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PRENSA IBERO
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• Los encharcamientos registrados durante los festejos por la Selección Mexicana muestran los límites de una ciudad diseñada para expulsar el agua, no para aprovecharla • Especialistas de la IBERO proponen, desde antes del Mundial, transformar calles y avenidas para que funcionen temporalmente como canales, inspiradas en modelos como los de Países Bajos y Venecia
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Las imágenes de cientos de aficionados celebrando el triunfo de la Selección Mexicana bajo una intensa lluvia, caminando entre grandes encharcamientos e incluso atravesando calles inundadas para continuar la fiesta, dejaron una postal que va más allá del futbol. Para especialistas de la Universidad Iberoamericana, estos episodios confirman que la Ciudad de México necesita replantear de fondo su infraestructura vial y comenzar a diseñar espacios urbanos que aprendan a convivir con el agua, en lugar de intentar expulsarla a toda costa. Las celebraciones tras el partido frente a Chequia volvieron a desarrollarse entre lluvias intensas y anegaciones en distintos puntos de la capital, sin que la afición abandonara las calles.
El Dr. Agustín Ortega y el Mtro. Miguel Ángel González, académicos del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana, sostienen que las lluvias ya no pueden seguir tratándose como eventos extraordinarios. El cambio climático ha incrementado la frecuencia e intensidad de las precipitaciones, por lo que las ciudades deben adaptarse a una nueva realidad hidrológica.
"La pregunta ya no es cómo sacar el agua de la ciudad lo más rápido posible, sino cómo vivir con ella de manera segura", explican los especialistas.
Durante décadas, la capital mexicana apostó por enormes sistemas de drenaje para desalojar el agua de lluvia. Sin embargo, esa estrategia enfrenta cada vez mayores limitaciones cuando coinciden precipitaciones intensas con superficies completamente impermeables, como avenidas, estacionamientos y grandes explanadas.
Los investigadores proponen observar experiencias internacionales en las que ciertas vialidades cambian temporalmente de función cuando llueve.
En ciudades de Países Bajos existen espacios públicos diseñados para inundarse de manera controlada durante tormentas intensas y recuperar posteriormente su uso cotidiano. En Venecia, la convivencia permanente con el agua ha llevado a desarrollar infraestructura que incorpora las inundaciones como parte del funcionamiento urbano, en lugar de combatirlas.
La propuesta para la Ciudad de México no consiste en convertirla en una ciudad de canales, sino en identificar vialidades, parques y espacios públicos donde el agua pueda almacenarse temporalmente sin poner en riesgo a la población ni paralizar la movilidad.
Los especialistas consideran que el Mundial 2026 está funcionando como una prueba de estrés para la infraestructura de la ciudad.
Miles de personas concentradas simultáneamente en corredores como Paseo de la Reforma, el Centro Histórico o las inmediaciones del Estadio Ciudad de México hacen visibles problemas que existen desde hace años, pero que durante eventos masivos adquieren una dimensión mucho mayor.
Las inundaciones que acompañaron las celebraciones no sólo complicaron la movilidad de aficionados, sino que evidenciaron la vulnerabilidad de una ciudad donde el agua continúa viéndose como un enemigo.
Los académicos recuerdan que resulta paradójico que una metrópoli que enfrenta periodos recurrentes de escasez hídrica siga expulsando millones de litros de agua de lluvia hacia el drenaje profundo.
En lugar de ello, proponen combinar infraestructura verde, pavimentos permeables, parques inundables, vasos reguladores y vialidades diseñadas para almacenar agua durante periodos breves, reduciendo así tanto el riesgo de inundaciones como la pérdida de un recurso indispensable.
La transformación, señalan, requiere una nueva visión del urbanismo, donde la planeación deje de considerar al agua únicamente como un problema de ingeniería hidráulica y la incorpore como un elemento estructural del diseño urbano.
Para los especialistas de la IBERO, el verdadero legado del Mundial no debería limitarse a nuevos estadios o proyectos de movilidad, sino a impulsar ciudades más resilientes frente al cambio climático.
Las escenas de aficionados caminando entre encharcamientos no tendrían que repetirse como una postal inevitable de cada temporada de lluvias. Por el contrario, pueden convertirse en el recordatorio de que la infraestructura del siglo XXI debe aprender a convivir con el agua y aprovecharla inteligentemente.
Porque mientras la Ciudad de México siga intentando ganarle la batalla al agua, las lluvias continuarán recordando que la naturaleza siempre termina reclamando su espacio.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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