PRENSA IBERO
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10 DE FEBRERO DE 2026
Por: Dra. Michelle Gama Leyva
AUTOR
Directora del Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos (CECRIGE)

El Seminario Permanente de Humanidades se concibe como un espacio para afirmar a las humanidades como productoras de pensamiento crítico y como parte constitutiva de la identidad de una universidad jesuita comprometida con la reflexión ética y la justicia social. Desde esta apuesta se inscribió la segunda sesión del semestre de primavera 2026, titulada Crítica cultural feminista: repensar sus tradiciones, reinventar sus prácticas ante las mutaciones globales en curso, que reunió en diálogo a la filósofa chilena Alejandra Castillo (en la imagen de abajo, a la izquierda) y a la antropóloga y feminista mexicana Marta Lamas (abajo, derecha).

En su intervención inicial, Alejandra Castillo propuso una reflexión sobre el diseño y la política del diseño como formas de organización de lo sensible. Desde ahí abordó el carácter narrativo del presente, no como una descripción neutral del mundo, sino como un marco que ordena jerarquías y delimita qué cuerpos resultan visibles o pensables dentro del relato dominante. Más que desarrollar una teoría cerrada, este planteamiento funcionó como punto de partida para una pregunta política central: qué cuerpos quedan incluidos en las formas contemporáneas de gobierno y representación, y cuáles permanecen en los márgenes.
En ese contexto, Castillo distinguió entre dispositivo, máquina y aparato como categorías analíticas, subrayando que el dispositivo remite a entramados dinámicos de discursos, prácticas e instituciones que producen subjetividades. De ahí deriva una cuestión clave: **¿cuál es el cuerpo de la política? **Frente a la ficción de un cuerpo político universal y abstracto, recordó que los feminismos han imaginado históricamente otros cuerpos para la política, cuerpos situados y atravesados por relaciones de poder. Las referencias a Gabriela Mistral y Nicanor Parra funcionaron como una genealogía crítica que tensiona los lenguajes hegemónicos y abre otras modulaciones de la palabra y del conflicto.
En diálogo con estos planteamientos, Marta Lamas retomó una pregunta persistente de los feminismos: la del sujeto político. Su intervención insistió en la necesidad de evitar un esencialismo biologicista. Reconocer la diferencia sexual no implica reducir el proyecto emancipatorio a las características físicas de los cuerpos; por el contrario, dicho proyecto las rebasa y las problematiza.
Desde esta perspectiva, subrayó la capacidad histórica de los feminismos para repensar y disputar lo hegemónico, más que simplemente oponerse a él.
Uno de los ejes más incisivos de su exposición fue la crítica a la construcción de la víctima y su herida como centro exclusivo de la política feminista. Sin negar la violencia estructural ni las desigualdades materiales, Lamas advirtió sobre los límites de un énfasis punitivista que fija identidades en el daño y reduce los horizontes de transformación. Apoyándose en autoras como Tamara Pich y Wendy Brown, problematizó las lógicas morales que pueden derivarse de políticas centradas únicamente en el agravio.
Otro eje relevante fue la distinción, retomando a Hannah Arendt, entre conocimiento y comprensión. Comprender, señaló, no equivale a acumular saberes, sino a construir marcos de interpretación capaces de alojar conflicto, ambigüedad y dimensiones no plenamente conscientes de la experiencia. Desde ahí insistió en la importancia de reincorporar el inconsciente en los debates feministas, no como explicación totalizante, sino como una clave necesaria para pensar los límites de la voluntad política y la complejidad de los procesos de subjetivación.
La sesión fue moderada por Dulce Alcalá, del Doctorado en Filosofía, y Ekatherina Sicardo, del Doctorado en Estudios Críticos de Género. El encuentro fue organizado por Gabriela Méndez Cota, del Departamento de Filosofía, en colaboración con Eleonora Cróquer Pedrón, del Instituto de Estudios Críticos 17, lo que reforzó el carácter interinstitucional y transdisciplinario del seminario. El auditorio se encontró lleno y la sesión se caracterizó por una participación activa del público, con preguntas y comentarios que prolongaron y complejizaron el diálogo entre las ponentes. En ese intercambio se confirmó el sentido del Seminario Permanente de Humanidades como un espacio para pensar críticamente las transformaciones contemporáneas y el lugar que ocupan las humanidades, y los feminismos, en la comprensión política del presente.
Por: Dra. Michelle Gama Leyva
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