PRENSA IBERO
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4 DE MAYO DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Durante un conversatorio entre estudiantes de la Universidad Iberoamericana y familiares de personas desaparecidas, la Dra. Mireya Márquez, académica del Departamento de Comunicación, advirtió que eventos como la Copa Mundial de futbol no sólo transforman el espacio urbano, sino que también pueden desviar la conversación pública de problemáticas urgentes y subordinar marcos legales nacionales a intereses privados.
El encuentro, organizado por el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), sirvió como espacio para reflexionar sobre el impacto político, mediático y social de los megaeventos deportivos en contextos de crisis.
Márquez explicó que el Mundial debe entenderse como algo más que un torneo: “es la instauración de un estado de excepción”, en el que las leyes locales se subordinan a las exigencias de organismos organizadores y patrocinadores, generando lo que calificó como “territorios extralegales” en los que se suspenden normativas de comercio, seguridad y expresión comunitaria para proteger intereses comerciales.
Como ejemplo concreto, la académica recordó el caso de Brasil 2014, cuando el Estado aprobó la llamada Ley General de la Copa, que permitió la venta de alcohol en estadios pese a que estaba prohibida por razones de salud pública. La medida respondió a los intereses de patrocinadores, evidenciando cómo estos eventos pueden reescribir legislaciones nacionales en favor del capital privado: “Este complejo de deporte, medios y negocio tiene la capacidad de priorizar ganancias por encima del bienestar social”.
Márquez también abordó los efectos urbanos de estos eventos, retomando el concepto de “acumulación por desposesión”. Explicó que la preparación de un Mundial suele implicar procesos de gentrificación acelerada y desplazamiento de comunidades para “limpiar” la imagen de las ciudades ante el turismo global. Recordó el caso de los Juegos Olímpicos de Beijing, donde alrededor de 1.5 millones de personas fueron desplazadas para dar paso a infraestructura y zonas de hospitalidad corporativa.
En México, advirtió, existen riesgos similares en zonas como Santa Úrsula, alrededor del Estadio Azteca, donde proyectos de renovación podrían encarecer la vida y transformar barrios populares en enclaves de consumo, rompiendo el tejido comunitario.
La académica subrayó que estos eventos también pueden operar como mecanismos de silenciamiento, especialmente en contextos de violencia estatal. Citó el Mundial de Argentina 1978, organizado durante la dictadura militar, como un caso paradigmático: “El Mundial fue diseñado para proyectar una imagen de orden que higienizaba el horror de las desapariciones forzadas”.
Sin embargo, destacó que también existen estrategias para disputar esa narrativa. Las Madres de Plaza de Mayo aprovecharon la atención mediática internacional para visibilizar la desaparición de sus hijos, logrando que medios extranjeros documentaran sus protestas y rompieran el cerco informativo del régimen. Para Márquez, este precedente deja una lección clave: los megaeventos pueden ser utilizados por la sociedad civil para “hackear la agenda mediática” y colocar temas incómodos en la conversación global: “Mientras la prensa local puede centrarse en la defensa de la marca país, los medios internacionales buscan historias que el espectáculo intenta ocultar”.
En ese sentido, llamó a no perder de vista que, detrás del espectáculo deportivo, persisten problemáticas como las desapariciones forzadas, cuya visibilización depende, en gran medida, de la capacidad de colectivos y académicos para intervenir en esos espacios de atención global.
El conversatorio cerró con un reconocimiento al trabajo de familiares de personas desaparecidas, quienes, pese a la invisibilización, continúan articulando estrategias para mantener viva la exigencia de verdad y justicia.
Por: Jorge Luis Cortés
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