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PRENSA IBERO
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• Ante las recientes afectaciones viales en la Ciudad de México, recuperamos el cálculo que el Dr. César Velázquez, académico de Economía de la IBERO, compartió previamente con PRENSA IBERO • En la Zona Metropolitana del Valle de México se realizan alrededor de 34.5 millones de viajes diariamente; ahorrar apenas un minuto en cada uno representaría un valor económico cercano a 4,500 millones de pesos al año
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Horas para llegar a casa, trayectos que se duplican, avenidas detenidas y usuarios que buscan rutas alternativas. Las recientes movilizaciones sociales y cierres viales en distintos puntos de la Ciudad de México han vuelto a colocar en la conversación pública una pregunta que millones de habitantes enfrentan todos los días: ¿cuánto vale realmente el tiempo que perdemos trasladándonos?
Este 1 de octubre, por ejemplo, distintas movilizaciones mantuvieron afectadas durante varias horas vialidades como Avenida Constituyentes, Circuito Interior y Juan Escutia; para este 2 de octubre también se prevén cortes y modificaciones al transporte público debido a la movilización conmemorativa que avanzará de Tlatelolco hacia el Zócalo.
Más allá de episodios particulares, los largos tiempos de traslado forman parte de un problema cotidiano y estructural en la Zona Metropolitana del Valle de México.
En una entrevista previa con PRENSA IBERO, el Dr. César Velázquez, profesor de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, realizó un ejercicio para dimensionar económicamente ese tiempo: si cada uno de los viajes que se realizan diariamente en la metrópoli pudiera reducirse apenas un minuto, el valor del tiempo recuperado rondaría los 4,500 millones de pesos anuales.
El cálculo del especialista parte de aproximadamente 34.5 millones de viajes diarios en la Zona Metropolitana del Valle de México, de acuerdo con la Encuesta Origen-Destino.
Reducir solamente un minuto por trayecto implicaría recuperar en conjunto 34.5 millones de minutos al día, equivalentes a 575 mil horas.
Para dimensionar económicamente ese tiempo, Velázquez tomó como referencia el PIB per cápita de la Ciudad de México y del Estado de México y alrededor de 200 días laborales al año.
“Es un cálculo sencillo que puede sofisticarse, pero nos da una idea del enorme valor económico que tiene un solo minuto en la movilidad cotidiana de la ciudad”, explicó el académico en aquella entrevista con PRENSA IBERO.
El dato adquiere especial relevancia cuando una afectación vial no representa uno, sino 30, 60 o incluso más minutos adicionales de traslado para miles de personas.
Sin embargo, Velázquez advirtió que el costo del tráfico no puede reducirse únicamente a pesos y centavos.
“El tiempo es el recurso más escaso que tenemos los seres humanos. El día tiene 24 horas y el año 365 días, y eso no cambia para nadie, sin importar su nivel de ingresos”.
Ese tiempo, apuntó, puede utilizarse para trabajar, pero también para descansar, convivir con la familia, estudiar o realizar actividades personales. Cuando se pierde sistemáticamente en los traslados, el impacto termina alcanzando también la calidad de vida.
En aquella conversación, el economista de la IBERO explicó que un viaje promedio en la zona metropolitana puede durar entre 40 y 45 minutos, pero el panorama puede ser muy distinto para quienes viven en las periferias.
Algunas personas pueden invertir alrededor de 80 minutos en un solo trayecto.
Eso significa que trasladarse al trabajo y regresar a casa puede consumir unos 160 minutos al día: más de dos horas y media únicamente en transporte.
Así, cualquier incidente que incremente todavía más esos tiempos —desde una manifestación o un accidente hasta un bache, una obra vial o un cuello de botella— se suma a una carga de movilidad que ya es elevada.
Desde la perspectiva económica, explicó Velázquez, el tráfico constituye una externalidad negativa: cada vehículo adicional que entra en una vialidad congestionada puede hacer más lento el desplazamiento del resto de las personas.
“Cuando utilizo mi coche no solo estoy tomando una decisión individual: también estoy generando costos para todos los habitantes de la ciudad”.
El problema, sin embargo, no puede atribuirse exclusivamente a quienes deciden utilizar automóvil.
El especialista señaló que muchas personas recurren a éste porque, para determinados trayectos, el transporte público todavía puede representar recorridos más largos, por lo que cualquier estrategia de movilidad necesita contemplar el funcionamiento completo de la red.
Aunque las jornadas de bloqueos y cierres suelen hacer especialmente visible el problema, el académico de la IBERO llamó la atención sobre obstáculos aparentemente menores que se repiten todos los días.
Un bache que permanece sin reparar, un tope mal colocado o una intervención vial deficientemente planeada puede añadir segundos o minutos al recorrido de miles de automovilistas y usuarios del transporte.
Multiplicados por millones de viajes, esos pequeños retrasos también adquieren dimensiones económicas relevantes.
“Son cosas a las que ya estamos acostumbrados, pero no nos damos cuenta del costo económico que implica un tope mal puesto o un bache que no se tapa durante semanas”, señaló.
Para Velázquez, las decisiones sobre movilidad deberían evaluarse como una red completa y apoyarse en análisis costo-beneficio capaces de determinar cuánto tiempo ahorran —o añaden— las intervenciones urbanas.
“Toda obra pública debería tener un análisis costo-beneficio claro y transparente. La movilidad no se puede pensar solo desde una calle o una colonia, sino desde el funcionamiento completo de la red urbana”, afirmó en su entrevista con PRENSA IBERO.
En una metrópoli acostumbrada a medir las distancias no solamente en kilómetros sino en horas, el ejercicio permite dimensionar algo que suele darse por sentado: unos cuantos minutos adicionales pueden parecer insignificantes para una persona, pero cuando se multiplican por millones de viajes se convierten en años de tiempo colectivo.
Como resumió el académico:
“Un minuto parece poco, pero en una ciudad donde se realizan decenas de millones de viajes diarios, ese minuto vale años de vida acumulada para la sociedad”.
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