agenda internacional reciente, impulsada por la convergencia de tres factores: seguridad, economía y comercio.
Al igual que durante la Guerra Fría, posicionarse lo más cerca posible del Polo Norte geográfico ofrece ventajas comparativas de defensa y ataque. Rusia cuenta con más de 30 posiciones militares en el Ártico. Estados Unidos, de contar con Groenlandia y/o el norte de Canadá, podría construir bases terrestres permanentes, sin depender del hielo o del despliegue de submarinos nucleares. Pasaría de sistemas de alerta temprana a capacidades directas de ataque y defensa mediante bases de misiles.
Así como Estados Unidos ha fijado su interés en Groenlandia y Canadá, Rusia ha señalado desde hace tiempo al archipiélago de Svalbard, perteneciente a Noruega desde 1920. Aunque es una zona abierta a la inversión, con empresas rusas ya operando en la región, Moscú busca una presencia dominante por razones geoestratégicas: Svalbard controla el acceso al Océano Ártico, permitiendo un mejor posicionamiento naval y submarino, lo que incrementa la presión sobre Groenlandia, especialmente tras la invasión de Ucrania.
A largo plazo, el Ártico alberga enormes reservas de recursos: tierras raras, petróleo (13 % de las reservas mundiales sin explorar), gas (30 %), oro y diamantes, entre otros. Mientras Rusia puede seguir explotando recursos dentro de su territorio y su zona económica exclusiva, Estados Unidos depende casi exclusivamente de Alaska. En el futuro, Washington no desea que Europa o Canadá controlen estas materias primas estratégicas.
El deshielo progresivo del Ártico ha abierto rutas de navegación más cortas y económicas. Existen actualmente dos rutas principales: el Pasaje del Noroeste, a través de las islas del norte de Canadá, y la Ruta del Mar del Norte, bordeando la costa rusa. En el futuro, una tercera ruta transpolar podría atravesar directamente el Polo Norte, reduciendo hasta dos semanas el trayecto entre China y Europa.
Aquí entra China como tercer actor clave. Aunque no tiene frontera con el Ártico, se autodefine como un “país cercano al Ártico”. Ha desarrollado rompehielos como el Xuelong y busca aprovechar estas rutas para reducir costos y evitar cuellos de botella en rutas tradicionales. China preferiría una región dominada por Rusia antes que por Estados Unidos, mientras Groenlandia podría funcionar como puerto intermedio y proveedor de materias primas.
La frontera directa entre Rusia y Estados Unidos —entre Siberia y Alaska— fue estable durante la Guerra Fría. Hoy, Rusia mantiene una posición ventajosa, con mayor experiencia, infraestructura y control del conocimiento técnico para navegar estas aguas. El resto del Círculo Polar Ártico permanece relativamente desatendido, mientras las disputas entre Estados Unidos, Rusia y China se intensifican.
A diferencia de la Guerra Fría, cuando el Ártico era una zona de nadie con un equilibrio estratégico, hoy se busca una frontera directa entre potencias, sin Estados colchón. Parte de este análisis lo comencé a escribir tras sobrevolar el Círculo Polar Ártico en 2008, cuando aún parecía un escenario lejano. Hoy, en 2026, el invierno está por terminar y la primavera-verano se acercan, la temporada ideal para cualquier movimiento militar.
Europa ha tomado nota de este escenario. Dinamarca ha enviado tropas a Groenlandia y espera el respaldo de sus aliados. Trump ha respondido con amenazas arancelarias contra quienes se opongan. Por ahora, la lucha por Groenlandia parece desarrollarse en el terreno comercial, pero el tablero estratégico ya está en movimiento.
Por: Dr. Erasmo Zarazúa, Académico del Departamento de Estudios Internacionales
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