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PRENSA IBERO
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• Juan María León Piña está nominado a Mejor Cortometraje de Animación por 'Te prometo violencia', una exploración de sus recuerdos como adolescente en Michoacán durante la guerra contra el narcotráfico • La cinta evita colocar la violencia en el centro y observa cómo, aún rodeados por el miedo, las y los jóvenes continúan enamorándose, descubriendo su cuerpo y tratando de entender quiénes son • “Ésta no es la historia de México, no es la historia de la violencia ni es la historia del narco. Es la historia de una persona que crece en este contexto violento y tiene que entender su cuerpo, sus cambios de la adolescencia y sus cambios de intereses”, señala el realizador
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Juan María León Piña estaba solo en su casa, mirando en Facebook la transmisión en vivo de las nominaciones a los Premios Ariel, cuando escuchó el título de una película que conoce trazo por trazo: Te prometo violencia. Existía una pequeña esperanza. Semanas antes había compartido una proyección con amistades cuyos trabajos también aspiraban a llegar a la competencia. Sabía el día y la hora del anuncio, pero evitaba imaginar demasiado.
Cuando el cortometraje de ‘Juanma’ apareció entre los nominados a Mejor Cortometraje de Animación
“Fue muy bonito, muy emocionante. Es un corto que yo quiero mucho”, recuerda el egresado de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Iberoamericana, quien se especializó en Periodismo.
La nominación al máximo reconocimiento del cine mexicano llega gracias a una obra profundamente personal. Te prometo violencia recupera los años en que su director creció en Michoacán, durante uno de los periodos más intensos de la llamada guerra contra el narcotráfico. Sin embargo, la película no está protagonizada por criminales, operativos o enfrentamientos:
En el centro hay un adolescente. Mientras a su alrededor se habla de secuestros y la violencia comienza a integrarse en la vida cotidiana, él todavía debe comprender los cambios de su cuerpo, descubrir qué le interesa, pensar en la persona que le gusta o seguir a su equipo de futbol: Porque incluso cuando todo parece desmoronarse, la adolescencia continúa.
“Yo estoy creciendo y, al mismo tiempo que sabes que hay un secuestro, me tengo que seguir interesando por la chica que me gusta o por mi equipo de futbol. La vida continúa. Entonces, ¿qué hacemos con estos dolores que persisten?”, plantea Juan María.

Más que reconstruir acontecimientos específicos, Te prometo violencia funciona como un coming of age: una historia sobre el tránsito hacia la vida adulta, pero desarrollada bajo una presión violenta que transforma la manera de recordar, sentir y comprender el mundo.
‘Juanma’ no intenta explicar en unos minutos la historia reciente del país ni presentar su experiencia como la de toda una generación. Su película establece desde el inicio que se trata de una mirada subjetiva: la memoria del niño y el adolescente que fue, revisada por el adulto en el que se convirtió.
“Ésta no es la historia de México, no es la historia de la violencia ni es la historia del narco. Es la historia de una persona que crece en este contexto violento y tiene que entender su cuerpo, sus cambios de la adolescencia y sus cambios de intereses”, explica.
Esa decisión también le permitió apartarse de una iconografía que el cine, la televisión y los medios han repetido durante años al representar al narcotráfico. En lugar de mostrar nuevamente las imágenes explícitas asociadas con esa violencia, el realizador se preguntó cómo hablar de sus efectos sin reproducirlos ni convertir el sufrimiento en espectáculo.
Su respuesta fue concentrarse en las personas cuyas vidas transcurrieron alrededor de ella: niñas, niños y adolescentes que no participaron en el conflicto, pero crecieron atravesados por sus consecuencias.

Juan María dibuja desde niño. Hacia el final de la primaria comenzó a interesarse por la animación y a explorarla por su cuenta, hasta convertir el dibujo en el lenguaje con el que se sentía más cómodo para comunicarse.
La técnica le permitía acercarse a espacios subjetivos, alterar materiales y recurrir a colores, texturas y movimientos para expresar sensaciones que difícilmente encontrarían una correspondencia en imágenes convencionales. Por eso decidió realizar el cortometraje en animación 2D.
“Así como cada quien tiene su caligrafía, cada quien tiene su trazo”, señala. Mostrar las líneas dibujadas con su propia mano era también una manera de reconocer que la película es una reconstrucción: detrás de cada imagen existe una persona seleccionando, interpretando y ordenando sus recuerdos.
Su formación periodística en la IBERO resultó fundamental para encontrar esa mirada. De la Universidad recuperó la necesidad de investigar, comprender el contexto, cuestionar los lugares comunes y reflexionar no sólo sobre qué historia se cuenta, sino desde dónde y por qué se decide contarla de determinada forma.
El cortometraje fue desarrollado como proyecto de titulación de Re:Anima, maestría internacional en animación que ‘Juanma’ cursó durante dos años en Bélgica, Finlandia y Portugal. Trabajar desde Europa añadió una dificultad: abordar una realidad mexicana ante personas que no necesariamente conocían su contexto, sin reducir la complejidad del país a una explicación general.
Durante el proceso mantuvo comunicación con Carlos Azcuaga, su primer profesor de animación en la IBERO. Ese diálogo le permitió conservar una referencia cercana a México y decidir qué elementos necesitaban explicación y cuáles podían expresarse directamente mediante la experiencia del personaje.
Para quienes desean dedicarse a la animación, Juan María reconoce que el tiempo, los recursos y las exigencias técnicas pueden parecer obstáculos enormes. Su consejo, aunque admite que puede sonar sencillo, es comenzar.
Un teléfono y una aplicación de stop motion pueden ser suficientes para realizar un primer ejercicio. La potencia de una obra, sostiene, no depende necesariamente de contar con los equipos más costosos, sino de comprender lo que cada material, textura o movimiento puede aportar a la historia.

Durante sus estudios buscaba incorporar dibujos, animaciones o pequeños GIF en las tareas que lo permitían, incluso dentro de sus clases de Periodismo. Ahora invita al estudiantado a mirar la universidad como un laboratorio donde es posible experimentar, equivocarse y descubrir una voz propia.
También considera que las compañeras y los compañeros son uno de los aprendizajes más valiosos de esa etapa: personas con quienes se comparten procesos creativos y cuyos caminos pueden volver a encontrarse años después.
Juan María León Piña no será el único representante de la comunidad IBERO en la 68ª edición de los Premios Ariel. Ernesto Martínez Bucio, exalumno de Movilidad en Comunicación, competirá con El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja), nominada, entre otras categorías, a Mejor Película, Dirección, Ópera Prima y Guion Original.
Sebastián Molina Ruiz, egresado de la Licenciatura en Historia, buscará el premio a Mejor Cortometraje Documental por Toda la vida para siempre. A ellos se suma Ricardo Farías, egresado de Comunicación que formó parte del equipo de guion de Autos, mota y rocanrol, producción con cinco nominaciones técnicas, aunque él no compite de manera individual.

La ceremonia en la que se conocerán los resultados se celebrará el 3 de octubre de 2026 en la Ciudad de México.
Esta presencia coincide con un año en el que la Universidad refuerza su formación en el séptimo arte mediante la nueva Escuela de Cine IBERO, un modelo que articula pensamiento crítico, realización y formación técnica, con producciones desde el primer semestre e integración con el posgrado.
La oferta se complementa con la renovada Maestría en Cine, orientada a la creación de películas, documentales y guiones mediante la investigación creativa, la experimentación artística y el trabajo colaborativo.
Mientras llega la ceremonia, Te prometo violencia puede verse gratuitamente en línea a través del ciclo Rumbo al Ariel y, por tiempo limitado, en Nuestro Cine. Su nominación reconoce una forma distinta de aproximarse a una de las heridas más persistentes del país: no desde quienes ejercen la violencia, sino desde quienes tuvieron que continuar creciendo mientras ésta sucedía.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219