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PRENSA IBERO
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• Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate, recordamos enseñanzas de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias: acompañar oportunamente a las personas afectadas también favorece la toma de decisiones en medio de la crisis
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

La respuesta ante un terremoto no termina con el rescate de sobrevivientes, la atención médica o la entrega de alimentos y refugio. En las primeras horas posteriores a una emergencia, también es necesario atender el impacto emocional y social que experimentan las personas afectadas, pues una intervención psicosocial oportuna puede ayudar a reducir el riesgo de que desarrollen traumas y trastornos psicológicos.
Esta dimensión adquiere especial relevancia tras el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el oeste de Colombia el lunes 10 de agosto. De acuerdo con información difundida por medios de comunicación, el movimiento dejó al menos 200 personas fallecidas.
Mientras los equipos de emergencia continúan buscando personas entre los escombros y miles de familias intentan localizar a sus seres queridos, la población enfrenta miedo, incertidumbre, pérdidas humanas y materiales, desplazamientos y la posibilidad de nuevas réplicas. Todo ello puede sobrepasar temporalmente sus capacidades para afrontar la situación.
Es oportunidad para recordar que la Dra. Graciela Polanco, académica del Departamento de Psicología y coordinadora de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la Universidad Iberoamericana, ha advertido que las primeras 72 horas posteriores a un desastre constituyen un periodo fundamental para ofrecer acompañamiento psicológico y social.
Una intervención temprana no elimina el dolor ni sustituye la atención clínica que algunas personas podrían requerir posteriormente, pero sí puede proporcionar herramientas para recuperar cierto control, organizar las necesidades inmediatas y tomar decisiones con mayor claridad en un escenario de crisis.
Después de un terremoto, las personas sobrevivientes pueden presentar confusión, ansiedad, miedo intenso, desorientación o dificultades para procesar lo ocurrido. A ello se suma la necesidad de resolver asuntos urgentes: localizar familiares, cuidar a niñas, niños, personas mayores o con discapacidad, recuperar documentos, encontrar alojamiento y seguir las indicaciones de las autoridades.
“Se ha comprobado que brindarle atención psicológica a una persona afectada por una emergencia, como podría ser un sismo, lo mismo que un huracán, va a permitir que el individuo tenga más herramientas para poder ser más asertivo en la toma de decisiones”, explicó anteriormente la especialista IBERO.
La intervención psicosocial de primer contacto busca escuchar sin presionar, identificar las necesidades prioritarias, brindar información confiable, fortalecer las redes familiares y comunitarias y vincular a las personas con servicios especializados cuando sea necesario. Por ello, debe integrarse desde el comienzo a la coordinación entre autoridades, cuerpos de rescate, servicios sanitarios, albergues y organizaciones humanitarias.
No se trata únicamente de “tranquilizar” a quienes atravesaron la emergencia. La preparación profesional permite reconocer diferentes niveles de afectación, evitar intervenciones que puedan revictimizar y atender las particularidades de cada comunidad desde perspectivas éticas, humanistas, de género e interculturales, dimensiones que forman parte de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la IBERO.
Cuando el impacto emocional no es identificado ni atendido adecuadamente, algunas personas pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático, ansiedad, depresión, alteraciones del sueño o de la alimentación, señaló la Dra. Polanco. Estas afectaciones pueden aparecer o prolongarse incluso después de que concluyan las labores de rescate y comience la reconstrucción material.
La incertidumbre que viven las familias con integrantes desaparecidos puede resultar especialmente compleja. La ausencia de información impide confirmar una pérdida o recuperar la sensación de seguridad, mientras las personas permanecen pendientes de hospitales, refugios, listados y zonas de búsqueda.
Por ello, el acompañamiento debe continuar más allá de los primeros tres días. Las 72 horas representan una ventana decisiva para brindar los primeros auxilios psicológicos, detectar factores de riesgo y activar redes de apoyo; sin embargo, la recuperación emocional y comunitaria puede requerir seguimiento durante semanas, meses o incluso años.
La dimensión psicosocial también abarca a rescatistas, personal médico, brigadistas, voluntariado y periodistas expuestos reiteradamente a escenas de destrucción y sufrimiento. Quienes participan en la atención de una emergencia pueden experimentar agotamiento, ansiedad, culpa o estrés traumático secundario, por lo que necesitan protocolos de cuidado y acompañamiento.
La tragedia en Colombia vuelve a mostrar que la gestión de desastres necesita equipos interdisciplinarios. Junto con especialistas en protección civil, salud, ingeniería y logística, se requieren profesionales capaces de diseñar intervenciones psicosociales de primer contacto a nivel individual, grupal y comunitario.
Esa preparación no comienza cuando ocurre un terremoto. También incluye prevención, simulacros, identificación de riesgos, construcción de redes de apoyo y generación de información accesible. De acuerdo con la académica IBERO, una cultura de prevención sólida contribuye a disminuir el estrés y la ansiedad durante una emergencia, pues permite saber cómo actuar y recuperar con mayor rapidez la capacidad de respuesta.
La Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la IBERO forma profesionales para prevenir y atender los impactos emocionales y sociales de emergencias humanitarias, sanitarias, provocadas por fenómenos naturales o derivadas de actividades humanas.
Frente a desastres como el ocurrido en Colombia, reconstruir viviendas, escuelas y hospitales es indispensable. Pero una recuperación integral también exige acompañar a las personas en el duelo, ayudarlas a restablecer sus vínculos y atender las heridas emocionales que no siempre resultan visibles entre los escombros.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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