PRENSA IBERO
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27 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

El ruido ambiental se ha convertido en una crisis de salud pública global que avanza sin la misma visibilidad que otras formas de contaminación. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición prolongada al ruido no solo deteriora la audición, sino que provoca estrés, trastornos del sueño y enfermedades cardiovasculares. Hoy, este fenómeno es reconocido como la segunda causa de enfermedad de origen ambiental, solo por debajo de la contaminación del aire.
Cada año, el último miércoles de abril, el mundo conmemora el Día Internacional de la Concienciación del Ruido; bajo este contexto, la Universidad Iberoamericana retoma un análisis presentado en 2024 a través de su plataforma IBERO Propone, que da forma a una propuesta de política pública para enfrentar la contaminación acústica en México, desarrollada por la Dra. Jimena de Gortari Ludlow, Coordinadora de la Licenciatura en Arquitectura.
Aunque el ruido ha acompañado a las ciudades desde su crecimiento industrial, su impacto en la salud ha sido históricamente subestimado. Durante décadas se le consideró solo una molestia; sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que se trata de un contaminante con efectos acumulativos y graves.
Hoy se sabe que el ruido altera las condiciones normales del entorno cuando rebasa ciertos niveles —por ejemplo, más de 65 decibeles durante el día— y que su exposición constante puede detonar enfermedades físicas y mentales. Además, organismos internacionales advierten que el ruido genera respuestas fisiológicas de estrés que elevan la presión arterial y aumentan el riesgo de padecimientos cardiovasculares.
En México, instituciones de salud han señalado que la exposición prolongada al ruido puede provocar desde pérdida auditiva hasta alteraciones psicológicas como irritabilidad, ansiedad o bajo rendimiento cognitivo.
La propuesta impulsada desde IBERO Propone se construye a partir de este cuerpo de evidencia científica y del análisis del entorno urbano contemporáneo. El documento plantea que el ruido debe ser entendido no sólo como un problema ambiental, sino como un factor determinante en la salud integral de las personas.
El trabajo de la Dra. de Gortari Ludlow recoge investigaciones que demuestran que los efectos del ruido son acumulativos, irreversibles en algunos casos, y están directamente vinculados con la calidad de vida en las ciudades. A partir de este diagnóstico, la propuesta plantea la necesidad de políticas públicas que reconozcan la contaminación acústica como un eje prioritario.
¿Qué señala la propuesta? Entre sus principales planteamientos destacan:
Reconocer el ruido como problema de salud pública, no solo como molestia urbana.
Actualizar y fortalecer la normatividad existente, con límites claros y mecanismos de vigilancia efectivos.
Incorporar criterios acústicos en la planeación urbana, desde el diseño de infraestructura hasta el ordenamiento territorial.
Impulsar sistemas de monitoreo del ruido que permitan generar datos para la toma de decisiones.
Promover campañas de concientización ciudadana, que fomenten hábitos responsables en el uso del sonido en espacios públicos y privados.
Estas acciones buscan transitar de una política reactiva a una preventiva, capaz de reducir la exposición al ruido antes de que sus efectos se traduzcan en enfermedad.
La urgencia de atender este problema también se refleja en iniciativas internacionales como el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, fecha que busca sensibilizar a gobiernos y ciudadanía sobre los riesgos del ruido y la importancia de generar entornos sonoros saludables.
Organismos internacionales advierten que millones de personas viven expuestas a niveles de ruido perjudiciales, lo que ha derivado incluso en miles de muertes prematuras anuales en distintas regiones del mundo.
A diferencia de otras formas de contaminación, el ruido no deja huellas visibles. Sin embargo, sus efectos son profundos y persistentes. La propuesta de la IBERO pone sobre la mesa una idea clave: el silencio también es un derecho y una condición para la salud.
Por: Jorge Luis Cortés
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