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PRENSA IBERO
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• Hoy se discute cómo convertir la cooperación global en soluciones frente al cambio climático, la IA, la desinformación y las desigualdades. • El XII Foro de Acreditación Internacional pone en el centro una pregunta incómoda: quién produce el conocimiento y quién queda fuera.
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

¿Para qué sirve acreditar a una universidad? ¿Para comprobar que cumple determinados estándares o también para preguntarse qué impacto tiene en la sociedad y a quién beneficia el conocimiento que produce?
Esa discusión atraviesa el XII Foro de Acreditación Internacional EQUAA 2026, que reúne en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México a autoridades universitarias, especialistas, organismos internacionales y representantes empresariales para repensar la relación entre calidad académica, internacionalización e impacto social.
Al inaugurar el encuentro, el Rector de la IBERO, Dr. Luis Arriaga Valenzuela, S.J., planteó que someterse a una evaluación externa supone aceptar ponerse a prueba y preguntarse no sólo por la calidad de lo que hace una institución, sino por las personas a quienes sirve.
Desde esta perspectiva, la acreditación deja de ser únicamente un trámite, un distintivo o el cumplimiento de indicadores y puede convertirse en una herramienta de reflexión institucional y transformación.
Actualmente, la IBERO cuenta con 14 acreditaciones internacionales y 30 nacionales de programas de licenciatura, además de siete programas de posgrado con reconocimiento internacional.
Pero la discusión del Foro va más allá de los estándares.
El Dr. Alejandro Anaya Muñoz, Vicerrector Académico de la IBERO, destacó precisamente la necesidad de vincular debates que no siempre aparecen juntos: acreditación, internacionalización e impacto social. También llamó a superar un paradigma de internacionalización todavía concentrado en movilidad estudiantil, intercambios y convenios firmados.
La pregunta de fondo es cada vez más urgente: ¿puede una universidad enfrentar problemas del siglo XXI con formas de producir conocimiento heredadas del siglo XIX?
Cambio climático, inteligencia artificial, desinformación y desigualdad son problemas que atraviesan países, disciplinas y sectores sociales. Frente a ellos, comienza a abrirse paso otra concepción de universidad global: una institución es verdaderamente internacional cuando la colaboración le permite comprender mejor los problemas de su tiempo y generar respuestas con impacto social.
En el primer panel, Emmanuel Eveno, Agregado de Cooperación Científica y Universitaria de la Embajada de Francia, planteó una contradicción: mientras buena parte del conocimiento universitario continúa organizada en estructuras disciplinares, los problemas contemporáneos son sistémicos y requieren conectar campos como matemáticas, inteligencia artificial, sociología y filosofía.
Como ejemplo presentó el Campus de las Transiciones, una iniciativa que trabaja mediante laboratorios con comunidades para enfrentar retos climáticos y energéticos. La universidad no llega con una solución terminada: la construye con las poblaciones, sus experiencias y sus saberes.
Budd L. Hall, titular de la Cátedra UNESCO en Investigación Comunitaria y Responsabilidad Social en la Educación Superior, llevó la discusión todavía más lejos con una pregunta: ¿de quién es el conocimiento?
Hall llamó a incorporar saberes indígenas, comunitarios, feministas y de la vida cotidiana, y a pensar el conocimiento no sólo como propiedad académica o recurso para el mercado, sino como un bien compartido. El planteamiento tiene especial resonancia en América Latina y el Sur Global, donde numerosas comunidades han sido estudiadas durante décadas sin ser reconocidas en la misma medida como productoras de conocimiento.

El Rector de la IBERO retomó esa preocupación al advertir que la internacionalización también puede reproducir desigualdades cuando ignora las asimetrías existentes entre centros y periferias en la producción y circulación del conocimiento.
Desde el sector empresarial, Xavier López Ancona, presidente y fundador de KidZania, subrayó que internacionalizarse supone comprender cada contexto, construir alianzas y escuchar a los actores locales.
Por su parte, Nathan Witemberg Wudka, Director de Formación y Gestión de lo Académico de la IBERO, señaló que el Foro busca reflexionar sobre los retos de la educación superior global y la formación de profesionistas comprometidos con su entorno.

Así, hablar hoy de acreditación ya no implica únicamente preguntar si una universidad cumple estándares, del mismo modo que hablar de internacionalización no puede limitarse a contar convenios o estudiantes de intercambio.
La discusión que deja EQUAA 2026 es más profunda: qué universidad necesitamos para un mundo que cambia más rápido que sus estructuras y cómo evaluar su calidad cuando también esperamos de ella respuestas frente a los grandes desafíos sociales.
Para la IBERO, esa respuesta pasa por vincular excelencia académica y justicia social: evaluar lo que una universidad hace, pero también preguntarse para qué y para quién lo hace.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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