1 DE JUNIO DE 2026
Experto ve doble discurso del Gobierno ante revisión del T-MEC: confrontativo con su base, moderado frente a mercados
PRENSA IBERO
1 DE JUNIO DE 2026
PRENSA IBERO
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Mientras Marcelo Ebrard transmite calma a empresarios e inversionistas, la presidenta Claudia Sheinbaum endurece el tono frente a sus bases políticas, afirma el Dr. Gerardo Herrera, del Departamento de Estudios Empresariales
El experto advierte que esta estrategia de hablar con dos voces distintas podría acompañar todo el proceso de revisión del tratado comercial más importante para México
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) arrancó formalmente en un contexto de incertidumbre económica, tensiones políticas y señales encontradas provenientes del gobierno mexicano
Para el Dr. Gerardo Herrera, académico del Departamento de Estudios Empresariales de la Universidad Iberoamericana, ambos mensajes no son contradictorios: están dirigidos a públicos completamente distintos.
"La declaración de Ebrard es fundamentalmente hacia mercados y comunidad empresarial. La declaración de la presidenta era para su base política. Son dos mensajes distintos para dos audiencias objetivo diferentes", explica.
La diferencia entre ambos mensajes se hizo evidente tras el acto masivo encabezado por Sheinbaum el 31 de mayo. Mientras el gobierno buscaba transmitir estabilidad económica después de la primera ronda de revisión del tratado, la mandataria utilizó un tono firme para defender la autonomía del país frente a Estados Unidos. Al día siguiente, durante su conferencia matutina, el mensaje fue distinto. La presidenta matizó sus declaraciones, aclaró que sus señalamientos no estaban dirigidos contra Donald Trump y atribuyó las presiones hacia México a sectores de la ultraderecha estadounidense.
Para Herrera, este movimiento responde a una estrategia clásica de comunicación política.
"El mitin fue un caso de lo que se conoce como rally around the flag: todos alrededor de la bandera. Era un mensaje para fortalecer a su base. Al día siguiente tuvo que suavizarlo porque ya estaba hablando ante la prensa y ante otros públicos", señala.
Desde su perspectiva, la mandataria habló el domingo más como líder de un movimiento político que como jefa de Estado.
Entre los mensajes pronunciados por Sheinbaum hubo uno que destacó particularmente: la afirmación de que México puede conseguir mejores condiciones dentro del T-MEC.
La declaración despertó interrogantes porque ocurre en medio de una revisión compleja y cuando diversas señales apuntan a un endurecimiento de la postura estadounidense. Para Herrera, la frase debe entenderse más como un mensaje político que como una evaluación técnica de la negociación: "Técnicamente nadie entiende de dónde está saliendo eso porque las condiciones objetivas no apuntan hacia una negociación sencilla".
De hecho, señala que existe un consenso creciente entre analistas respecto a que será difícil alcanzar acuerdos sustantivos durante este año: "No va a haber tratado este año porque probablemente no va a haber arreglo este año. Estamos apenas en medio de una revisión que en la práctica funciona como una renegociación".
Parte del mensaje presidencial se sustentó en el desempeño económico del país y en los niveles históricos de inversión extranjera. Sin embargo, Herrera considera que detrás de esos datos existe una realidad más compleja: "Sí hay un récord de inversión extranjera, pero más del 80% corresponde a reinversión de empresas que ya están en México. La inversión fresca ha venido disminuyendo consistentemente en los últimos años", explica.
Empresas como Walmart, BBVA o Coca-Cola continúan expandiendo operaciones y reinvirtiendo utilidades obtenidas en el país, lo que mantiene elevadas las cifras oficiales. Sin embargo, el especialista señala que la llegada de nuevos capitales no ha mostrado el mismo dinamismo.
A ello se suma otro factor que considera preocupante: la caída de la inversión nacional: "La inversión nacional lleva alrededor de dieciocho meses descendiendo. Es un típico caso de encuadre: se selecciona la parte de la información que conviene y se deja fuera lo demás".
Las señales provenientes de Estados Unidos tampoco contribuyen al optimismo.
Uno de los elementos que más llamó la atención durante el inicio de las conversaciones fue la ausencia de Jamieson Greer, titular de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), equivalente al principal negociador comercial de Washington.
Para Herrera, el gesto tiene una carga política importante: "Es como si de la parte mexicana no hubiera asistido Marcelo Ebrard. No necesariamente determina el resultado, pero sí envía señales".
A ello se suma la percepción expresada por organismos empresariales mexicanos de que la posición estadounidense se ha endurecido considerablemente. Quizá la mayor sorpresa de las primeras conversaciones fue la aparición de un tema que no figuraba entre las prioridades anunciadas: los salarios.
Durante años, Estados Unidos ha presionado para fortalecer los derechos laborales en México y esa insistencia derivó en la reforma laboral impulsada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en 2019.
Sin embargo, la propuesta de vincular el tratado con salarios de 16 dólares por hora en determinados sectores manufactureros no había aparecido previamente en la discusión pública: "Siempre ha existido el tema laboral dentro del tratado, pero esta carta no estaba sobre la mesa. Lo que se esperaba discutir eran reglas de origen y seguridad logística".
La exigencia resulta especialmente complicada porque la mayoría de los salarios manufactureros mexicanos se ubican muy por debajo de esa cifra: "Hay sectores muy especializados que pueden pagarlo, pero la mayor parte de la manufactura mexicana está entre cinco y diez dólares por hora. Pedir dieciséis dólares por hora es algo que tomaría años alcanzar".
Por ello, interpreta la propuesta como una táctica de negociación: "Están pidiendo algo que saben perfectamente que México no puede conceder en este momento."
Para el académico, uno de los errores más frecuentes es analizar el T-MEC únicamente desde una óptica económica.
Las negociaciones comerciales, advierte, reflejan el estado general de la relación bilateral. Por ello, las tensiones en materia de seguridad, migración, combate al narcotráfico y cooperación institucional terminan influyendo también en la discusión económica.
"La revisión del tratado es, de alguna manera, la revisión de toda la relación México-Estados Unidos. No se puede separar la parte comercial de la parte política", sostiene.
En ese contexto, considera que el endurecimiento discursivo mostrado por la presidenta podría generar costos adicionales en la negociación: "Definitivamente puede tener efectos colaterales en la revisión del tratado."
A medida que avance la revisión del T-MEC, Herrera prevé que el gobierno mexicano continúe alternando entre mensajes dirigidos a los mercados y mensajes dirigidos a su base política: Por un lado, la Secretaría de Economía y los negociadores buscarán transmitir certidumbre a inversionistas y empresas, y por otro, la Presidencia mantendrá una narrativa de defensa de la soberanía nacional y resistencia frente a presiones externas: "Vamos a seguir viendo este doble discurso: una posición más dura frente a la base política y una posición más conciliadora frente a los mercados y la prensa".
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