PRENSA IBERO
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30 DE ABRIL DE 2026
Por: Luis Reyes
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La hiperconectividad en redes sociales se asocia con un aumento en síntomas de ansiedad, depresión e incluso ideación suicida en diversos países, incluido México; no obstante, estas plataformas no son en sí mismas la causa, sino un factor que puede intensificar vulnerabilidades preexistentes apuntó la Dra. Ana Lilia Villafuerte Montiel, Académica del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana (IBERO) Ciudad de México.
Apuntó que, en años recientes, el debate sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental ha cobrado una relevancia ineludible, pero reducir este fenómeno a una sola causa o atribuirlo exclusivamente a una generación sería simplificar en exceso una realidad compleja.
La especialista señaló que la evidencia apunta a que estamos frente a un fenómeno multifactorial donde intervienen variables sociales, culturales, tecnológicas y emocionales, donde estudiantes, profesionistas e incluso adultos altamente escolarizados comparten la hiperconectividad.
Recordó que en sus inicios las redes sociales fueron diseñadas para conectar personas en un mundo acelerado, y durante sus primeras etapas cumplieron con ese propósito; sin embargo, con el paso del tiempo, esta conexión ha mutado.
“Hoy, mientras más conectados estamos digitalmente, más distante puede volverse el contacto cara a cara. La interacción mediada por pantallas ha desplazado, en muchos casos, la profundidad del vínculo humano”, reflexionó.
La Dra. Villafuerte Montiel subrayó que esta situación no implica que se deba demonizar a la tecnología, pues las redes facilitan la comunicación, permiten crear comunidades y ofrecen espacios de expresión para personas introvertidas o en contextos de aislamiento.
Durante la pandemia, recordó, las redes fueron fundamentales para sostener vínculos sociales y académicos, pero el problema surge cuando su uso se vuelve excesivo o poco crítico, donde los algoritmos priorizan contenidos que fomentan la comparación constante, la búsqueda de validación externa y la exposición a ideales poco realistas.
Ejemplificó que plataformas como TikTok o Instagram pueden intensificar la frustración al mostrar estilos de vida, cuerpos o logros que funcionan como espejos distorsionados, lo que puede derivar en una sensación persistente de insuficiencia que pude afectar la autoestima, particularmente en jóvenes.
La exigencia de ser productivos, exitosos y visibles en todo momento genera una carga emocional significativa. Explicó que para muchas juventudes es importante construir una presencia digital, participar en múltiples actividades y proyectar una imagen de éxito constante, una demanda que puede conducir al agotamiento y la ansiedad.
“Se observa una disminución en la comunicación profunda dentro de las familias y una menor capacidad para resolver conflictos cara a cara. Desde hace más de una década, estudios ya advertían que el uso intensivo de mensajes digitales estaba afectando habilidades como la expresión emocional y la negociación interpersonal”, refirió.
En este contexto, dijo, es fundamental promover estrategias que permitan un uso más saludable de las redes sociales, ya que no se trata de eliminarlas, sino de aprender a gestionarlas de forma consciente. Por ejemplo:
Diversificar y seleccionar el contenido digital: Elegir qué consumimos es clave. Seguir cuentas que promuevan bienestar, información verificada y contenido positivo puede mejorar significativamente la experiencia en redes. Evitar la sobreexposición a noticias alarmantes o estándares irreales ayuda a reducir la ansiedad.
Establecer límites y reconectar con lo presencial: Programar momentos de desconexión, aunque sean breves, permite recuperar el equilibrio. Actividades como caminar, leer o convivir cara a cara fortalecen los vínculos reales y favorecen la regulación emocional.
Abundó que las redes sociales también pueden ser una herramienta de apoyo para personas que encuentran comunidades que comparten experiencias similares, desde condiciones de salud hasta procesos emocionales complejos, donde el acceso inmediato a información puede orientar a quienes buscan ayuda profesional.
Finalmente, recalcó que la clave está en no polarizar: las redes no son ni buenas ni malas, su impacto depende del uso que hagamos de ellas en una época marcada por la inmediatez y la sobreexposición, hay que aprender a conectar de forma más consciente —en lo digital y en lo humano—, lo cual es uno de los mayores retos para la salud mental.
Por: Luis Reyes
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