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• Los cambios de actores, escenarios y objetos emblemáticos pueden sentirse como una alteración de nuestros propios recuerdos, explica el Mtro. José Ángel Gutiérrez Piña, psicoterapeuta de la Clínica de Bienestar Universitario de la IBERO
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Para millones de personas, volver a las películas de Harry Potter es mucho más que una forma de entretenimiento: representa la posibilidad de regresar emocionalmente a una etapa de la vida asociada con la seguridad, la tranquilidad y las primeras amistades. Por eso, las transformaciones mostradas por la nueva adaptación televisiva han provocado resistencia entre una parte del público adulto que creció con la saga.
El Mtro. José Ángel Gutiérrez Piña, psicoterapeuta egresado de la Universidad Iberoamericana y adscrito a la Clínica de Bienestar Universitario
Cuando una saga se extiende durante varios años, sus protagonistas dejan de ser únicamente figuras ficticias y se incorporan a nuestra cotidianidad. Incluso podemos identificarnos con ellos y asociarlos con momentos importantes de nuestro desarrollo.
“De alguna manera, se siente como si esos personajes fueran creciendo con uno”, señaló el especialista. Por esta razón, encontrar nuevos rostros en los papeles de Harry, Hermione y Ron, así como escenarios y objetos diferentes a los de las películas originales, puede generar incomodidad y dificultar la aceptación de la nueva propuesta.
Una de las razones por las que tantas personas miran una y otra vez las películas de Harry Potter, aun cuando conocen de memoria su historia y sus diálogos, es que la saga puede funcionar como un producto confort.
A diferencia de una narración desconocida, las películas familiares no nos obligan a enfrentar la incertidumbre sobre lo que sucederá. Sabemos cuáles son los conflictos, qué decisiones tomarán los personajes y cómo terminará la historia. Esta familiaridad puede generar una sensación de calma.
“Cuando una persona busca estar tranquila, recurre a estas series o películas que no le exigen pensar más allá y que no le generan incertidumbre”, explicó Gutiérrez Piña.
La saga también puede remontar a sus seguidores a una época que hoy perciben como más sencilla, en la que tenían menos responsabilidades y preocupaciones. Volver a Hogwarts es, simbólicamente, regresar al lugar y al momento en el que esas historias les ofrecieron compañía, alegría o seguridad.
El problema aparece cuando una reinterpretación modifica los elementos que integran ese refugio emocional. El cambio de un rostro, un escenario o un objeto emblemático puede ser experimentado como una intromisión en un recuerdo personal.
De acuerdo con el psicoterapeuta, algunos seguidores pueden sentir que “su infancia o su historia fue vulnerada”. Esto ayuda a entender la intensidad de ciertas reacciones, aunque no justifica las agresiones dirigidas al nuevo elenco o a quienes participan en la producción.
Gutiérrez Piña subrayó que ninguna emoción es buena o mala por sí misma. La incomodidad, la tristeza o el enojo frente a los cambios son reacciones válidas; lo que importa es cómo se expresan y canalizan.
“Puedes sentirte enojado y es válido; sin embargo, lo que no es válido es empezar a insultar u ofender”, afirmó.
Las redes sociales pueden intensificar estas conductas porque permiten que las personas expresen opiniones desde la distancia y, en algunos casos, bajo el anonimato. El acoso digital no nació con internet, pero las plataformas le dieron un nuevo espacio y ampliaron su alcance.
Este riesgo se vuelve especialmente delicado cuando los ataques están dirigidos contra niñas, niños y adolescentes. Para el especialista, estar en desacuerdo con una adaptación no convierte en aceptable el hostigamiento hacia quienes interpretan a los personajes.
Si la nueva producción no coincide con las expectativas de una persona, siempre existe la opción de no consumirla y conservar el vínculo afectivo que construyó con las películas anteriores.
Aceptar la nueva serie también implica reconocer que quizá no está hecha exclusivamente para el público que creció con las películas estrenadas a partir de 2001. Las generaciones más jóvenes podrán acercarse a la historia mediante otros actores, códigos visuales y formas de representar el mundo mágico.
“Puede ser algo bonito pensar que tus hijos puedan ver una versión de lo que te tocó a ti”, consideró el psicoterapeuta.
La nueva adaptación no elimina las películas anteriores ni puede borrar los recuerdos asociados con ellas. Cada persona conserva la experiencia que construyó con la saga y tiene la libertad de decidir si desea acompañar su nueva etapa.
Además, recordó Gutiérrez Piña, las películas tampoco eran reproducciones idénticas de los libros. Toda adaptación implica cambios de lenguaje, interpretación y contexto. La aparición de una versión diferente puede entenderse como una oportunidad para que la historia permanezca vigente y dialogue con otro público.
Así, quizá el reto para los seguidores adultos no sea renunciar al Harry Potter con el que crecieron, sino aceptar que las nuevas generaciones también tienen derecho a descubrir su propio Hogwarts.
El Mtro. José Ángel Gutiérrez Piña forma parte de la Clínica de Bienestar Universitario de la IBERO, espacio que brinda atención a integrantes de la comunidad universitaria y contribuye a la formación profesional, pues permite que estudiantes de la Licenciatura en Psicología realicen prácticas y desarrollen experiencia en el acompañamiento de las personas.
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