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PRENSA IBERO
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• El estudiante de quinto semestre de Comunicación representará a México en el Mundial de Triatlón de Pontevedra a finales de septiembre • Inspirado en su abuelo, buscará colocarse entre los 10 mejores de su categoría y ser el mexicano más rápido del evento • Competirá a favor de “Iluminemos por el Autismo”, asociación dedicada a mejorar la calidad de vida de las personas con autismo y sus familias
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

Para Héctor Kuri, el triatlón no comenzó con una meta deportiva, sino como una tradición familiar. Desde que tenía alrededor de ocho años acompañaba a su familia a competencias en Valle de Bravo, Querétaro y Veracruz. Abuelo, padre, hermanos y nietos participaban en una actividad que combinaba el deporte con los viajes y la convivencia.

Durante la adolescencia tomó distancia. Entre los 13 y los 19 años dejó por completo el triatlón. “Era el camino de mi familia y yo quería buscar el mío”, explicó en entrevista a
Hace dos años, su abuelo, quien actualmente tiene 83 años, sufrió un infarto cerebral que le provocó la inmovilización de la parte derecha del cuerpo. Hasta un día antes del episodio, continuaba corriendo y recorriendo kilómetros en bicicleta.
Para Héctor, aquella experiencia representó un despertar. “Tengo este cuerpo sano y no lo estoy aprovechando”, pensó. Decidió retomar el triatlón y se inscribió a un medio Ironman. Entrenó intensamente y convirtió sus sesiones de natación, bicicleta y carrera en una forma de compartir nuevamente con su abuelo.
Le enviaba fotografías y mensajes de sus entrenamientos: “Mira, pa, hoy salí a correr”, “hoy salí a andar en bici”, “hoy fui a nadar”. En ese proceso volvió a enamorarse del deporte.
Su primer triatlón de regreso fue en Cozumel y lo ganó. Después participó en el Ironman 70.3 de la misma sede y, posteriormente, llegó el clasificatorio en Acapulco, donde su abuelo estuvo presente. Fue ahí donde consiguió su clasificación al Mundial.
La clasificación para Héctor tiene un significado que va más allá de una competencia. Es la oportunidad de compartir con su familia el resultado de un proceso que comenzó a partir de uno de los momentos más difíciles que han vivido.

“Significa una alegría brutal de poder compartir este logro con mi familia y con mis amigos”, afirmó.
Una de las memorias que más lo acompaña es la última carrera que corrió junto con su abuelo antes del infarto. Eran cinco kilómetros organizados por la preparatoria de Héctor. Él lo invitó y su abuelo comenzó a entrenar para acompañarlo.
Hoy recuerda aquellos mensajes cotidianos en los que su abuelo le contaba cuánto había corrido como un tesoro familiar.
Hace poco volvieron a compartir una carrera. Esta vez, Héctor, su padre y su prima empujaron a su abuelo para que pudiera participar. La emoción, dijo, volvió a ser la misma.
“Tenemos que aprovechar nuestro tiempo y, aunque las circunstancias cambien, tú tienes que seguir fuerte y con la cabeza arriba como lo ha hecho él”, dijo.
Para Héctor, su abuelo es mucho más que una inspiración deportiva: “Es mi máximo ídolo de la vida. Me ha enseñado la disciplina, el cariño hacia la familia, el respetarte a ti y respetar tu palabra”.
Incluso después del accidente, su abuelo continúa enfrentando el proceso de recuperación con una disciplina que Héctor considera ejemplar. Hace poco cumplió mil terapias.
Prepararse para el Mundial mientras estudia Comunicación en la IBERO tampoco ha sido sencillo. Héctor suele levantarse alrededor de las cinco de la mañana para entrenar, regresa a casa cerca de las ocho y posteriormente acude a la universidad. Sus jornadas académicas pueden extenderse hasta la noche y todavía debe realizar sesiones adicionales de entrenamiento o trabajo de fuerza.

Héctor es actor y ha participado en tres largometrajes y diversos cortometrajes. Entre sus proyectos se encuentran El hoyo en la cerca, de Joaquín del Paso; Hombres íntegros, de Alejandro Andrade, y Chicas tristes, de Fernanda Tovar, película que tuvo presencia en el Festival Internacional de Cine de Berlín y obtuvo un Oso de Plata.
Su objetivo profesional es dedicarse a la actuación y utilizar el cine como una forma de contar historias y conectar con otras personas.
En Pontevedra, Héctor no solamente llevará una meta deportiva. También competirá para visibilizar el trabajo de Iluminemos por el Autismo, organización con la que ha colaborado y que busca acompañar a personas autistas y sus familias.
La iniciativa que impulsa consiste en que, por cada donación, una persona pueda dedicarle a alguien especial uno de los kilómetros que Héctor correrá durante la competencia.
En el plano deportivo, sus objetivos son terminar entre los 10 mejores de su categoría, ser el mexicano más rápido del evento y buscar correr los 10 kilómetros en aproximadamente 37 minutos.
Para lograrlo, ha trabajado especialmente las transiciones entre las tres disciplinas, conocidas como bricks: sesiones en las que enlaza dos entrenamientos consecutivos para acostumbrar al cuerpo al esfuerzo acumulado.
Héctor quiere que su participación en el Mundial también sea un mensaje para otros estudiantes. Su consejo es sencillo: comenzar.

“Que lo intenten. Que salgan un día a correr, que se metan un día a la alberca, que agarren cualquier bicicleta que tengan o que pidan prestada una y que salgan a rodar”, apuntó.
Después de recuperar un deporte que había dejado atrás, encontrar una causa y combinar su preparación con los estudios y la actuación, Héctor está convencido de que las metas grandes comienzan con un primer paso.
“Nada está fuera de nuestro alcance. Simplemente hay que creérsela, creer que tú sí puedes”, afirmó.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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