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PRENSA IBERO
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• La investigación encabezada por Wilfrido A. Gómez-Arias señala que ocho de cada diez de las 364 variantes lingüísticas (289, el 79% en 2020) se encontrarían en riesgo de desaparecer • En 2025, unos 7.25 millones de personas de 5 años y más hablaban una lengua indígena en México • Son un poco más que en 2015, pero su peso en la población bajó de 6.59 % a 5.91 %
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Reportero de la IBERO

México tiene hoy más personas que hablan una lengua indígena que hace diez años, pero esas voces pesan cada vez menos. En 2025 se estimó que alrededor de 7.25 millones de personas de cinco años y más hablaban alguna lengua originaria.
La cifra es ligeramente mayor que la de 2015, pero su proporción dentro de la población de esas edades cayó de 6.59 % a 5.91 %. En otras palabras: la población crece más rápido que el número de hablantes.

El dato forma parte del estudio de Social Data IBERO llamado “Las lenguas indígenas de México en riesgo de desaparecer”, elaborado por Wilfrido A. Gómez-Arias, Misael Saúl Ávila López y Andrea Moctezuma.
El proyecto reúne censos, conteos y encuestas del INEGI de 1990 a 2025, una serie histórica nacional desde 1930 y el catálogo del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), para ver el fenómeno en el país, en cada estado y en cada municipio.

La investigación se cuestiona si se están heredando estas lenguas porque no desaparecen de golpe, se apagan cuando padres y madres dejan de enseñarla y las y los niños crecen hablando solo español. La investigación no solo cuenta hablantes: mira su edad, su presencia en los hogares y si la lengua pasa de madres a hijos y de abuelos a nietos.
Para la y los autores, cada lengua es un sistema propio de conocimiento y una de las piezas que más unen a una comunidad. Perderla empobrece la diversidad cultural de todos y limita la libertad de expresión de quienes la hablan. A escala mundial, la UNESCO calcula que en promedio desaparece una lengua indígena cada dos semanas.

La investigación recuerda que el retroceso tiene causas históricas: los Estados nacionales trataron durante dos siglos a las culturas indígenas como un “atraso”, los medios masivos se impusieron en la lengua dominante y la urbanización, la industrialización, el despojo y la exclusión redujeron las posibilidades de resistir.
En febrero de 2025, durante la conferencia matutina presidencial, el gobierno federal expuso que en 1900 el 15.4 % de la población hablaba alguna lengua indígena y que en 2020 la proporción había bajado a 6.2 %. Los nuevos datos de la IBERO confirman que la caída no se ha detenido en esta década.
Una línea de tiempo nacional de 1930 a 2025 que muestra cómo ha cambiado la proporción de hablantes. En 1930 el porcentaje que hablaba una lengua indígena era del 16%. En 2025, representa el 5.9%, es decir, el porcentaje cayó 10.1 por ciento. Para sacar el dato, desde 1990 se les pregunta a personas de 5 años y más.
De 1990 a 2025, en México cambió el porcentaje de hablantes en cada municipio, pero pasó de 2 mil 403 a 2 mil 478 municipios en el mismo periodo. En mil 395 municipios bajó el porcentaje de número de hablantes; en 768 subió, y en 195 no hubo cambios.

En Yucatán, Quintana Roo, Oaxaca, Campeche e Hidalgo disminuyó más el porcentaje de hablantes de 5 años y más. No basta con saber si se pierden hablantes; importa a qué velocidad. El estudio muestra a los municipios que hoy pierden hablantes más rápido que antes, incluso los que antes ganaban.
Una lengua con muchos hablantes mayores y pocos niños está en apuros. El análisis de la investigación “Las lenguas indígenas de México en riesgo de desaparecer” compara a las y los hablantes mujeres y hombres por grupos de edad y si el reparto por edades de hablantes se concentra en adultos y personas mayores.

¿Los progenitores que hablan una lengua se la enseñan a sus hijos e hijas? En 2025, el gobierno federal citó estudios de El Colegio de México según los cuales cuatro de cada diez menores con padres o madres hablantes no aprenden la lengua. El dato es clave pues cuando una generación deja de transmitirla, la lengua empieza a apagarse.

La investigación clasifica los hogares según cuántos de sus integrantes la hablan. Un hogar puede ser mayoritariamente hablante, tener al menos a alguien que habla o no tener a nadie. En un “hogar típico” el estudio calcula cuántos integrantes hablan una lengua en promedio.

Las generaciones se asignan por padres, madres, suegras y suegros arriba, hijos e hijas abajo, nietos y nietas dos niveles abajo. Así, el estudio ve si la lengua todavía llega a nietas y nietos. Pocos menores hablantes es señal clara de que la lengua se queda sin relevo.

La investigación retoma la clasificación oficial del INALI, la contrasta con los datos más recientes y ofrece una ficha para cada lengua:
En 2012, el INALI ubicó 64 variantes en riesgo muy alto y 43 en riesgo alto
Otras 72 tenían riesgo mediano y 185, riesgo no inmediato
En total, 179 de 364 variantes, casi la mitad, estaban en algún grado de riesgo
Cada lengua puede revisarse por separado: por familia, agrupación y variante
Con la misma metodología del INALI y los datos del Censo de Población y Vivienda 2020, la investigación estima cómo ha cambiado el panorama:
En 2020, 62 variantes están ubicadas en riesgo muy alto y 118 e riesgo alto
Otras 109 se ubican en riesgo mediano y tan solo 75 en riesgo no inmediato
En total, cerca de ocho de cada diez variantes estarían en algún grado de riesgo (289 de 364 variantes)
La causa principal: hay menos niñas y niños hablantes; los de 5 a 14 años pasaron de 23.9 % a 16.3 % de los hablantes entre 2000 y 2020
Busca que cualquier persona pueda ver qué está pasando con las lenguas de su estado o municipio. Su propósito, explican los autores, es aportar elementos para entender los riesgos, impulsar la reflexión sobre los derechos lingüísticos y alimentar la discusión de acciones que fortalezcan el uso, el aprendizaje y la transmisión de estas lenguas.
En este enlace puedes encontrar la investigación.
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