PRENSA IBERO
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8 DE MAYO DE 2026
Por: Luis Reyes
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Cristina Perales Franco, Directora del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Centro INIDE), explicó que hay procesos educativos particularmente sensibles a las interrupciones prolongadas, entre ellos el aprendizaje matemático y la adquisición de habilidades de lectura y escritura, debido a que ambos requieren sistematicidad, práctica constante y acompañamiento continuo.
La especialista en convivencia escolar, inclusión y equidad educativa, señaló que estas áreas no solo son contenidos escolares aislados, sino bases indispensables para otros aprendizajes y para el ejercicio de distintos derechos, incluido el derecho mismo a la educación.
Sostuvo que aprender implica mucho más que revisar temas en clase, pues el aprendizaje supone transitar desde “no saber” hacia comprender, aplicar y transferir conocimientos a diferentes situaciones.
Para lograrlo, añadió, son indispensables la repetición, el monitoreo, la práctica y la reflexión sobre lo aprendido. También destacó que muchos procesos requieren realizarse en compañía de otras personas, particularmente docentes y compañeros, dentro de entornos escolares estables.
Advirtió que el adelanto del fin del ciclo escolar, que concluirá el 5 de junio y estaba previsto para terminar el 15 de julio, puede generar afectaciones importantes, debido a que no se puede esperar que la mayoría de las familias asuma el papel de acompañamiento educativo sin orientación institucional y mientras enfrentan sus propias cargas laborales.
La académica recordó que durante el inicio de la pandemia por COVID-19 quedó evidenciada la dificultad de trasladar los procesos de enseñanza al ámbito doméstico y la necesidad de mantener una estrecha vinculación entre escuela y hogar para sostener parcialmente los aprendizajes.
En ese sentido, subrayó que la reducción del calendario escolar impacta directamente el trabajo pedagógico de maestras y maestros. Indicó que el aprendizaje escolar implica una ardua labor de planeación, seguimiento y observación constante sobre las necesidades de cada estudiante.
“Reducir el tiempo en las aulas limita la posibilidad de identificar rezagos, brindar apoyos específicos y generar estrategias que ayuden a las y los estudiantes a consolidar conocimientos y habilidades”, acotó.
La Dra. Perales Franco destacó que los espacios escolares permiten construir comunidades educativas estables, fortalecer vínculos de confianza y promover formas de convivencia que resultan esenciales para atender problemáticas como la violencia, la salud mental y la inclusión social.
A su consideración, la incertidumbre y la falta de reconocimiento sobre lo que ocurre cotidianamente en las escuelas debilitan la capacidad colectiva de responder a estos desafíos.
La especialista enfatizó que socialmente existen altas expectativas sobre el papel de la escuela en la construcción de un país más justo e incluyente, pero advirtió que frecuentemente no se ofrecen las condiciones necesarias para que las comunidades educativas puedan cumplir plenamente con esas responsabilidades.
Asimismo, recordó que existe amplia evidencia en la literatura académica sobre los efectos diferenciados que tienen las vacaciones escolares en el aprendizaje según la posición socioeconómica del estudiantado.
Explicó que los sectores con mayores recursos económicos suelen contar con herramientas adicionales —clases particulares, actividades culturales, acceso a tecnología o acompañamiento familiar— que permiten sostener y reforzar aprendizajes durante periodos largos sin clases.
En contraste, estudiantes en condiciones de vulnerabilidad enfrentan mayores dificultades para mantener continuidad educativa.
Consideró que limitar el tiempo de clases probablemente profundice las brechas educativas existentes, pues mientras grupos privilegiados podrán generar cierta estabilidad y continuidad académica, las poblaciones más vulnerables resentirán con mayor fuerza la interrupción.
Para estos sectores, apuntó, la escuela representa no solo un espacio de aprendizaje, sino también una medida concreta de inclusión y justicia social.
Finalmente, insistió en que cualquier modificación al calendario escolar debe considerar cuidadosamente sus implicaciones pedagógicas y sociales, particularmente en un contexto donde aún persisten rezagos educativos derivados de años recientes y donde millones de estudiantes requieren mayor acompañamiento para consolidar aprendizajes fundamentales.
Por: Luis Reyes
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