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PRENSA IBERO
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• La Dra. Elena Azaola Garrido advierte que este fenómeno alcanza a jóvenes de 18 a 29 años, quienes pueden ser captados mediante engaños, amenazas, coacción o atractivas ofertas de empleo • Redes sociales, videojuegos, falsas vacantes, espacios de convivencia e incluso centros de rehabilitación son utilizados para acercarse a adolescentes y jóvenes que buscan pertenencia, reconocimiento o mejores oportunidades, apunta
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

El reclutamiento criminal dejó de ser un fenómeno lejano o excepcional. La Secretaría de Inteligencia y Búsqueda de Personas de Jalisco detectó 502 cuentas fraudulentas dedicadas al reclutamiento criminal de niñas, niños y adolescentes en perfiles de redes sociales.
De acuerdo con la Dra. Elena Azaola Garrido, antropóloga, psicoanalista e investigadora, se trata de una problemática que ha adquirido nuevas dimensiones en México y que debe entenderse como parte de una maquinaria capaz de incorporar a las juventudes mexicanas a actividades delictivas.
La egresada de la Maestría en Antropología Social
Durante el programa “Ni plata ni plomo” que se transmite en IBERO 90.9 FM y que conducen la Dra. Marisol Ochoa Elizondo y el especialista Ernesto López Portillo, indicó que es necesario observar las piezas como un solo fenómeno: un proceso que puede comenzar con el reclutamiento, continuar con la desaparición y terminar en homicidios y el hallazgo de restos en fosas clandestinas.
La definición construida por el Observatorio Nacional de Prevención del Reclutamiento, creado desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, establece que el reclutamiento es un “proceso permanente de incorporación a la delincuencia organizada para realizar diversas actividades ilícitas”.
Este proceso puede ocurrir mediante sustracción, capacitación, amenaza, intimidación, rapto, engaño, uso de la fuerza u otras formas de coacción, pero también a través de ofertas de pago o beneficios.
No todas las víctimas son obligadas desde el primer momento. Algunas pueden acercarse creyendo que están aceptando una oportunidad laboral legítima. Falsas vacantes pueden ofrecer salarios elevados, vacaciones, prestaciones y otros beneficios. Incluso pueden aparentar ser empleos formales y circular en redes sociales, aplicaciones, videojuegos y servicios de mensajería.
Uno de los principales errores, advirtió la Dra. Azaola Garrido es considerar que el reclutamiento únicamente afecta a niñas y niños, ya que también alcanza a jóvenes de 18 a 29 años, por lo que la problemática abarca una etapa mucho más amplia de la población juvenil.
En el caso de los adolescentes, detalló, existen condiciones relacionadas con su proceso de maduración que pueden incrementar su susceptibilidad a la presión de pares, la búsqueda de pertenencia y el deseo de formar parte de un grupo, pero la vulnerabilidad no depende únicamente de la edad.
Apuntó que la necesidad económica, la búsqueda de reconocimiento, las expectativas de consumo y el deseo de alcanzar determinado estilo de vida pueden convertirse en factores aprovechados por los grupos criminales.
La promesa, acotó, puede resultar especialmente atractiva para jóvenes que consideran que los empleos disponibles o incluso la educación universitaria no les permitirán alcanzar las condiciones de vida que desean.
El reclutamiento también ha cambiado sus métodos. Ya no necesariamente existe un adulto que se acerca a un adolescente para incorporarlo a una organización. La especialista señaló que pueden utilizarse esquemas de “joven a joven”, lo que permite que el acercamiento parezca más natural y genere confianza.
Las redes sociales se han convertido en uno de los espacios donde estas estrategias pueden desarrollarse. Las ofertas pueden presentarse como oportunidades laborales y utilizar elementos que les den apariencia de legitimidad.
Cuando las autoridades detectan puntos de captación, explicó, los grupos pueden modificar estrategias y trasladar los encuentros a otros lugares. Una persona puede ser citada en una central de autobuses, en un restaurante, una cadena de comida rápida o un centro comercial.
Otra estrategia, describió, comienza en lugares aparentemente cotidianos como establecimientos con máquinas de juego, mientras que, en comunidades con altos niveles de precariedad, grupos criminales pueden colocar estas máquinas y observar a los menores que pasan largas horas jugando.
La ausencia de supervisión familiar puede convertirse en señal para quienes buscan captar a las y los menores. Explicó que pueden ofrecerles dinero para continuar jugando e introducir drogas que pueden generar dependencia. El mecanismo puede evolucionar hasta crear una deuda o una relación de dependencia que facilite su incorporación a actividades criminales.
Los llamados anexos para atender adicciones también aparecen dentro de este panorama. La Dra. Azaola Garrido dijo que algunos de estos espacios han sido vinculados con grupos delictivos y que incluso se han registrado casos en los que jóvenes son asesinados o sustraídos de estos lugares.
El problema, sostuvo la especialista, es que las estrategias criminales evolucionan con mayor rapidez que las políticas destinadas a prevenirlas. El reclutamiento ya no depende solo de la violencia directa. Puede comenzar con una promesa, una amistad, una necesidad económica, búsqueda de reconocimiento u oferta que parece demasiado buena para ser verdad.
También ha cambiado el alcance territorial del fenómeno. Señaló el incremento del reclutamiento de niñas y niños indígenas, particularmente el caso de Oaxaca como una muestra de cómo esta problemática puede extenderse a comunidades donde anteriormente parecía ajena.
El resultado, agregó, es un fenómeno que trasciende las fronteras de una comunidad, donde jóvenes reclutados en un estado pueden terminar involucrados en actividades criminales en otra entidad.
Frente a esta realidad, la investigadora planteó que las respuestas no pueden limitarse a becas, universidades o acciones aisladas. Se necesitan estrategias de prevención que conozcan las necesidades y expectativas de las y los jóvenes y que sean capaces de ofrecer alternativas reales.
También consideró indispensable desarrollar campañas dirigidas directamente a adolescentes, jóvenes y familias, utilizando testimonios y explicaciones que permitan identificar las falsas ofertas de empleo y otras formas de captación.
La responsabilidad, puntualizó, no corresponde solo al gobierno. Familias, escuelas, comunidades, empresas e instituciones públicas y privadas forman parte de un entorno que debe generar condiciones distintas para que las juventudes encuentren pertenencia, reconocimiento y oportunidades.
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